La Opinión a Coruña

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Pero, ¿quién fue...?

Texto: Salvador Rodríguez
Entre los veintiseis gallegos más ilustres de la historia elegidos por la Real Academia de la Historia hay algunos poco conocidos para el gran público
Camilo Alonso Vega, Severiano Martínez Anido, Gaspar de Zúñiga y Eduardo Dato.

LOS FRANQUISTAS. Camilo Alonso Vega. En general no cuesta relacionar su nombre con el franquismo, pero se conoce menos que éste fue uno de hombres de mayor confianza de Franco desde antes incluso de la sublevación del 18 de julio. Alonso Vega, ex combatiente en el frente de Marruecos, fue quien dirigió la rebelión militar en Álava y, durante la Guerra Civil, asumió la Jefatura de la IV División de Navarra. Ferrolano también, Franco le premió con varios cargos, entre ellos el de director de la Guardia Civil (etapa en la que se le calificó como el “Director de Hierro” por su exigencia disciplinaria) y el de ministro de la Gobernación (1957). Fallecido en 1971, era uno de los hombres más duros e intransigentes del régimen. Caso similar al de Camilo Alonso es el de Salvador Moreno Fernández, incriminado por Baltasar Garzón en el polémico auto judicial sobre la Guerra Civil. Moreno se destacó como líder entre los militares sublevados en el Arsenal de Ferrol y ocupó, en dos etapas, la titularidad del Ministerio de Marina. En este apartado también incluimos al almirante Rafael Estrada y Arnáiz quien, dotado de una gran formación intelectual, además de desempeñar el cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército, destacó por su pluma culta y ágil (escribió numerosísimas publicaciones y editó y dirigió revistas sobre materia naval) puesta al servicio de la causa convirtiéndose en uno de los, por así decirlo, téoricos militares del régimen. De Severiano Martínez Anido seríamos injustos si únicamente lo señalásemos por su adhesión a Franco; primero porque Anido falleció en 1938 y, segundo, porque en esa tesitura ya era toda una personalidad famosa en España tanto por su participación heroica en las campañas de Filipinas y Marruecos como por su ya más discutible gestión como Gobernador Civil de Barcelona, ministro de Miguel Primo de Rivera (Anido venía a ser algo así como el “duro” de la “dictablanda”) y ministro del gobierno provisional franquista constituido el 1 de febrero de 1938.
–LOS ZÚÑIGA. Probablemente encabecen, Gaspar de Zúñiga y Acevedo y Baltasar de Zúñiga y Velasco, el ranking de “desconocidos” en esta nómina de ilustres. Del primero, no obstante, se entra inmediatamente en materia al informar que se trata del quinto Conde de Monterrei y que, entre otros cargos, desempeñó los de virrey de la Nueva España y virrey del Perú, durante cuyos mandatos fundó varias ciudades y combatió (y, a la par, trató bien) a los indios que se rendían) y a los piratas. Por su parte, de Baltasar de Zúñiga y Velasco bien podemos asegurar que fue el hombre más importante de la monarquía de Felipe IV, del cual era valido (fue uno de los pocos validos que murieron ocupando aún este cargo). Se le ha comparado con Godoy pero, a diferencia de éste, del gallego Zúñiga no se han vertido las venenosas críticas que recibió el primer ministro de Carlos IV sino que, muy al contrario, Baltasar debió ser un prodigio de lealtad, honestidad y generosidad: llegó a renunciar a recibir cualquier tipo de recompensa, económica, honorífica o territorial, por el desempeño de su importantísimo cargo.

Manuel Becerra, Estrada Arnáiz, Eugenio Montero Ríos y Gregorio Fernández.

¿Qué villa o ciudad de Galicia no luce en alguna de sus calles el rótulo de Montero Ríos? Deben ser escasas y, desde luego, las de menor población. Otro cantar es si preguntas quién fue ese tal Montero Ríos, Eugenio María de nombre. Pues sin duda uno de los gallegos con más largo currículum vital y profesional. Es tanto, que aquí sólo destacaremos unos cuantos puntos, véase: líder de la Revolución de 1868, diputado, principal portavoz de los partidarios de separar la Iglesia del Estado, ministro con Juan Prim, Amadeo I y Sagasta, y presidente del Gobierno en 1905 (reinado de Alfonso XIII). De naturaleza eminentemente progresista, a lo largo de su vida Montero Ríos oscilaría, no obstante, entre el republicanismo y el monarquismo. Sus críticos afirman que fue el máximo exponente y sustentador del entramado liberal del caciquismo político dominante en la Galicia de la Restauración
El compostelano Fernando de Casas y Novoa fue el principal representante de la arquitectura barroca en Galicia. Entre sus obras maestras, es preciso señalar la capilla de Nuestro Señora de los Ojos Grandes (catedral de Lugo) y, sobre todo –y aquí “caerán en la cuenta” muchos de ustedes– la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago de Compostela.
De Gregorio Fernández , Eduardo Dato y Jenaro Pérez Villamil diremos que se trata, efectivamente, de personajes bastante bien conocidos de la Historia de España, pero tal vez abunden quienes ignoren su origen gallego. En Valladolid, por ejemplo, igual no le va muy bien si osa decir que el escultor Fernández nació en Sarria (Lugo) pues los vallisoletanos lo consideran suyo. Y en cierto modo les asiste la razón: Gregorio Fernández vivió en la ciudad pucelana, donde falleció, durante tres cuartas partes vida.
Jenaro Pérez Villamil (1807-1854) merece en esta página una pincelada, no en balde, además de estar considerado el mejor pintor gallego de todos los tiempos, también se le tuvo por el más importante paisajista europeo (y tal vez mundial) de su época: residió gran parte de su vida en Madrid
En cuanto a Dato, apuntemos: presidente de Gobierno tres veces (con Alfonso XIII de rey) y ministro en cuatro gobiernos distintos y de cuatro carteras diferentes ( Gracia y Justicia, Gobernación, Estado y Marina). A él se le atribuye la inteligente posición neutral que España mantuvo durante la I Guerra Mundial.
Rematamos la presente con Manuel Becerra y Bermúdez (1820-1896), apasionante personaje que destacó en la política (varias veces ministro) y en las matemáticas, y que presidió como Gran Maestre la orden masónica del Gran Oriente, la más poderosa de la España de su época.