El Gobierno de coalición que encabeza Pedro Sánchez tiene ya un horizonte más amplio y se prepara para agotar una legislatura que ayer cumplía su primer año pero que solo ahora parece entrar en una fase de cierta estabilidad. Los Presupuestos Generales del Estado para 2021 salieron del Congreso con un amplio respaldo —188 votos que desbordan con holgura la mayoría absoluta— camino de Senado, de donde retornarán a la Cámara Baja para completar una tramitación que concluirá con el año. El proyecto presupuestario es el más expansivo de la historia tras incorporar 27.436 millones de euros provenientes de las transferencias del Fondo Europeo de Reconstrucción.

Hubo un momento, a mediados de mayo, en que el Gobierno caminaba por la cuerda floja, como era evidente por su dificultad para sacar adelante las prórrogas del estado de alarma. Los aliados tradicionales se desentendían de sus iniciativas. El fantasma de unas elecciones anticipadas planeaba sobre el Congreso. Seis meses después, el panorama ha cambiado por completo. Ahora los apoyos del Ejecutivo se multiplican hasta llegar a una cifra insospechada cuando la coalición echó a andar: 188 síes.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tienen la legislatura encarrilada. Los colaboradores del presidente llevan meses argumentando que el fin del bipartidismo acabó con los Presupuestos anuales. En esta nueva época, las cuentas se diseñan para varios ejercicios, explican. Al fin y al cabo, España lleva desde 2018 con los Presupuestos del PP prorrogados. Así que Sánchez ya cuenta con los mimbres para llevar su mandato hasta 2023, cuando tocan nuevas elecciones generales.

La alianza para las cuentas del año que viene es muy amplia. Engloba a 11 formaciones: PSOE, Podemos, ERC, PNV, EH Bildu, PDECat, Más País, Compromís, Teruel Existe, Nueva Canarias y PRC, siglas que van desde la socialdemocracia clásica a todo el espectro situado a su izquierda, pasando por la mayoría del nacionalismo e independentismo y las formaciones puramente minoritarias. Si alguien puede presumir de esta suma es Iglesias. Frente a las tentaciones de Sánchez de pactar con Ciudadanos, el líder de Podemos apostó desde el principio por una amalgama de este tipo, algo que ahora se encarga de repetir sin pausa, acostumbrado como está a presumir de sus méritos.

Aun así, Iglesias no esperaba alcanzar una cifra tan alta como los 188 votos de ayer. Aquí también hubo un invitado inesperado: el PDECat, que tras separarse de JxCat recorre una senda pragmática, en la estela de la antigua CiU. Desde ERC, Gabriel Rufián señaló que empezaba “una nueva era”, porque “el independentismo de izquierdas ha entrado”.

Los socialistas no acaban de sentirse cómodos con estos apoyos. Sobre todo con Bildu, una formación heredera de Batasuna pero en la que también conviven otras sensibilidades, cuyo concurso genera malestar en barones del PSOE. En la Moncloa argumentan que la polémica es “artificial”, porque había que buscar “cuantos más apoyos mejor”. En el fondo, el partido apenas tiene peso en las decisiones del Gobierno. Desde que ganó las primarias a Susana Díaz, y aún más a raíz de su llegada al Ejecutivo, Sánchez no tiene ningún contrapoder interno. Sus colaboradores otorgan escasa importancia al protagonismo que se arroga Iglesias estos días. Subrayan que una iniciativa tan importante como los Presupuestos siempre la acaba capitalizando el presidente, al que las encuestas colocan en un clarísimo primer lugar, y añaden que en el futuro, para iniciativas concretas, como el nuevo régimen de los autónomos, volverán a buscar a Ciudadanos

De momento, quedan atrás los tiempos en los que los liberales pactaban las prórrogas del estado de alarma y Sánchez elogiaba su responsabilidad. Ahora Ciudadanos apela al electorado tradicional del PSOE crítico con el entendimiento con Bildu y ERC.

La derecha y la extrema derecha, mientras, ayer se pelearon de nuevo entre sí. Otro punto a favor del Gobierno, pese a que el miedo de Pablo Casado a Santiago Abascal dificulta el pacto con el PP para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Macarena Olona, de Vox, llegó a acusar a los conservadores de “blanquear a ETA” y ser “cómplices” del “cambio de régimen”, al votar en contra de la moción de censura del partido ultra.

La coalición del PSOE y Podemos empieza una nueva vida. “Abrimos una nueva etapa”, dijo la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. “Hay Gobierno para muchos años”, ratificó la portavoz socialista, Adriana Lastra.

Sofía Castañón (UP): una defensa republicana de los 8,5 millones de los fondos para el Rey

El debate de los Presupuestos Generales del Estado es un trámite parlamentario largo, extraño y, a veces, también lleno de contradicciones. Durante el último día de los cuatro dedicados a las cuentas del año que viene, ayer en el Congreso hubo grupos orgullosamente republicanos, como Podemos, que defendió las partidas destinadas a la Casa Real. Otros apasionadamente monárquicos, como Ciudadanos, votaron en contra. Por esta vía presupuestaria se coló el debate sobre el futuro de la monarquía. Desde Podemos, la diputada Sofía Fernández Castañón justificó con la boca pequeña, casi disculpándose, el voto a favor de los fondos para la Jefatura del Estado, que recibirá el año que viene 8,5 millones de euros, 544.000 más que en las cuentas del 2018. “Somos una fuerza republicana. Tenemos la certeza de que se avanza hacia una república feminista y justa. Pero este grupo es consciente de su lugar en el Gobierno. Seguiremos construyendo ese horizonte republicano”, sentenció Castañón. ERC, en contra de sus posiciones, decidió retirar una enmienda favorable a suprimir los fondos para el Rey. De haber prosperado esa iniciativa, algo para lo que necesitaba el improbable apoyo de la derecha en un asunto tan sensible, habría que volver a empezar la tramitación presupuestaria. A falta de una votación global sobre los Presupuestos, todas las secciones de las cuentas han de salir adelante porque si una cae arrastra consigo al resto del proyecto. Por eso los grupos que rechazan el Presupuesto se ven obligados a votar en contra de todos los apartados, lo que provoca contradicciones como la de Cs, favorable a la financiación del Rey, pero que votó en contra para que conste su oposición a las cuentas.