La Opinión a Coruña

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La autopista romana

Texto: J. Otero Ricart

El proyecto Vías Atlánticas impulsa la recuperación de las antiguas calzadas romanas como nuevo itinerario turístico y cultural en una región que Plinio el Viejo describía llena de oro, plata, hierro y plomo

Trazado de la vía en Galicia y un miliario de Santiaguiño de Antas (Mos).

Cuando allá por la primavera del año 137 A.C. la expedición de Decio Junio Bruto cruzó el mítico río Lethes —el río del olvido—, la hasta entonces temida región del Finis Terrae pasaba a formar parte del Imperio de Roma. Para asegurar el control administrativo y militar de la nueva conquista, en el año 19 antes de Cristo se inicia la construcción de una red viaria que además facilitaría la explotación de las importantes riquezas mineras de la región. De todas esas vías, la más larga era la Vía XIX, que con 299 millas unía las capitales de los tres conventos jurídicos de la Gallaecia romana: Brácara Augusta (Braga), Lucus Augusti (Lugo) y Astúrica Augusta (Astorga). El itinerario pasaba además por localidades como Ponte da Lima, Valença do Minho, Tui, Caldas de Reis o Iria Flavia.
De la que fuera una de las más importantes vías de comunicación romanas sólo quedan en la actualidad en Galicia algunos puentes y miliarios, así como pequeños tramos del trazado originario. Ahora, el proyecto Vías Atlánticas se propone delimitar el itinerario de esa antigua vía, así como identificar y conservar aquellos restos arqueológicos relacionados con la misma. Este proyecto, liderado y coordinado por la Diputación de Pontevedra, se enmarca dentro de la Iniciativa Comunitaria Interreg III y pretende “unir el turismo cultural y el respeto por el medio ambiente con el conocimiento científico”. Se trata de promover una nueva ruta transfronteriza, siguiendo el curso de las calzadas romanas denominadas en el Itinerario Antonino Vía XIX y Vía XX, que discurrían por el norte de Portugal y por las actuales provincias gallegas de Pontevedra, A Coruña y Lugo.
La llamada Vía XIX fue inaugurada en el año 11 después de Cristo y entre sus mansiones más importantes se encontraban Aquis Celenis (Caldas de Reis), Iria Flavia (Padrón), Lucus Augusti (Lugo) y Bergidum Flavium (Cacabelos). Era la más larga de todas las del noroeste, con cerca de 500 kilómetros. Por el Itinerario de Antonino se sabe que existía entre Braga y Astorga una denominada vía per loca marítima, que de marítima tenía sólo un tramo, con dos mansiones en la península de Barbanza. En todo caso, se trataría de una vía mosaico compuesta con los tramos de otras y articulada en época tardía. El tramo más sólido de la misma es el existente entre Lucus Augusti y Brigantium.
En palabras de Antonio Torrón, técnico de gestión de proyectos europeos de la Diputación de Pontevedra, el objetivo es convertir la Vía XIX “en una ruta cultural transfronteriza de largo recorrido. A través de este proyecto se han llevado a cabo diferentes trabajos arqueológicos para delimitar la ruta y obtener nuevos datos sobre esta vía de comunicación, así como actuaciones de limpieza de diversos tramos, complementado todo ello con una señalización específica del recorrido”.

Tareas de limpieza realizadas el pasado mes de octubre en uno de los tramos de la Vía Romana XIX.

–¿Qué importancia tenía la Vía XIX en la Galicia romana?
–La función de la Vía XIX era comunicar las tres capitales de los conventos jurídicos fundados por Roma en el noroeste peninsular, aunque su importancia debe medirse en relación al sistema viario que implanta el Imperio romano en Gallaecia, un sistema que buscaba articular el territorio, moldearlo de alguna manera a los intereses imperiales. Por otro lado, las vías son uno de los elementos más importantes en el proceso de romanización no sólo del noroeste peninsular sino de todas aquellas regiones que poco a poco iban siendo absorbidas por Roma.
En cuanto a los tramos de la Vía XIX que se encuentran en mejor estado de conservación, el que está mejor “es el localizado en la zona limítrofe de los municipios de Barro y Pontevedra, en el paraje de Lombo da Maceira, pero quizás los tramos más espectaculares se encuentren en la zona oriental de la provincia de Lugo”, apunta el arqueólogo de la Diputación de Pontevedra Rafael Rodríguez Martínez, director de los trabajos.
–¿Cuáles han sido los últimos hallazgos? ¿Y el más importante hasta el momento?
–En la provincia de Pontevedra, los últimos hallazgos documentados relacionados con la Vía XIX se localizaron en una zona limítrofe entre los municipios de Barro y Pontevedra conocida como Lombo da Maceira en donde se documentó parte de un posible agger (lomo artificial que formaba parte de la infraestructura viaria). Con anterioridad, en la parroquia pontevedresa de Salcedo se había documentado parte de un miliario bajoimperial reutilizado como marco de una finca. No se puede hablar de un hallazgo más importante que otro; todos son importantes desde el momento en que aportan documentación de una infraestructura viaria romana. Aun así habría que destacar fuera de la provincia de Pontevedra el yacimiento de Brandomil, excavado por Juan Naveiro López en los últimos meses.
El programa Vías Atlánticas se inició en el año 2005, con la designación de los equipos técnicos y arqueológicos, y en una primera fase se realizaron diversos estudios e intervenciones arqueológicas para la delimitación del trazado. Durante la segunda fase, desde finales de 2006 y todo el año 2007, se procedió a acometer tareas de limpieza y señalización de la vía. Al mismo tiempo se llevaron a cabo trabajos de promoción y divulgación del proyecto: presentación en Fitur, puesta en marcha de la página web www.viasatlanticas.org y organización de un simposio de arqueología en Pontevedra.
El proyecto ha contado con un equipo multidisciplinar de unas 20 personas y los trabajos se han sufragado con los presupuestos asignados a cada socio. El presupuesto total de Vías Atlánticas asciende a 1.670.640 euros (el 75% aportado por el fondo comunitario Feder y el resto, por los distintos socios). La aportación propia de la Diputación de Pontevedra asciende a 60.000 euros. Participan asimismo las diputaciones de A Coruña y Lugo, el Ayuntamiento lugués y las cámaras portuguesas de Braga, Vila Verde, Ponte de Lima, Paredes de Coura, Valença do Minho. También colaboran la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
La actual villa de Tui guarda en su subsuelo los restos de la mansión viaria conocida como Tude, así como los restos del Castellum Tyde, ciudad principal de los Grovii. Tude se encontraba a XLIII millas (unos 69 kilómetros) del punto de partida de la Vía XIX y tenía por entonces una gran actividad comercial y administrativa; además era centro recaudador de tasas y gravámenes.

La Vía XX a su paso por el municipio de Barro.

Como señala Avelino Bouzón, canónigo archivero de la catedral de Tui y párroco de San Bartolomé de Rebordáns, “toda esta zona de la Vía XIX destacaba por la explotación aurífera. Plinio el Viejo, al hablar del Conventus Bracarum, de los grovi y del Castellumm Tude en su Naturalis Historia dice: toda esta región ‘está llena de yacimientos de oro, plata, hierro y plomo negro y blanco’. Por otra parte —continúa Bouzón—, el templo de San Bartolomé de Rebordáns es un centro notable de vestigios de romanización que algunos historiadores relacionan con la significación del hidrónimo Louro, en cuya vega está situado. Ambrosio de Morales en su obra Viaje por orden de Felipe II a los Reinos de León, Galicia y Principado de Asturias recoge la tradición de que el nombre del afluente del Miño se debe a que arrastraba arenas de oro. El cronista de Felipe II se expresa de este modo: ‘Aunque no es de mi comisión, todavía quiero decir que se saca oro en Tuy del río Miño, y el obispo tiene un grano del tamaño de un garbanzo pequeño, que se sacó habrá dos años; y como lentejas se sacan hartos, y es oro purísimo’. El padre Enrique Flórez en su España Sagrada escribe Vega del Ouro, y no Louro, y dice que en Tui ‘la pesca no es de espinas, sino de oro”.
En el templo parroquial de San Bartolomé de Rebordáns, durante las excavaciones realizadas en 1970 se halló una inscripción epigráfica en letra capital romana que hay que datar en el siglo II d. C. “No es posible descifrar el texto grabado en un sillar porque éste sirve de asiento al machón izquierdo del arco triunfal de la capilla mayor”, comenta Avelino Bouzón.
Con el proyecto Vías Atlánticas se busca recuperar la Vía XIX como una importante ruta cultural. A lo largo del recorrido, como señala el coordinador del proyecto, Antonio Torrón, el viajero encontrará numerosos elementos históricos y arqueológicos, tanto del mundo romano (miliarios, puentes, termas, campamentos militares) como de sus pobladores anteriores (petroglifos, dólmenes, castros) y de los posteriores, (castillos y fortalezas, pazos), así como iglesias de todos los estilos artísticos y elementos de arquitectura tradicional gallega y portuguesa.

 

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