La Opinión a Coruña

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Tres siglos gallegos de Lisboa

Texto: Santiago Romero

Los gallegos de Lisboa son los emigrantes más antiguos: el primer gran éxodo, previo al americano. Su difusa historia, jalonada de 
penalidades y menosprecio, empieza a reescribirse ahora con justicia

Fiesta de la noche de Reyes en el Centro Gallego de Lisboa en los años 50. / Xan Leira.

No son frecuentes las alusiones a Galicia en la literatura más universal, como la cita a pie de página que en la versión anglosajona de Los reyes del mambo tocan canciones de amor explica extensamente la voz gallego con pretensiones de comprender la resignada melancolía que nuestros emigrantes han expandido por el mundo como inequívoca manera de ser. Otros, muy pocos, como el gran poeta portugués Fernando Pessoa, se detuvieron también a reflexionar sobre almas tan enigmáticas como esforzadas. En su postumámente célebre Libro del desasosiego -la biblia de los modernos existencialistas, que en muchas facultades de Letras se cita entre las cinco obras básicas de la literatura- se sitúa a sí mismo en una casa de comidas de la Lisboa de los años 20, preguntándose qué vida arrostrarían aquellos tipos que llevaban décadas sirviéndole en la señorial metrópoli. 
"Hace 40 años que aquella figura de hombre vive casi todo el día en una cocina; tiene unas breves vacaciones, duerme pocas horas y va de vez en cuando al pueblo, del que vuelve sin duda y sin pena. Almacena lentamente dinero lento que no se propone gastar. Se pondría enfermo si tuviera que retirarse de su cocina para irse a las tierras que ha comprado en Galicia. Está en Lisboa hace 40 años y nunca ha ido siquiera a la Rotonda (la popular plaza del marqués de Pombal en el centro de Lisboa), ni a un espectáculo. Se casó no sé cómo ni por qué, tiene cuatro hijos y una hija, y su sonrisa al inclinarse expresa una gran, solemne, completa felicidad", se puede leer en el lapidario fragmento.
Curiosamente, el traductor español de Pessoa, Ángel Crespo, aventura como explicación que el poeta debe referirse a la región portuguesa del Miño, al dudar de una significativa presencia gallega en Lisboa. El Nobel José Saramago podría haberlo sacado de su monumental error. Dos de sus novelas encierran irónicamente la profunda huella gallega en Lisboa, una ciudad conquistada a los moros por el rey Alfonso y "sus gallegos", cuyos descendientes reinaban hasta hace poco entre los mostradores y las cocinas de los bares y restaurantes lisboetas. "Nuestro primer rey es conocido como O galego, pues es de Galicia de donde procedía", explica el escritor. 
José Saramago reviviría con menos acritud que El libro del desasosiego a esos mismos gallegos medio siglo después en la novela que lo consagró en España, El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), ambientada en la Lisboa cosmopolita e intrigante de la II Guerra Mundial, habitada por el fantasma poético de Pessoa y ambientada en hoteles, restaurantes y cafés atendidos por la infatigable hueste gallega. 

Palacio que alberga el Centro Gallego de Lisboa, regalo del magnate Cordo Boullosa.

"Yo me crié en esa época cerca del barrio popular de Mouraría -recuerda Saramago- que estaba ocupado por gallegos. Yo diría que ellos nos enseñaron a comer bien. Era difícil entrar en un restaurante donde no hubiera un gallego. Yo, de crío, vivía bastante en la calle y tengo recuerdos de que en el mercado que había en la plaza da Figueira se oía hablar gallego a toda hora. Como en muchas casas no había agua corriente, eran gallegos los que la ofrecían por la calle y existía el dicho de que los gallegos venían a Lisboa a vender el agua de los lisboetas. Entonces había una colonia muy numerosa y era increíble lo que aquella gente trabajaba. Todo eso, lamentablemente, ha quedado ahora en el olvido..."
A esa misma conclusión ha llegado la importante colonia gallega en Lisboa, que este año celebra los cien años del nacimiento del centro gallego surgido en 1908 en la capital portuguesa. Con ese pretexto, se ha puesto en marcha un ambicioso proyecto multimedia dirigido por el documentalista Xan Leira -Historia de una emigración difusa- que pretende reconstruir los últimos 300 años de historia de Lisboa desde el punto de vista de la emigración gallega. 
Una de las pruebas históricas de una temprana presencia gallega en Lisboa data de 1371, en la que aparece por primera vez noticia de una colonia dedicada a actividades modestas, de poco aprecio por los nativos lusos. Es el origen de un prejuicio sobre los gallegos que será la tónica durante siglos. Los gallegos empezaban a ser tratados como truhanes, miserables y camorristas. 
Las fuentes históricas portuguesas señalan sin embargo el primer cuarto del siglo XVIII como el verdadero arranque del fenómeno migratorio gallego hacia Lisboa, que se convirtió en el primer gran éxodo galaico, previo y durante mucho tiempo coincidente con la masiva emigración a las Américas. El escritor Eduardo de Noronha 
-Memorias de un galego, 1912- pone en boca del protagonista de su novela la explicación: "Os portugueses vao para o Brasil, nós vamos para Portugal, é máis perto, melhor caminho e ganha-se máis dinheiro".
La emigración gallega a Portugal tenía una peculiaridad: se iba de niño. Aún a mediados del pasado siglo XX era habitual enviar a Lisboa a niños de apenas 12 años para que se acostumbraran pronto a trabajar duro y empezaran a ganar su propio sustento. No pocas veces eran abandonados a su suerte nada más llegar a la gran urbe y acababan convirtiéndose en carne de cárcel. Uno de ellos, Diogo Alves -que dio lugar a la primera película portuguesa de ficción, 
El asesino del acueducto, en 1907- se convirtió en un legendario criminal que asaltó y asesinó a multitud de lisboetas que arrojaba desde lo alto de un acueducto para hacer creer que se habían suicidado. Diogo López era aguador, un penoso trabajo prácticamente monopolizado por gallegos, hasta el punto de que destacan en el celebérrimo álbum de grabados costumbristas de Lisboa dibujado por el inglés Henry Levèque, que constituyen una de las joyas del Museo da Cidade de Lisboa.

"...sórdidos galegos, duro bando"

La frase de arriba es una cita del poeta nacional de Portugal, Luis Camoes, que desconocía o no quería saber de su origen gallego. Lo cierto es que la colonia gallega se ocupó de los trabajos más ingratos de la metrópoli lisboeta desde 1371, fecha en la que se data por primera vez su presencia. Reconstruir la difusa historia de los gallegos de Lisboa es un proyecto multimedia del realizador gallego Xan Leira, que incluye una película documental de una hora de duración que se estrenará en noviembre en Lisboa, coincidiendo con el centenario del centro gallego, y se emitirá después en varios canales de televisión.

Los gallegos lisboetas eran vistos como "máquinas de sudor" que se empleaban para el transporte de todo tipo de mercancías, pero especialmente el agua, un bien escaso en la capital del Tajo. "Todos los trabajos pesados de Lisboa eran ejecutados por gallegos", cuenta el escritor viajero inglés Murphy. Trabalhar como un galego o ser ben galego son expresiones que se han mantenido hasta el día de hoy en Lisboa como sinónimos de persona esforzada tirando a bruta e individuo necio. El escritor francés Càrrere, en su libro Panorama de Lisboa, de 1796, da cuenta de "una raza vigorosa que aparece en todos los rincones de Lisboa y que no para de trabajar. Sin ellos, el comercio lisboeta estaría desprovisto de brazos. Estos hombres son originales de la provincia española de Galicia, que no puede sustentar a todos sus hijos". Muchos de estos esforzados gallegos se convertirían con el tiempo en una sólida columna de la sociedad lisboeta -reinaron tradicionalmente en el sector de la hostelería- y uno de ellos (ver perfil en en la página 3) fue el hombre más poderoso de Portugal.
Uno de los grandes éxitos editoriales en Portugal durante la década de los 90 fue protagonizado por el libro Trabalhos e paixoes de Benito Prada (Galego da provincia de Ourense, que veio a Portugal ganhar a vida) del periodista y escritor Fernando Assís Pacheco (el Pivot portugués), nieto de un gallego que hablaba barallete -la lengua de los afiladores-. Assís Pacheco, fallecido en 1995, se impuso en esta obra una reivindicación de aquellas gentes llegadas del otro lado del Miño que, pese a las piadosas mentiras oficiales, fueron considerados bárbaros con mala cabeza y buena espalda: 
"Sórdidos galegos, duro bando, decía Camoes, que tenía orígenes gallegos aunque no lo supiera o no quisiese saberlo. El Oporto existe gracias a que gallegos pobres cavaron las viñas del Duero. Cuando hicieron el acueducto de Lisboa, fue a ellos a quienes pusieron a llevar agua a las casas, aunque luego se vengaron encargándose de llevar y traer cartas de amor por la ciudad. Aquí se les ha despreciado por brutos, pero todos los pianos de la ciudad los subieron ellos. Su historia es el verdadero fado de Lisboa."


Manuel Cordo Boullosa, a la derecha. / Centro Gallego Lisboa

 

El gallego que amasó la quinta fortuna del mundo

El magnate Manuel Cordo, fundador de Galp, burló el bloqueo de la ONU para facilitar petróleo a Israel en la Guerra de los Seis Días. Y regaló un palacio a los gallegos de Lisboa

El hombre que alcanzó en Portugal una cima de los negocios jamás superada -llegó a ser la quinta fortuna del planeta en los años 60, cuando aún no existía la economía global- era hijo de emigrantes gallegos y, pese a nacer en Lisboa, se crió hasta la adolescencia en la localidad pontevedresa de Ponte Caldelas porque sus padres no podían ganarse el sustento en la capital portuguesa.
Nada más parecido al sueño americano que la epopeya de Manuel Cordo Boullosa, que con quince años vendía carbón en botellas de queroseno para hornillos por las calles de Lisboa y tres décadas más tarde había fundado una de las mayores compañías petrolíferas (Sonap, que después se convertiría en Galp), con numerosas plantas refinadoras en África, Asia y Suramérica. Cordo fue el hombre que facilitó el petróleo a Franco en la Guerra Civil y también a Israel en la Guerra de los Seis Días en 1967, para lo que tuvo que burlar el bloqueo de combustible establecido por la ONU. 
Su poder en Portugal era tal que, en plena dictadura de Caetano, tenía trabajando para él en uno de los varios bancos que poseía en Francia al dirigente socialista exiliado Mario Soares -que más tarde sería presidente de la República Portuguesa- y la hija del dictador. Ambos trabajaban en el mismo departamento del Banco Franco-Portugués en París. Cordo Boullosa fue uno de los pocos -por no decir el único- grandes hombres de negocios portugueses que permanecieron incólumes tras la revolución del 25 de abril en 1975.
El magnate de origen gallego fue un gran mecenas de la cultura portuguesa y poseía en el Chiado, en la misma calle que alberga la célebre estatua de Fernando Pessoa, la librería Bertrand, un establecimiento de culto en toda Europa.
Manuel Cordo Boullosa nunca renunció a su identidad gallega -pese a lo poco glamouroso que tal procedencia resultaba en la señorial metrópoli- y, quizás para hacerlo más evidente, obsequió en 1988 a la colonia gallega en Lisboa con un fastuoso palacete que ni siquiera el recinto de la embajada española es capaza de hacer palidecer. Ese palacio ha sido desde entonces la sede del Centro Gallego de Lisboa, que ahora cumple cien años. 
El potentado portugués mantuvo siempre buenas relaciones con el sector galleguista más moderado, especialmente con Valentín Paz Andrade, alma máter de la empresa Pescanova, con quien promovió un fallido proyecto para instalar una refinería en Vigo en los años 60. 
Cuenta la leyenda que Cordo entraba y salía de Portugal sin pasaporte y que solía impresionar a sus invitados diciéndoles que no lo tenía. "No lo necesito, nadie me lo pide -decía-. Si realmente tuviera que tener uno, sin duda sería gallego, pero como eso no es posible, pues simplemente no lo tengo".

 

 

Miguel Seco. / La Opinión.

MIGUEL SECO,
Presidente del Centro Gallego de Lisboa

"En cien años hemos bajado a la mitad"

"También perdimos peso porque la colonia es más heterogénea, cada vez hay más gente con un horizonte de residencia de 3 o 4 años"

El mundo gallego de Lisboa -que llegó a representar en su mejor mejor momento una décima parte de la población de la capital portuguesa-ya no es lo que era. "Para empezar, la comunidad gallega es ahora la mitad de lo que era hace cien años. Calculo que ahora debemos ser unos diez mil más o menos", aclara el actual presidente del Centro Gallego de Lisboa, Miguel Seco.
"Ahora somos una colonia más heterogénea, mucho menos concentrada que lo que era hace cien años. Empieza a haber ya un peso importante de profesionales que vienen desplazados aquí por las empresas con un horizonte de permanencia en Lisboa de tres o cuatro años. Hasta hace quince o veinte años, la colonia estaba formada básicamente por gallegos mayores o hijos de gallegos que habían emigrado en los años 40 y que se criaron aquí con una mentalidad más próxima a la portuguesa que a la gallega. Se nota más presencia de gente joven, hay abogados, muchos estudiantes Erasmus, y sobre todo muchos profesionales de la sanidad. Hay unos cinco mil médicos y enfermeros españoles en Portugal, la mayoría gallegos, por la facilidad del idioma.", añade Seco.
La colonia gallega no sólo ha bajado demográficamente, también ha perdido peso como comunidad. Ya no dominan el sector de la hostelería tan claramente como hace unas décadas, ni tienen un estandarte tan poderoso como el petrolero Cordo Boullosa, principal personaje del país. Aunque siguen teniendo en el centro a su ex mano derecha, José Aser, presidente de los empresarios gallegos en Lisboa, que fue director general de Repsol. "El típico negocio pequeño de hostelería aún se mantiene. pero ya no asisten regularmente al centro como antes. Hay bastantes que han crecido, que tienen negocios inmobiliarios, en la construcción, que tienen hoteles, aunque en la nueva generación nueva, hay más profesionales de gestión que empresarios". Y, por mucha pérdida de peso que sufra, es la única colonia que dispone de un palacio para reunirse. "Es la mejor con diferencia".
En el centro gallego de Lisboa hay una ley no escrita que prohíbe hablar de política en cualquier actividad, aunque su actual presidente admite que la vieja guardia está más próxima al PP. 
"Fue mucho tiempo de la anterior Xunta. Manuel Fraga estuvo aquí muchas veces, al bipartito aún le faltan años para ganarse esa fidelidad. Después, entre los nuevos, pues hay de todo", reconoce Miguel Seco.

 

Assís Pacheco, autor de un éxito editorial sobre una saga gallega en Lisboa 

"La historia de los gallegos aquí es más bonita que la de nadie, pero siempre fueron despreciados"

El periodista y escritor portugués Fernando Assís Pacheco, nieto de gallegos y fallecido en 1995, fue durante años el 'Bernard Pivot' lisboeta, director de revistas y programas de televisión especializados en el mundo de la cultura. Un libro de Assís Pacheco sobre la historia de su abuelo ourensano emigrado a Lisboa - 'Trabalhos e paixoes de Benito Prada'-, se convirtió en el gran 'best seller' portugués en la década de los 90. La obra arranca con una conocida cita del poeta nacional de Portugal: "...sórdidos galegos, duro bando". "Camoes era de origen gallego pero no lo supo o no quiso saberlo -decía Assís-. La historia de los gallegos de Lisboa es más bonita que la de nadie, pero siempre fueron despreciados".

 

José Saramago, premio Nobel

"De niño, oía hablar gallego a todas horas en barrios y mercados de Lisboa. Eso se ha perdido"

Dos de las novelas del Nobel Saramago encierran irónicamente la huella de la longeva presencia gallega en Lisboa. Saramago alude en 'Historia del cerco de Lisboa' a la conquista de esta ciudad por Alfonso Henríquez y los 'gallegos', como eran conocidas sus tropas entre los moros vencidos. El escritor redimiría en la obra que lo lanzó a la fama literaria -'El año de la muerte de Ricardo Reis'- a los numerosos camareros gallegos de Lisboa que el gran poeta Fernando Pessoa había caricaturizado cruelmente en el 'Libro del desasosiego'. Saramago recuerda que en su niñez "oía hablar gallego a todas horas en barrios y mercados de Lisboa. Eso, lamentablemente, se ha perdido..."

 

Manuel Durán Clemente, coronel ingeniero

Un gallego entre los capitanes más radicales de la Revolución de los Claveles en 1975

Manuel Durán Clemente, descendiente de gallegos, fue uno de los militares más comprometidos con la revolución que derrocó la dictadura portuguesa el 25 de abril de 1975. Alineado con la facción más radical de los capitanes de la Revolución de los Claveles, apoyada por el Partido Comunista y otras fuerzas de extrema izquierda, Durán Clemente fue el encargado de ocupar militarmente la sede de la Radio Televisión Portuguesa. El influyente 'Diario de Noticias' de Lisboa le dedicó recientemente una serie de artículos en los que el militar de origen gallego relataba minuciosamente hechos todavía inéditos sobre uno de los periodos más decisivos en la historia de Portugal.

 

Ramiro Fonte, coruñés, director del Cervantes de Lisboa

"Creía que conocía bien Portugal, pero desde que llegué a Lisboa me di cuenta de mi error" 

Fue precisamente en A Coruña donde el ahora ministro de Cultura César Antonio Molina y entonces recién nombrado director del Instituto Cervantes dejó caer que uno de sus primeros nombramientos sería el del coruñés Ramiro Fonte como director del centro de Lisboa. "Vivía a sólo 20 kilómetros de Portugal y creía que conocía bien este país, pero desde que llegué a Lisboa me di cuenta de mi error, vi que no era cierto. Las élites portuguesas se sienten próximas intelectualmente a los gallegos, porque saben que su lengua es común y por eso te dan un aval. El centro de Lisboa es de los más importantes del Cervantes y esta familiaridad me hizo sentir cómodo desde el principio."

 

 

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