La Opinión a Coruña

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De Galicia a Nueva York, con los grandes

Texto: Fernando Franco

De Santana a Tom Jones, pasando por Gloria Estefan o las Supremes de Diana Ross, entre otros muchos, pocas celebridades musicales fueron ajenas en las últimas décadas al sonido universal del saxo gallego Tito Iglesias

Tito Iglesias toca el saxo con su banda en los años 60.

Si te sientas en Tenerife en la terraza del Harry’s, un lugar cuya clientela internacional entremezcla sus morenos vacacionales, puedes ver que aquel hombre se mueve como si el saxo fuera una parte más de su cuerpo. O al menos una prótesis perfecta. Haciendo música del viento pasa del jazz al soul, al funki o a la música latina como si fueran territorios sonoros de la sala de estar de su casa. Tiene un aire entre jubilado de la Cosa Nostra y latino en Nueva York, sombrero oscuro, complexión maciza y marca de veterano combatiente. Si lo conoces, sabrás que fue músico en Buenos Aires, Caracas, Miami, Las Vegas o Nueva York y que, si en Argentina empezó con Gato Barbieri a buscarse la vida, en otros países su saxofón acompañó a Tom Jones, Supremes, Engelbert Humperdinck, Sammy Davies Jr., Barry White, Tito Puente, Gloria Estefan, Santana o Julio Iglesias, por decir unos pocos.
Si nadie preguntara no se sabría que ese tipo de la terraza del Harry’s, que aparece en todos los carteles en que se anuncia su actuación como Tito Iglesias, perteneció durante décadas a esa categoría de secundarios de lujo esenciales para que las estrellas del espectáculo se luzcan a su cuenta, pero también durante un tiempo tuvo grupo propio con su nombre, actuó en solitario o con bandas en los clubs más diversos, desde los hoteles más caros de La Vegas a los garitos jazzeros de Harlem, grabó varios elepés en RCA Víctor y fue arreglista musical de conocidos intérpretes.
Y aquí viene la sorpresa. Este tipo fogueado e incombustible que a los 76 años vive en Tenerife con una dominicana de 36 y un hijo de ambos de casi cuatro no se llama exactamente Tito sino Humberto Iglesias Cameselle y no es italiano, norteamericano, latino o huido de la mafia siciliana sino gallego del año 32 y, por más señas, natural del barrio vigués de Lavadores.

–Where are you from? —me preguntó él en un descanso tras sacarnos una foto juntos—.
–I’m not english. I’m spanish from Galicia.
–¿Gallego? ¡Carallo! ¡Yo soy de Vigo y de las Escuelas Nieto! —me respondió con acento despanzurrado entre Argentina y Caracas con latigazos sonoros de New York—.
Tito es uno de esos made in Galicia con destino universal que han refugiado su patria en su memoria, un ejemplo de la gran biodiversidad que hambres pretéritas dieron a la emigración gallega. En las Escuelas Nieto aprendió a relacionarse con la música. Su primera banda, de niño por los famentos años 40 de posguerra, fue la de ese emblemático centro educativo vigués. La segunda, aún adolescente, la Banda Municipal de Vigo. Desde entonces, con 14 años, inició una vida anclada y desatada por la música. Sentado con él hace unos días ante una cerveza refrescante en una de las Islas Afortunadas, me recitaba los nombres de los primos que aún le quedan en Vigo, sirviéndose de un diminutivo para algunos quizás procedente de los años comunes de infancia: Montse, Carmelita, Piedacita, Bea, José, Carlos, Gerardo, Lino, Edelmiro... Agrovigo, que gerencia Gaspar Martínez Cameselle, o el hotel Junquera, son empresas de Vigo con nombres asociados a esa familia suya de la que el éxodo emigrante lo obligó a distanciarse con sus padres hace más de medio siglo. “Papa y mamá murieron, y también mi único hermano”, contaba.
Si lo explicáramos con ínfulas literarias, diríamos que su historia podría empezar el día en que, con 15 años, le pidió unos zapatos nuevos a su padre para ir a tocar a Mosende y volver con unas perras para la casa.
Con la Banda de las Escuela Nieto en 1946.

–Non podemos, meu filliño. Leva os meus —le respondió triste la voz paterna, poco antes de sacárselos y añadirle un relleno en la parte anterior para que no le bailaran en los pies—.
Quizás ese recuerdo ha sido el revulsivo que siempre lo llevó a luchar contra toda intemperie en su vida de músico itinerante a este gallego que nunca olvidó su lengua madre y recurre a ella con acento caraqueño cada vez que se emociona.
Le pido que retroceda lo más atrás en su memoria. “Nací el 26 de agosto de 1932 en La Brea, detrás de las mismas escuelas Nieto de Lavadores. Mis padres, Pilar Cameselle y Humberto Iglesias Táboas, un pequeño constructor que sufrió los estragos económicos de ese tiempo. Volví hace unos años a Vigo y nada tiene que ver aquello con el todo monte en que yo nací, lleno de cañaverales de los que yo hacía flautas con hierro caliente. En 1936 tenía sólo 4 años y de ese tiempo no tengo muchos recuerdos aunque creo que oídos de disparos por Cambeses que no sé si me los imagino, gente escondida en las casas, otra que pasaba por delante de la nuestra cantando melodías que me quedaron grabadas.... Luego, los bonos de racionamiento aunque en mi casa con el cerdo, las gallinas y la huerta nos íbamos arreglando.
No vayan a buscar los buceadores de memoria histórica a una familia represaliada políticamente sino a un producto del exilio económico. Tito no exhibe definición política alguna. Le pido que me tararee esos ritmos que retiene: uno, La Internacional (él ni idea de tal pertenencia); otro, una canción falangista. “No nos faltaba de comer lo básico con nuestra propia economía de autoconsumo, pero no teníamos ni para comprar unos zapatos, sobre todo después de todas esas huelgas que hubo antes de la guerra”.
Tito y Santana compartieron escenario como se ve en el anuncio de la página anterior.

Pero ¿y la música? ¿dónde empezó su idilio con la música? Tito Iglesias recuerda a “don Benedicto”, el director de las Escuelas Nieto en los años 30, pero a quien no olvida es a Mónico García de la Parra, director de la Banda Municipal de Vigo, que a él y otros compañeros los inició en el solfeo, armonía y contrapunto. Aún se conserva en el colegio el piano desde el que los educaba, que Tito acarició en su última visita como si tocara una reliquia histórica. “Era un excelente maestro —me dice— y recuerdo que de 5 a 8 de la tarde teníamos clases también con otros. Con ellos aprendí a tocar el clarinete y el saxo tenor. En este colegio teníamos una nutrida banda de música infantil”.
El mentor de Tito Iglesias,Gato Barbieri.
Tito Iglesias con Gloria Estefan y su marido en Nueva York.

Debían ser buenos porque a siete u ocho de ellos los eligieron más o menos en el año 46, no recuerda bien, para formar parte de esa Banda Municipal de Vigo que dirigía Mónico G. de la Parra. Sorprende que no se olvide Tito Iglesias de los nombres de sus compañeros musicales de aquel tiempo de pantalones cortos y calcetines raídos. Jaime, saxo tenor; O Vica, tuba; Fernandín, clarinete; Barciela, saxo alto; O tapín, trompa; Silverio, trompeta... “Allí recibí clases de clarinete de un tal Senra, un excelente solista de la banda que fue uno de los mejores sonidos que yo escuché en mi rotar posterior por el mundo. A ellos les estaré eternamente agradecido”, cuenta.
Con 14 años, ya en la Banda Municipal de Vigo, Tito Iglesias se iba con el saxofón prestado a tocar con la orquesta Bahía en salas de baile de Las Traviesas, el Seixo, Barreiro... y de ahí sacaba unos dinerillos para ayuda familiar.
“El local de ensayo de la banda municipal —rememora— quedaba en el mismo barrio de putas, con perdón, la Herrería, y al conserje de la academia en que se guardaban los instrumentos le daba unos pesitos y me prestaba un saxofón alto con el que, por ejemplo, me iba a tocar los domingos a Mosende con un acordeonista y un baterista. Subía al tranvía hasta O Porriño, durmiendo allí tras la fiesta, cogiendo a las 6 de la mañana un autobús que nos devolvía a Vigo y caminando kilómetros a veces bajo la lluvia. Eran otros tiempos más sufridos”.
Sus padres se fueron para Argentina en 1949, dejándoles a su hermano y a él con un tutor durante un año. “En 1950, teniendo yo 18 años, nos reclamaron y nos fuimos para Luján, donde ya eran capataces de una finca. Llegué allí con mi mejor bagaje de las Escuelas Nieto, la música, y fui encontrando trabajo en diversas orquestas como la de Mario Carri, la Varela Varelita, la Jazz Casino... y en esos primeros años conocí a Gato Barbieri, un tipo de izquierdas, un excelente saxo tenor que luego se haría famoso con la banda musical de El último tango en París y con el que toqué en muchos sitios”.
El músico gallego en Miami.

¿La Jazz Casino? Fue una gran orquesta y Tito Iglesias llegó en esos años 50 a ser considerado uno de los mejores saxofonistas de Buenos Aires. Eran tiempos en que fue testigo de cómo el legendario trompetista Dizzy Gillespie, de paso por allí, se quedó tan fascinado por la banda de jazz que montó en Buenos Aires el gran Lalo Schifrin, que se lo llevó con él a Nueva York como su pianista y director.
Pero hablamos de Tito y en Argentina y después en Venezuela, a donde llegó en 1960, acompañó a estrellas del firmamento musical como Tom Jones, Sammy Davies Jr., las Supremes, Engelbert Humperdinck, Barry White... Los más grandes viajaban con su banda básica y en su itinerario mundial agregaban como refuerzo a los mejores del lugar en que actuaban.
Cuenta Tito que en eso adquirió mucha experiencia. “Estos monstruos de la música venían varias veces al año y actuaban en salas de conciertos como la del Caracas Hilton o el Tamanaco Hotel, por las que yo pasé como parte de la banda contratada”.
En los años 80 Tito ya estaba en Miami, donde pasó unos cuantos años para luego saltar a Nueva York, ciudad en la que su antiguo colega Gato Barbieri le recomendó a sus amigos. En uno u otro lado acompañó con su saxo a Gloria Estefan, con la flauta a Santana (con el que hizo una gira), a Mongo Santamaría, a Tito Puente en el Paladium neoyorquino...
“Recorrí todo el Nueva York nocturno, el Bronx, Manhattan, Queens... tocando jazz, salsa, funky o lo que se terciara con lo mejor y peor de esa ciudad. Me he metido mucha noche en mi vida pero nunca he fumado, ni bebido, ni me he drogado, ni he sido fichado por la policía o por algún partido. He sido un tipo muy sano y, cuando alguien a altas horas de la noche me proponía hacernos una cocaína o algo parecido yo siempre he dicho: ‘Mira hermano, yo estoy completo. (De repente Tito cambia al gallego) Eu comía co meu pai lacón con grelos, cocido, non me fales deso. (Vuelve al castellano) Por las venas mías ya pasa el jazz. ¿No ves cómo me disparo yo solo?”.
En medio saltó a Las Vegas, donde estuvo dos años actuando con la banda del hotel Ambassador y acompañando a artistas como Julio Iglesias, Mark Anthony, Henry Mancini... Un músico necesita para vivir muchos recursos entre tanta competencia, y en su pasado están muchas cuñas comerciales de televisión, tocando o haciendo arreglos para marcas diversas...
Vuelto a Nueva York y pasados los años, vivió la crisis producida por la caída de las Torres Gemelas.
“Tocaba en Seven Park Avenue, un local de jazz, y la disminución de trabajo empezó a hacerse patente para muchos músicos. Creo que en 2001 vendí todo lo que tenía y me volví a España, a Vigo, pero no encontré en mi ciudad sitio para músicos tan bregados como yo”.