El Gobierno está a la espera de Alberto Núñez Feijóo. De cuáles serán sus primeros gestos y sus primeras decisiones. Pero desde luego no quiere dar por bueno el marco de que el todavía presidente de la Xunta es más moderado que Pablo Casado. Entiende que su primera prueba de fuego será la investidura de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León, si permite o no armar un Ejecutivo con Vox en él. 

Es decir, el Gobierno quiere que Feijóo se moje antes de pronunciarse sobre él. Así lo manifestaba este martes Pedro Sánchez en una conversación informal con periodistas este martes durante el vuelo hacia Letonia, hacia su capital, Riga, y hacia la base de la OTAN en Adazi, que visita acompañado del primer ministro del país, Arturs Krisjanis Karins; del ‘premier’ de Canadá, Justin Trudeau, y del secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg.

Feijóo ha dicho que no va a insultar. Se agradece. Pero el tiempo de la ambigüedad se acaba y el de la concreción llega”, sentenció el presidente cuando fue preguntado por las perspectivas de entendimiento con el que será el próximo líder del PP. “Si podemos llegar a acuerdos, perfecto. Es por lo que hemos abogado, como la renovación del Consejo General del Poder Judicial”. Respecto a si ahora será o no posible proceder al relevo en el órgano de gobierno de los jueces, respondió que no sabe aún si es “viable o no”. Sí entiende que es “necesario, imperativo” hacerlo. 

Para el jefe del Ejecutivo, Feijóo tiene poco tiempo para demostrar hacia qué lugar quiere conducir al PP. El primer examen se dará este jueves, 10 de marzo, cuando las Cortes de Castilla y León voten la nueva Mesa. Pero luego llegará el momento de la investidura de Mañueco como presidente regional, y se verá, dijo, si el PP da un paso “inédito y grave”, que por primera vez en España se constituya un Gobierno regional compartido por la ultraderecha. 

No vale el argumento de la “descentralización”

Sánchez reconoció que Feijóo se podrá escudar en que no está al mando del PP para cuando se constituya la Mesa del Parlamento autonómico, pero la investidura de Mañueco “sí le afecta” ya y tendrá que “marcar, fijar una posición”. Tendrá que decidir si el PP se atreve a gobernar con Vox. 

Espero que recapaciten y reconsideren la oferta del PSOE de tender un cordón democrático a la ultraderecha”, aseguró, refiriéndose al planteamiento que expresó hace semanas en el Congreso y en el Senado: los socialistas están dispuestos a facilitar con su abstención la reelección de Mañueco siempre que el PP rompa sus acuerdos “para siempre” y en toda España con la formación de Santiago Abascal. Algo que los populares no piensan hacer. 

Se tendrá que posicionar Feijóo, más allá de sus argumentos de que quiere un PP descentralizado”, insistió el presidente. Esa apreciación no era un comentario gratuito: el jefe de la Xunta ha prometido un PP que respete más a sus organizaciones autonómicas, que dejará hacer a sus barones. Pero el presidente considera que una cuestión tan trascendental como la relación futura con Vox no es baladí: está en el corazón del proyecto de los conservadores. 

No ha llamado aún a Feijóo, pero lo hará 

Sánchez contó que aún no ha hablado con Feijóo por puro “formalismo”, porque aún no es el líder del PP, pero sí lo llamará cuando asuma el cargo. De momento, su interlocutor sigue siendo Casado, con el que no obstante no ha charlado “en estas últimas horas”. 

En varias ocasiones los periodistas le preguntaron si Feijóo era un rival más duro para él por su perfil templado, si es una mayor “amenaza” que Casado. Eso es lo que creen varios dirigentes socialistas. Sánchez, sin embargo, insistió en todo momento en que lo importante es la posición que fije Feijóo en dos temas nucleares que sigue teniendo encima de la mesa el PP. Uno, la citada relación con Vox.

Y dos, el “compromiso” con la regeneración y la lucha contra la supuesta corrupción que anida en su partido, sobre todo a raíz de que Casado acusara a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, de presunto tráfico de influencias por un contrato de mascarillas en la primera ola de la pandemia del que se acabó beneficiando su hermano y que está siendo investigado por la Fiscalía. En ambas materias, sobre los acuerdos con Abascal y la regeneración democrática, no es él quien puede “responder”, se defendió Sánchez. A partir de ahí, “si hay espacio para el entendimiento y se deja el insulto, es bueno para el sistema político español”. El presidente reiteró que el PSOE ofrece su “alternativa”, y es que el PP “no pacte con la ultraderecha”.