La Opinión a Coruña

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Los ortodoxos buscan su sitio en Galicia

Texto: J. A. Otero Ricart
Fotos: Echave/Canosa/Casteleiro

La Iglesia ortodoxa da sus primeros pasos en Galicia, con templos en Vigo y A Coruña, dispuesta a ofrecer sus servicios, sobre todo, a los inmigrantes de los países del Este, que profesan en su mayoría de esta confesión religiosa
Altar, todavía sin terminar, de la parroquia de San Juan Crisóstomo, en A Coruña.

En Galicia puede haber en estos momentos alrededor de 4.000 cristianos ortodoxos, en su mayoría rumanos, pero también rusos y ucranianos. El coruñés Ramón Couto —ordenado como padre Dámaso— es uno de los tres sacerdotes ortodoxos que ejercen en Galicia, junto con el padre Basilio en Vigo y otro presbítero que atiende un templo en Gondomar, al que acuden fieles procedentes de Portugal.
A diferencia de Vigo, en A Coruña todavía no existe ningún templo, aunque está a punto de abrir la parroquia de San Juan Crisóstomo, que llevará el padre Dámaso. Casado y con ocho hijos, el padre Dámaso pertenece a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de América, fue ordenado sacerdote el pasado año y ahora está ilusionado con la puesta en marcha de la primera capilla en la ciudad herculina, en la calle Gil Vicente, en el barrio del Agra. “Estamos dando los últimos retoques y creo que se inaugurará el mes que viene. Si todo va bien, esperamos celebrar pronto la inauguración con una Divina Liturgia abierta a todos; el 15 de agosto podría ser una buena fecha”. El siguiente paso será buscar un local en Vigo para celebrar el culto “por lo menos un par de veces al mes”.
En el barrio vigués de Teis existe desde hace dos años la única iglesia ortodoxa de la ciudad. Al frente de la misma se encuentra el padre Basilio, de la Iglesia Ortodoxa de Polonia, que ya ha celebrado algunos bautismos por ese rito. A la capilla, situada frente a Vulcano, acude los domingos y festivos un reducido grupo de fieles de diversos puntos de Galicia —algunos llegan desde Ferrol o Vilagarcía—, en su mayor parte de nacionalidad española. “Los domingos y festivos, a las diez de la mañana, celebramos la Divina Liturgia para quienes quieran asistir a ella; la capilla es pequeña pero procuramos tenerla bien cuidada”, comenta el padre Basilio que, a sus 72 años y sin apenas ayudas, mantiene viva una comunidad “peregrina y orante”.
De momento, en Vigo la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de América sólo cuentan con un diácono, el padre Efrén, que espera poder contar cuanto antes con una capilla: “En Vigo estamos negociando un local que será en el futuro, Dios mediante, una capilla ortodoxa que prestará atención a los ciudadanos católico-ortodoxos, no sólo de países del Este sino abierta a todos aquellos cristianos que la deseen conocer y quieran acercarse a la Ortodoxia”.
Con más de 700.000 residentes, los rumanos constituyen ya el grupo de extranjeros más numeroso en España, por delante de marroquíes y ecuatorianos, según reflejan los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. En su gran mayoría pertenecen a la Iglesia ortodoxa, aunque no todos son practicantes. “A pesar de ciertos estereotipos —apunta el padre Dámaso— lo cierto es que los rumanos son gente muy noble, muy trabajadora y muy honesta. Están viniendo familias completas y muchas de ellas asisten a nuestros actos litúrgicos, aunque hasta ahora, por falta de local, tenemos que celebrarlos en alguna capilla que nos ceden”. De hecho, algunos cristianos ortodoxos acuden a las celebraciones litúrgicas en parroquias romanas. Hay que tener en cuenta que la Iglesia ortodoxa mantiene la sucesión apostólica y los mismos siete sacramentos que la Iglesia católica romana; el bautismo es por inmersión —“una triple inmersión, en recuerdo de la Santísima Trinidad”, señala Ramón
Iconos en la pared de la iglesia de A Coruña.

Couto— y la confirmación o crismación suele celebrarse en el mismo acto.
Una de las diferencias entre la Misa del rito romano y la Divina Liturgia ortodoxa es la duración de esta última, que suele ser de dos horas. “Se trata de una Iglesia muy devota, muy de emociones, muy mística —señala el padre Dámaso—. Sólo en la preparación de los panes y del incienso se emplean 20 o 25 minutos. Habitualmente en los templos no hay bancos y los fieles siguen la ceremonia de pie y con velas”.
La mayoría de los fieles ortodoxos que viven en Galicia provienen de los países del Este y algunos de ellos, que emigraron en la época comunista, se han bautizado de mayores. “Hay casos realmente curiosos
—comenta el padre Dámaso—, pues sé de algunos que regresaron a Rusia sólo para bautizarse y luego volvieron a nuestro país”.
En el tiempo que lleva ejerciendo su ministerio, este sacerdote ha oficiado dos bodas y espera celebrar pronto algún bautismo. De momento llega todavía a poca gente, pero con la inauguración del templo piensa ponerse en contacto con asociaciones de rumanos y de rusos para ofrecer sus servicios pastorales.
Muchos de estos inmigrantes tienen una escasa formación religiosa pues crecieron en un mundo comunista que propiciaba el ateísmo. Al mismo tiempo, su situación económica suele ser muy precaria. La integración de los inmigrantes de países del Este en la sociedad española es uno de los objetivos pastorales que pretende impulsar en Vigo el padre Efrén: “Uno de nuestros objetivos es establecer grupos de reinserción social en el caso de inmigrantes. Contando que en Galicia el colectivo de ciudadanos del Este se aproxima a las cuatro mil personas, deseamos poder atender a todos los que lo deseen. Como diácono y futuro sacerdote ortodoxo espero poder ofrecer en el futuro un servicio pastoral bajo la jurisdicción de nuestra Iglesia, en cuya labor he puesto mucha ilusión y esperanzas”.
La actividad de las iglesias ortodoxas en Galicia se limita a la labor del padre Basilio, de la Iglesia Ortodoxa Polaca, en la capilla del barrio vigués de Teis, al templo que en el municipio de Gondomar atiende un presbítero dependiente de la Iglesia Ortodoxa Griega, y a la actividad del padre Dámaso en A Coruña.
Le preguntamos al padre Dámaso por las distintas denominaciones de las iglesias ortodoxas: ¿división o autonomía? “Algunas de las iglesias ortodoxas —dice— son muy nacionales, pero en la diáspora la ortodoxia es única, son iglesias unidas en la misma ortodoxia, no hay ninguna variación”. En su caso, estudió Teología ortodoxa en Sevilla, en el Seminario de la Santísima Trinidad, y al licenciarse optó por ordenarse en la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de América. “De hecho, mi arzobispo está en Ecuador”, explica. Al ordenarse tomó el nombre de Dámaso, “un santo que fue Papa romano y defensor de la unión entre Oriente y Occidente”, puntualiza. “¿Que cómo son las relaciones con los sacerdotes locales? Muy buenas, no podía ser de otra forma pues somos iglesias hermanas. Además cada año celebramos juntos una jornada de oración por la unidad de los cristianos”.

Iglesias autocéfalas

Con unos 215 millones de fieles en todo el mundo, la Iglesia ortodoxa es la tercera de las tres grandes iglesias o comunidades cristianas. Mantiene la sucesión apostólica y los mismos siete sacramentos de la Iglesia católica. Tras varios desencuentros y conflictos, la Iglesia católica ortodoxa y la Iglesia católica romana se separaron en 1054, en el llamado Cisma de Oriente y Occidente. Desde entonces los Patriarcados tradicionales de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén se desligaron del Patriarcado de Roma. La Iglesia ortodoxa está constituida por varias iglesias autocéfalas, que reconocen la autoridad eclesiástica de acuerdo al patriarcado al que correspondan. En la actualidad existen catorce iglesias ortodoxas autocéfalas, que poseen la capacidad de nombrar a sus propios obispos y de resolver sus problemas internos sin acudir a ninguna autoridad superior. Asimismo, hay otras comunidades dependientes de esas iglesias autocéfalas.

Una boda ortodoxa

Durante el último año, el padre Dámaso ha oficiado dos bodas por el rito ortodoxo en
A Coruña, una de ellas la de Manuel y Cristina, que aparece en estas imágenes. El rito ortodoxo del matrimonio incluye la coronación de los novios, con coronas iguales que significan “la igualdad dentro de la pareja y su coronación, que son los máximos responsables de su hogar y de sus vidas”.
La copa de vino que comparten y que tienen que tomar en tres sorbos cada uno, significa su compromiso a compartirlo todo. Se trata de vino bendecido, no consagrado. Luego dan tres vueltas alrededor del altar en procesión —a veces acompañados de los padrinos— y dirigidos por el sacerdote, que porta los Evangelios. Esta ceremonia recibe el nombre de danza de Isaías, en conmemoración de la profecía en que anunciaba la venida del Mesías. Al final de la boda, los novios entregan a los invitados una bolsita con almendras. “Se trata de almendras recubiertas con azúcar e impares —explica el padre Dámaso—. Las almedras, que son amargas, representan la vida, el dulce representa la ayuda que le prestan en la vida tanto la iglesia como toda la familia y amigos, y son impares porque el matrimonio es indivisible”. Se trata de unas tradiciones de la Iglesia ortodoxa universal que se remontan a los primeros siglos del cristianismo. Cada vez es más habitual en todas las iglesias de rito oriental —y sobre todo en la griega— usar coronas de flores en lugar de las metálicas.