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La Opinión de A Coruña

El COVID también mata a bordo del cayuco

Un joven maliense con coronavirus muere por deshidratación e ingesta de agua salada mientras intentaba llegar a Canarias

Un grupo de migrantes tras desembarcar de un cayuco, ayer, en Lanzarote. | // ADRIEL PERDOMO/EFE

Yahaha, un joven maliense de 20 años, tenía sueños de prosperar en Europa y algo de miedo al océano cuando se embarcó a finales de la semana pasada en un cayuco en Mauritania rumbo a Canarias. Lo que no sabía es que también tenía COVID y eso, probablemente, le costó la vida. Cuando el martes pasado, la Salvamar Macondo desembarcó en el puerto de Arguineguín (Gran Canaria) a los 61 hombres que venían a bordo de un cayuco localizado muy cerca de la costa de la isla (a unos ocho o nueve kilómetros), sus tripulantes pensaron que habían completado el servicio sin sobresaltos, porque todos parecían estar bien, salvo por algunos síntomas de mareo y deshidratación leve.

Sin embargo, fue entonces cuando algunos de los rescatados alertaron de que faltaba un compañero, lo que llevó a revisar de nuevo la embarcación, ya amarrada en el muelle. Allí, bajo las ropas mojadas abandonadas al final de la travesía y entre los desperdicios de todo tipo que se acumulan en el fondo de un cayuco a lo largo de varios días en el mar, estaba el cuerpo del joven Yahaha.

Algunos de sus compatriotas a bordo del barco —todos los ocupantes del cayuco aseguran que son de Mali— han contado que murió al segundo día de navegación, de los cuatro que estuvieron en total en el mar. Y también que, casi desde el mismo momento en que dejaron atrás la costa de África, estuvo vomitando sin parar.

Es lo que han relatado fuentes de los servicios de emergencia que participaron en la asistencia a esa embarcación, la primera que llegaba a Gran Canaria después de dos semanas de relativa calma en la conocida como Ruta Canaria.

Su autopsia se acaba de completar en el Instituto de Medicina Legal de Las Palmas de Gran Canaria. El dictamen médico es este: “Deshidratación en contexto de COVID e ingesta de agua salada”.

Fuentes forenses consultadas señalan que, probablemente, a Yahaha le sorprendió uno de los síntomas del COVID más frecuentes en el peor momento, en mitad del océano: se puso a vomitar cuando el mareo de las olas hacía que ya difícilmente pudiera parar, perdió líquidos y la sed lo empujó hacia la solución desesperada de beber agua de mar. Fue peor, lo agravó todo.

Al haber desembarcado en Arguineguín, le corresponde al Ayuntamiento de Mogán darle sepultura, en un funeral de beneficencia. Este Ayuntamiento, al que llegan la mayor parte de las víctimas de la Ruta Canaria cuando existe un cuerpo al que enterrar, hace tiempo que advierte de que no le queda sitio en el cementerio.

De hecho, suele pedir ayuda a otros municipios de la isla, para que las acojan en sus camposantos. Aún no se sabe dónde le darán sepultura, pero a Yahaha no lo enterrarán como una víctima anónima más. Sus compañeros han cuidado de que se sepa quién fue y de que su memoria, como la de tantos otros, no se pierda.

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