La Opinión a Coruña

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Un larachés visionario

Texto: Salvador Rodríguez
Pioneros gallegos en los tranvías de Montevideo.

Es más que probable que la mayoría de los escasos habitantes con que cuenta en la actualidad la aldea de Santiago de Vilaño (A Laracha) desconozcan que en una de sus casas viejas nació uno de los más importantes empresarios y emprendedores de toda América Latina y, sin lugar a dudas, uno de los más significativos ejemplos de “emigrante triunfador”. Se llamaba José Añón Canedo y formaba parte aquel contingente de gallegos que a principios del siglo XX eligieron Uruguay como destino. “Eran —escribe Cristina Samuelle en Conversas con Manuel Meilán (Xerais)— os descubridores daquela pequena nación riopratense, nun tempo de grandes sacrificios”. Añón Canedo pertenecía a la generación de los Xosé María Barreiro, Antón Crestar, Constantino Sánchez Mosquera, Julio Sigüenza o Xesús Canabal, a quienes se les debe el impulso de no escasas instituciones de la galleguidad en aquel país, así como también a la de otros muchos, cientos, quizás miles, de gallegos, que acabaron por constituir una fuerza laboral y un aporte demográfico fundamentales para el desarrollo de la nación uruguaya.
Resulta paradójico —y hasta extraño— que no abunden precisamente datos biográficos de José Añón (de hecho, incluso la Gran Enciclopedia Gallega ignora su existencia). Las escasas referencias con que contamos hay que buscarlas y hallarlas en el libro del historiador Marcos Silvera Antúnez Cutcsa. Una historia de lucha y servicio. Allí leemos que este coruñés “emigró muy joven al Uruguay” y que “en nuestro país, su primera actividad comercial la realizó en un tambo (lechería) ubicado en la calle Guayabos y Minas”.
El caso es que en 1927, se le localiza como propietario de un autobús y, de paso, como afiliado al Centro de Propietarios de Ómnibus, “institución con fines gremiales —escribe Silvera Antúnez— de la cual en poco tiempo se transformó en dirigente, presidente y líder indiscutido”.
TIEMPO DE LUCHAS
En 1933, una poderosa compañía, Atlas Electric and General Trust, pretendió monopolizar el servicio de tranvías y autobuses (ómnibus) de Montevideo poniendo en marcha una operación de auténtico chantaje económico al Gobierno mediante la cual esperaba a cambio que se les vendiesen los vehículos regidos por los pequeños propietarios. Ahí fue donde se desató una furibunda lucha en la que José Añón, ya como presidente de estos pequeños propietarios, se destacó como cabeza visible: “Teniendo en cuenta el cariz que tomaba la situación —seguimos a Marcos Silvera—, el Centro de Propietarios citó a asamblea el 18 de mayo (de 1933) con el fin de adoptar una resolución general. En esa histórica asamblea, presidida por José Añón, los autobuseros juraron no vender los coches a las compañías de tranvías a ningún precio (...) Comenzó entonces un enfrentamiento entre el Estado y los autobuseros, en el que los dirigentes gremiales fueron tildados de opositores políticos y únicos causantes de las represalias gubernamentales, que se prolongó un par de años en los que el Estado intentó mediante una despiadada campaña de multas, sanciones y destratos minar la resistencia de los trabajadores”.

Unos de los primeros autobuses de CUTCSA.

Como quiera que el Gobierno uruguayo no logró su objetivo, en 1936 optó por otra vía: la de exigir, por decreto, que “en el plazo de un año” se reunieran en una sociedad con personalidad jurídica “en la que debían conglomerarse todos los intereses hasta allí dispersos”, lo que significaba “reunir a todas las individualidades y formar con ellas un ente de carácter anónimo y corporativo, que garantizara además a la población la realización de un servicio perfectamente organizado y responsable”.
Los autobuseros reaccionaron, en primera instancia, con la fundación de CONAUSA (Cooperativa Nacional de Autobuses Sociedad Anónima) que, tras la asamblea celebrada el 13 de mayo de 1937 pasó a denominarse CUTCSA (Cooperativa Uruguaya de Transportes Colectivos Sociedad Anónima) entre cuyo primer directorio, además de con José Añón como presidente, nos topamos con una serie de personas cuyos apellidos delatan su procedencia gallega: Alfredo Lois (Vicepresidente), Rogelio Sande (Secretario), José Varela (Tesorero), Venancio Pombo (Vocal)... Claro que ello tiene su explicación: la mayoría de aquellos pequeños propietarios eran españoles (mayormente gallegos), aunque también abundaban los italianos.
De manera que el 16 de agosto de 1937 comenzarían a circular por Montevideo los coches bajo la denominación de Cutcsa, caracterizados en aquellos primeros tiempos por su variedad de modelos y colores hasta que, tan sólo unos meses después, pasarían a ser identificados por su color blanco atravesado por una franja roja. Hasta el mismo día de su fallecimiento, el 11 de julio de 1975, José Añón Canedo desempeñó en sucesivas etapas la presidencia de Cutcsa. Durante su sepelio, otro de los hombres fuertes de la empresa, Luis P. Panizza, fundador y español de nacimiento aunque no gallego, pronunciaría un solemne discurso en el que resaltaba que “Le recordamos en esa lucha como dirigente y maestro, señalando el camino y dando el ejemplo, siempre con la firmeza y serenidad de quien se sabe asistido de razón y con la fortaleza necesaria para triunfar”.
La labor de José Añón, no obstante, no se ceñiría tan sólo al ámbito empresarial. También ejerció la galleguidad en su país de acogida, y prueba de ello fue su presencia como directivo de la Casa de Galicia (fundada por el ya citado Xosé María Barreiro) así como, junto a Andrés Calvo Formoso, en el Centro Republicano Español, lo cual demuestra, según la tesis que maneja Lois Pérez Leira (quien mantiene además que el coruñés era masón), que, a pesar del triunfo de Franco en la Guerra Civil, Añón permaneció siempre inquebrantablemente fiel a sus principios republicanos y galleguistas, “tal e como se demostra nas fotografías que se conservan das visitas de Castelao a Uruguay, nas que José Añón adoita a estar presente”, apunta Leira.
TERCERA GENERACIÓN
“Esta es la tercera generación —en algunos casos— que está trabajando acá de aquellos emigrantes que llegaban a estas tierras. Alguno no tenía muy claro si era a Uruguay o a Argentina donde llegaban, pero sabían que venían a Cutcsa, y que venían a Cutcsa a trabajar porque había un gallego que se llamaba José Añón y que era, de alguna manera, quien cobijaba esa seguridad, tan necesaria para un emigrante en el lugar en el mundo donde se encuentre”. Estas palabras de Juan Antonio Salgado, pronunciadas por el actual presidente de Cuctsa ante el presidente de la República Oriental de Uruguay, Tabaré Vázquez, con motivo del 70º aniversario de la Compañía, dan idea de la vinculación que esta ejemplar empresa todavía mantiene con Galicia y sus emigrantes en Uruguay. Aunque nacido en Montevideo, en 1960, Salgado es descendiente de gallegos y su biografía profesional guarda, de alguna manera, y salvando las distancias, ciertas similitudes con la del fundador.
Juan Antonio ingresó en Cutcsa en 1977 y, efectivamente, durante varios años, ejerció como conductor y cobrador de uno de los autobuses. Su ascenso meteórico desembocaría en su elección como presidente, cargo que ocupa desde el 8 de octubre de 1996, y desde el que ha impulsado una expansión y renovación de la empresa acorde con los nuevos tiempos, secundado, por supuesto, por una junta directiva en la que, nuevamente, llaman la atención los apellidos de origen gallego.
Porque los años habrán pasado, sí, mas no en balde, porque Cutcsa sigue ejerciendo seguramente como nuestra mejor embajada en ese pequeño gran país llamado Uruguay.

La noticia recogía incluso declaraciones del pintor explicando por qué había elegido esta ciudad para su cuadro sobre Galicia: "Necesito trasladar al lienzo algo de lo típico de esta tierra y Villagarcía me pareció muy a propósito para la consecución de mis deseos, y lo que ahora quiero, es un lugar tranquilo y soleado en que poder trabajar a la vista de los modelos vivientes a buscar entre la gente del campo y del mar", explicó al llegar a la ciudad.
Ya instalado, fue entrevistado por Daniel Poyán para el periódico Galicia Nueva. En dicha entrevista, publicada el 18 de julio, el pintor explicaba: "Tengo el encargo de pintar el friso de un gran salón del museo hispano erigido en Nueva York dedicado a la cultura española por la sociedad hispanófila que preside el ilustre admirador de España Mr. Huntington. Será un gran friso, con interrupciones, de setenta y pico metros de largo. En él estarán representadas las diversas costumbres y tipos de todas las regiones españolas con figuras de tamaño natural y este verano me ha tocado venir a pintar a Galicia. Elegí Villagarcía por ser más popular, más conocida, por su hermoso horizonte y porque deseo caracterizar el escenario de mi cuadro, con el fondo de esta bella ría". Preguntado por los elementos de su composición explicaba que habría "hombres, mujeres, bestias, de todo; trajes típicos y actuales; enseres del trabajo, la genuina representación de la vida gallega (...) Iré a Santiago a saturarme del puro ambiente gallego, a ver fisonomías de carácter y a procurarme algún traje, monteras, etc..." Finalmente, parece comprobado que encontró sus modelos mucho más cerca, incluso en el pazo de Vista Alegre. Viana dice que la primera figura del óleo, a la izquierda, palo en mano, era un vendedor de ganado. Le siguen Manuel Novás, Carmen Galbán, Dolores Novás y Esperanza Tarrío. Y sentadas, Socorro Rey (en primer término) y Lucía Vega (al fondo). El gaiteiro era O Xubieiro.

MÁS IMÁGENES

Fábrica de carrocerías de CUTCSA / hispanic society Los primeros autobuses de CUTCSA.
'Lavanderas de GaliciaBilletes de la compañía. Viejo Montevideo con tranvías y autobuses.

 

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