La Opinión a Coruña

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Mago mundial del ADN

Texto: Santiago Romero
Imágenes: Tucho Valdés
El genetista Ángel Carracedo, en su laboratorio.

Mi cita con el doctor Ángel Carracedo es en el hospital Clínico de Santiago. Tardo en encontrar el laboratorio genético que imagino impresionante y resulta ser un modesto espacio al que se entra sorteando los coches de un garaje como si de un simple almacén se tratara. Nadie diría que esta es una de las dependencias del segundo laboratorio genético más importante del mundo -tras el Foreign Science Service británico que precisamente investiga el célebre caso Madeleine y por delante de EEUU pese al FBI- y que por la misma humilde entrada por la que yo accedo han llegado los genetistas más prestigiosos del planeta para consultar o colaborar en los más importantes casos de investigación criminal o de universales desastres como el 11-S, el 11-M o el tsunami que devastó Asia. 
Tampoco impone la figura de Carracedo -actual vicepresidente de la Sociedad Internacional de Genética Forense, que presidió entre 1999 y 2003- una eminencia científica internacional surgida de la Galicia profunda que al hablar de los inimaginables retos de la genética se deja llevar por el entusiasmo de un joven becario principiante. 
Ángel Carracedo fue el pionero hace unos quince años en España en la aplicación de la genética a la investigación criminal en aquel truculento caso del asesinato de las niñas de Alcàsser, cuya oscuridad ha vuelto a situarse bajo los focos de los medios de comunicación como consecuencia del fabuloso tirón mediático del caso Madeleine, la niña desaparecida en el Algarve, cuyo posible muerte ocultada por sus propios padres trae de cabeza en los últimos meses a los principales investigadores genéticos. 
Los ríos de tinta vertidos sobre el caso Madeleine han popularizado de una manera impredecible todo lo relacionado con las posibilidades casi mágicas del ADN, pero también han colaborado en divulgar algunas "barbaridades" sobre las que el doctor Carracedo alerta.
"Hay cosas graves que aparecen ahora claramente reflejadas en el caso de Madeleine, y es que como se están produciendo resultados tan espectaculares, a veces se crean falsas expectativas. Esto siempre es un mal negocio a largo plazo porque crea inseguridad. Por eso estoy contentísimo de no estar implicado en esta ocasión en un caso tan mediático como el de Madeleine y que lo lleve el Foreign Science Service, porque si los resultados no consiguen las enormes expectativas, que es lo más normal en muchísimos casos, se tiende a pensar que el laboratorio se equivoca, por bien que lo haga. Lo que nunca se puede decir en ciencia, tampoco en los perfiles de ADN, es que algo es seguro al 100%. Lo único que puedo decir del caso Madeleine es que oí muchos disparates. Por ejemplo, que por el ADN se podía decir si una persona estaba viva o muerta. Evidentemente, no; no tenemos manera de saber si una persona está viva o muerta. Tampoco por el ADN podemos saber cuánto tiempo llevaba una muestra en un sitio determinado, ni si esa persona fue dopada o consumió drogas. Eso no se puede hacer a través del ADN. Sí seguramente que se pueden hacer algún tipo de pruebas analíticas para algún tipo de fármacos, a través de la investigación analítica de los pelos, pero no a través del ADN. Es muy arriesgado elucubrar sobre estas cosas. Entiendo que apareció una mancha de algún fluido biológico, aunque no sabemos nada de la naturaleza de esa mancha. También parece que aparecieron pelos o cabellos. Me da la impresión de que la evidencia que se encontró no es demasiado contundente. Si se basa en los pelos, en muchos casos la evidencia que se tiene por el ADN no suele ser decisiva. El perfil puede ser bastante común en una población. Si es una muestra de fluido biológico normalmente sí se puede sacar ADN y el resultado debería ser mucho más revelador. Podría ser que estuviera muy degradado, pero eso no encaja con el caso, por eso me extraña. Algo no me concuerda, que los medios de comunicación digan que fue encontrada una mancha biológica y que el grado de evidencia no sea muy elevado. Estoy encantado de que este caso no viniera a nuestro laboratorio, ya me llegó con la presión mediática de otros".


El doctor Carracedo trabaja con sus colaboradores en el laboratorio.

Carracedo difícilmente olvidará el día que tuvo que declarar como experto genetista en un estrado judicial ante 700 micrófonos de distintos medios de comunicación. Era el caso de la violación y brutal asesinato de las niñas de Alcàsser, que conmovió a una España que ahora, por contagio del caso Madeleine, vuelve sus ojos a aquel criminal episodio nunca aclarado del todo. Y se pregunta si con la tecnología actual se podría resolver.
"Es posible que en aquel momento también se hubiera podido conseguir mucho más 
-admite el genetista-. El problema es que el crimen de Alcàsser fue jurídicamente un caso un poco desgraciado. Había ya tecnologías puntas que se podían haber aplicado, pero el juez que llevaba la instrucción lo ignoraba y lo que pasó es que cuando se dieron cuenta de que con los pelos se podía conseguir el ADN, lo que entonces no era normal, porque éramos prácticamente dos grupos en el mundo quienes lo hacíamos, uno de ellos el nuestro, ya estaba en una fase judicial que no permitía hacer una investigación anterior. Tuvieron que hacer una virguería jurídica para conseguir encajar parcialmente una prueba. Se pudieron realizar una serie de pruebas, pero no con los pelos de las víctimas, no se pudieron comparar con las muestras de la víctimas, lo que entonces hubiera proporcionado muchísima información. Este fue el problema de Alcàsser. Aunque es cierto que la genética forense desde entonces hasta hoy evolucionó de una forma espectacular. Cosas como las que desarrollamos durante la investigación del 11-M, de poder decir a partir de una mochila que simplemente que alguien toca, no ya quién es, si aparece un sospechoso, sino de dónde es, o de qué color tiene el pelo. Hace solo dos años de esto, y estas posibilidades entonces ni imaginadas, se emplean ya para la investigación criminal en la resolución judicial de muchos casos".
Precisamente las irregularidades del caso Madeleine, con sus idas y venidas acerca de los sospechosos y las interminables filtraciones sobre supuestas pruebas genéticas encontradas que no acaban de tener una confirmación oficial, han despertado un debate sobre la capacidad judicial para interpretar las evidencias proporcionadas por la última tecnología. 
"Es el gran problema, sin duda -reconoce Carracedo-. La primera pregunta es: ¿calculan bien los peritos la probabilidad o el valor de la evidencia? Afortunadamente, lo que puedo decir yo es que cada vez mejor. La segunda pregunta es: ¿cómo está esto cuando se traslada a los jueces para que puedan interpretar o incorporar esas evidencias? Aún bastante mal. Depende mucho del juez, pero normalmente es el punto donde tenemos que trabajar aún más. No es algo sencillo, tiene que ir poco a poco. ¿Cómo harán los jueces portugueses en el caso Madeleine? Bueno -bromea Carracedo, que promovió el Grupo Español y Portugués de Genética Forense-, si alguno de los jueces que están valorando el caso coincidió con algún curso que diera yo en Portugal, pues igual un poco mejor, pero no lo sé." No sólo los jueces avanzan más lentos que la genética forense. También otras herramientas legales imprescindibles para la investigación como la Ley de Bases de Datos de ADN, que España acaba de aprobar. "Era uno de los pocos países en Europa que no la tenía y los pocos datos que pudieran existir, eran ilegales. Pero en ese campo aún estamos muy por detrás de lo que hay en Europa o en Estados Unidos, donde el FBI y todas las policías tienen un sistema común: el Codex. De todas maneras, la genética forense es uno de los pocos campos científicos en los que Europa va por delante de los americanos. El FBI probablemente no esté entre los tres primeros del mundo. Estamos los ingleses del Foreign Science Service, nosotros, los alemanes y ahora vienen con mucha fuerza los austriacos".
Es evidente que el talento del doctor Carracedo está en la base de este milagro, aunque este científico de primer orden internacional que gusta de explicarse en un gallego paisano de Santa Comba insista en que se trata de un proceso de retroalimentación que ha conseguido encajar a la perfección una pequeña ONU científica en Galicia."Pienso que hemos acertado con la gente, en primer lugar. Luego, una vez que tienes una buena proyección internacional y estás entre los primeros del mundo, todo es más fácil. En nuestro grupo habrá unas 25 personas, pero más de 10 nacionalidades. Todos los científicos del mundo que quieren desarrollar alguna técnica novedosa vienen aquí. Y aportan tanto como vienen a aprender, el sistema se retroalimenta. Es el caso del sistema de ciencia americana, que se se nutre básicamente de tesis doctorales europeas, y muchísimos españoles van allí. Esto, reproducido a pequeña escala, es lo que pasa en nuestro grupo. Toda la gente que está en la mejor etapa de producir de los mejores centros del mundo vienen aquí. Los investigadores del Reino Unido quieren hacer sus tesis con nosotros. Este es el éxito fundamental, que permite mantener una producción de investigación que hace que se puedan resolver buena parte de los casos complicados que nos llegan".

Recreación gráfica de una cadena de ADN.

Las investigaciones genéticas encargadas al equipo gallego suelen llegar con el inconveniente de la presión mediática, el peor enemigo del científico. 
"No te sientes libre declarando ante una nube de fotógrafos como si fueses una estrella. Recuerdo un caso que no tenía una gran repercusión internacional, pero sí local, una especie de caso Madeleine escandinavo...vivía en Santiago perseguido por periodistas noruegos, era espantoso". Esa es la razón por la que Carracedo aconseja a sus colaboradores que no se impliquen emocionalmente en los casos que investiguen. Que procuren no seguirlos, más allá de su mera faceta científica. Y también explica algo que parece increíble: que no recuerde los detalles del caso Alcàsser. "Esto me aterroriza en aquellos casos en los que tienes una evidencia limitada. Te preocupa que se sobrevalore la evidencia. Y aunque es el juez quien decide, no el experto, no puedes evitar una sensación inquietante. Vivir al margen del caso es la mejor manera de no sentirte influenciado. Debes comprender que no eres el juez, que sólo debes investigar aquello que te piden -porque podrías tener la tentación de investigar por tu cuenta- y de que no te importe el caso fuera de lo científico. Poder saber por un mínimo vestigio, en el caso del 11-M, si los restos son de población norteafricana o española, genéticamente muy próximas, es un logro científico de enorme importancia, aunque a mucha gente le importe poco, al estar tan mediatizado, y se lleve por otros derroteros. Lo fundamental para nosotros no es la resolución del caso, sino poder hacer algo que científicamente nunca se ha hecho".
Carracedo tiene claro sin embargo que son las tecnologías desarrolladas durante la investigación los grandes casos de gran repercusión las que ayudarán más adelante a los anónimos. Un halo de satisfacción le rodea cuando cuenta cómo esas técnicas consiguieron descifrar la identidad de los restos un marinero gallego ahogado quince años atrás al que habían incinerado en otro rincón del mundo. Esta vez no estaban los focos de los grandes medios internacionales, pero sí el eterno agradecimiento de una modesta familia a la que descendió el derecho del milagro científico. 
Resulta difícil de creer, pero lo cierto es que el genetista forense Ángel Carracedo no vio capítulo alguno de CSI. "Nunca". No ocurre lo mismo con sus discípulos.
"Me hace mucha gracia que entre los casos mediáticos, la popularidad de la serie CSI y todas estas cosas, lo que sí es cierto es que cuando tengo estudiantes nuevos y les preguntas qué quieren hacer, genética clínica 
-donde hay muchas más posibilidades y verdaderos desafíos de futuro- o forense, prácticamente ahora el 90% quiere hacer genética forense". 

La revolución que viene

"La genética llegó en la parte forense prácticamente a su tope, no podemos esperar ya hallazgos espectaculares, sino sólo mejorar las cosas. Al contrario que en la parte clínica, donde ya hubo grandes avances, pero donde estamos a las puertas de una revolución que va a ser la subclasificación de las enfermedades más comunes con herramientas genéticas", augura Ángel Carracedo. En poco tiempo ya no hablaremos de enfermedades como artritis, esquizofrenia o hipertensión: las enfermedades más comunes se van a definir, diagnosticar y tratar mucho mejor.
"En este momento ya hay una revolución del diagnóstico de las enfermedades, sean genéticas o no, podemos predecir ya en una persona sana si va a padecer cáncer de mama o de colon, los más frecuentes. Pero lo que viene es aún más espectacular. Tenemos que prepararnos, porque esto va a provocar un cambio grande no sólo para los profesionales de la genética, sino en el sistema de salud y en la sociedad. Debemos entender con responsabilidad cuáles son los beneficios, pero también las limitaciones y los problemas de aplicación de las tecnologías que vienen, para no crear falsas expectativas", advierte Carracedo.
La era Fleming está llegando a su fin. La medicina basada en los principios químicos se agota. Cada vez es más difícil y más costoso encontrar nuevos fármacos. Lo único natural que resta por explorar es el mar -"de ahí el éxito lógico de Farmamar"-, pero el verdadero desafío se encuentra en la farmacogenética.
"Lo primero que queremos conseguir en la parte clínica 
-en la Fundación Xenómica de Sanidade- es que la gente de aquí, al igual que sucede en la genética forense, pueda beneficiarse al máximo nivel del conocimiento aplicativo, que nadie del mundo lo pueda hacer mejor, y creo que lo estamos consiguiendo. No hay ningún grupo que analice más enfermedades genéticas raras y que dé más servicio, por lo menos en España. Otra cosa es la investigación, porque nuestros recursos son limitados y tenemos que centrarlos en áreas básicas como el cáncer -sobre todo el de mama y de colon, los más frecuentes- neuropsiquiatría, y finalmente la farmacogenética. Se trata de buscar fármacos para tratamientos a la carta. También está creciendo el trabajo en el área cardiovascular, en colaboración muy estrecha con el equipo del doctor Castro Beiras en el Canalejo." 
Los avances genéticos en la investigación del cáncer "son mucho más importantes de lo que la gente cree". "Uno no se da cuenta de que muchos tipos de cáncer se curan. Algunas personas viven mas años que otras con el mismo tipo de cáncer. Otras llegan a tener hasta cuatro o cinco tipos de cáncer distintos y depende el trasfondo genético que la medicina pueda matar a uno u otro".

 
La gente tiene más cáncer porque vive más y mejor. Lo que aporta la genética al cáncer es que muchos pueden ser diagnosticados como las leucemias y linfomas, que son cáncer de sangre. Son las herramientas genéticas las que nos pueden decir de qué tipo es, de modo que la gente pueda beneficiarse de un pronóstico y de un tratamiento adecuado. 
"Hay que analizar todos estos cambios, que están ya en el Sergas. Los cánceres hereditarios son una cuarta parte. Primero tenemos que saber que es hereditario para dar consejos genéticos a gente potencialmente en riesgo, con la que se pueden tomar decisiones terapéuticas. Esto es una revolución en España. Uno de los problemas del cáncer es que los tratamientos quimioterápicos son muy agresivos, matan al paciente tanto como al cáncer. Muchas veces el paciente muere a causa de un tratamiento desesperado, y aquí la farmacogenética sí que puede hacer grandes aportaciones", predice Carracedo. 
"Los nuevos productos contra el cáncer van en este momento dirigidos a un subgrupo de pacientes a los que hay que hacer un test genético antes de aplicárselos. En el caso por ejemplo del cáncer de mama, hay un 20% de la población que tiene una alteración de un gen determinado a los que les va muy bien, les puede salvar la vida. Pero sólo sirve para ese grupo. Esta es la revolución de la genética."
La efectividad de las herramientas genéticas en la lucha contra el cáncer tiene sin embargo una gran dependencia de la informática. "Es cierto. Las bases de datos y la generación de esos datos son nuestros principales problemas. Hacen falta informáticos y las herramientas tecnológicas necesarias son cada vez más caras y más complejas. En este momento, aquí estamos en una buena posición tecnológica que nos permite avanzar en la investigación. El reto es ser capaces de mantenernos en esa élite tecnológica, porque para eso hace falta inversión y que los políticos comprendan su importancia."
Carracedo es consciente de que, a pesar de que los avances clínicos tienen mayor trascendencia que los forenses, es mucho "más difícil trasladar su impacto a la opinión pública". Tiene la experiencia de la sede concedida a Galicia por el Centro Nacional de Genotipado, que "nunca tuvo la importancia mediática que debió tener". 
"Sólo hay cuatro o cinco de esa dimensión en Europa y está ayudando muchísimo a la investigación en Galicia porque una estructura de esa categoría revoluciona a todo el mundo. Pero es más complicado hacer ver esa trascendencia".

 

 

MÁS IMÁGENES

Tecnología gallega para los grandes desastres internacionales.

El laboratorio de Genética Forense dirigido por Ángel Carracedo participó en las investigaciones e identificaciones llevadas a cabo en tragedias mundiales como el 11-M, el devastador 'tsunami' de Asia o el 11-S -donde se aplicaron técnicas pioneras de identificación llamadas 'snicks' desarrolladas en Galicia-.También participó en los casos de Alcàsser, los restos de Colón o la oscura muerte del líder portugués Sá Carneiro.

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