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La camelia, mucho más que una flor ornamental

Texto: Tere Grandín

Momento de la revisión de la camelia. / Gustavo Santos

Galicia abandera un proyecto pionero que podría convertir a la camelia, flor abundante en nuestra comunidad, en una revolución económica por sus propiedades cosméticas y su valor culinario

La más colorida reina del invierno —y algo de la primavera— podría convertir a Galicia en una de las mayores productoras de aceite de camelia del mundo, con todo lo que ello conllevaría para la economía galaica. Y es que de esta bella flor se extrae un óleo que a sus muchas propiedades cosméticas suma su valor culinario, mayor incluso que el del aceite de oliva. Sin olvidar que de sus hojas se consigue un té de excepcional calidad. Su potencial no deja lugar a dudas y desde hace tres años la comunidad gallega abandera un proyecto pionero que podría convertir una flor ornamental en el eje de una auténtica revolución económica.
En Galicia, y especialmente en las Rías Baixas, ha encontrado un hábitat ideal y desde hace mucho más de un siglo adorna fincas, pazos y jardines. Durante la dinastía Ming fue considerada “la flor más hermosa que hay bajo los cielos” y cada año que pasa cuenta con más espacio de cultivo en tierras gallegas, lo mismo que aumenta el número de incondicionales de este prodigio de la naturaleza que consigue renacer en la época más fría del año y que tiene cuanto se puede pedir a una especie. Es planta poco exigente, siempre vestida de follaje, de fácil multiplicación y con floración invernal. En Galicia se cultivan diversas especies, como la Camellia japonica, la Camellia sasanqua o la reticulata, aunque la producción de té se corresponde básicamente con la Camellia sinensis y la de aceite con la Camellia oleifera. En esta tarea de difusión y estudio puntero tiene mucho que decir la Estación Fitopatolóxica do Areeiro, un centro dependiente de la Diputación Provincial de Pontevedra dedicado a la investigación práctica y al diagnóstico en materia de fitopatología forestal y agraria. La responsable de la Unidad de Fruticultura y Floricultura, Carmen Salinero, junto con su equipo, está inmersa en la actualidad en el proyecto que analiza la producción del aceite de camelia. “La zona de España que presenta mejores condiciones climáticas para el cultivo de este árbol es la parte noroccidental, muy similar a la zona de China donde son cultivadas”.
Tanto sus características como sus propiedades químicas, muy parecidas a las del aceite de oliva, hacen que el aceite de camelia sea “un producto inmejorable para su uso como aliño en ensaladas y para cocinar guisos, adobos o frituras”, explica Carmen Salinero. Y al buen producto alimenticio que es suma otros usos. “Su alta concentración en ácidos grasos ayuda a restablecer la elasticidad, el equilibrio y la suavidad de la piel. Por eso tradicionalmente se ha utilizado para cuidar el pelo y la piel, y por eso se está utilizando también en la industria cosmética”.

Pablo Mansilla, Ingeniero de montes
“¿Por qué no hacer de la camelia un cultivo productivo y rentable?”
El ingeniero de Montes Pablo Mansilla siempre ha vivido entre camelias. “Desde muy pequeño las he conocido y mi forma de ver el mundo, mitad de ingeniero y mitad de empresario, me llevó a pensar en la necesidad de profundizar en esta planta, que en prácticamente todo el mundo es conocida por su función ornamental pero que posee otros usos como son el té y la producción de aceite”. Por eso su trabajo de fin de máster lo planteó sobre la posibilidad empresarial de producir y comercializar aceite de camelia, máxime cuando el clima en Galicia es idóneo para esta planta.
“Todo ello me llevó a pensar —explica Pablo— en por qué no darle una vuelta de rosca a la camelia, cerrar el ciclo industrial y convertirla en un cultivo productivo y económicamente rentable”. Generaría también paisajes de una belleza inigualable. “Estas plantaciones son impresionantes; he tenido el placer de estar en alguna de té cuando estuve en Indonesia y no son comparables a nada. Son imposibles de observar fuera de sus zonas de cultivo natural como China, Indonesia o Vietnam”. Las plantaciones aumentarían también el atractivo turístico en las zonas en las que estuvieran asentadas, “especialmente en los meses de otoño e invierno (momento en el que florece la camelia), fechas en las que el turismo además sufre un fuerte retroceso frente a otras épocas del año, y esto se combinaría con la producción industrial de un aceite de un valor alimenticio elevadísimo y cuyo cultivo fuera de China apenas existe, salvo pequeños cultivos en Australia y EEUU”.
Poder disponer de plantas y empresas de este tipo en Galicia sería muy positivo, en opinión de este experto, “porque el cultivo industrial de grandes superficies de camelia no es fácil y sólo es viable en muy pocas zonas del mundo, entre las que se encuentra Galicia. Ello generaría un aceite totalmente diferente al que se comercializa actualmente y más sano que el aceite de oliva. Sería factible combinar un cultivo limpio y bonito como pocos, con la capacidad de producir un aceite de calidad, con técnicas no contaminantes y respetuosas con el medio ambiente y ayudar a mantener el paisaje y aumentar la riqueza de los bosques de Galicia”.
En su proyecto, Pablo Mansilla explica los valores del producto. Y uno de ellos es precisamente su novedad. “Además de ser nuevo en nuestro mercado presenta un sabor diferente al del resto de aceites comercializados con un ligero sabor y aroma a té que lo hace distinto a cualquier otro aceite que se comercializa en el mundo”. Suma a ello sus componentes saludables. “Tiene un alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados, bajo contenido en saturados, elevada concentración en vitaminas A, B, D y E y en minerales como el fósforo, zinc o calcio, entre otros, y un elevado punto de humo que dificulta que pierda sus propiedades naturales y libere radicales cancerígenos”.
Las especies del género Camellia florecen en otoño e invierno y la recolección de las semillas tiene lugar sobre los meses de septiembre u octubre, momento en que los frutos alcanzan su punto de madurez. Las especies que mejor y más aceite producen son de la Camellia oleifera y la C. yuhsienensis; la primera suma a su concentración el hecho de que es fácilmente adquirible fuera de las fronteras de China, “y su cultivo y producción están altamente probados y se ajustan a la climatología de la franja norte de la península Ibérica, especialmente Galicia y norte de Portugal”.
Pablo Mansilla recuerda también los otros usos que permite el óleo de la colorida reina del invierno, y que generarían otra fuerza de ventas. “La industria de la cosmética, porque ésta introduce el aceite de camelia en numerosas preparaciones por ser un elemento con alto contenido en ácidos grasos, lo que lo convierte en un producto perfecto para restablecer la elasticidad, el equilibrio y la suavidad de la piel”. Esta es la razón de que tradicionalmente haya sido usado —especialmente en la cultura oriental— en el tratamiento de pieles sensibles e irritadas. Y ya las geishas lo empleaban para sus peinados.

El aceite de camelia, desconocido prácticamente en Europa, es heredero de una tradición milenaria que se remonta a la Dinastía Sui en China en torno al año 600 antes de Cristo. “Desde esta época el aceite de camelia ha sido empleado con fines culinarios, como elemento para freir y cocinar, y para la elaboración de cosméticos y productos medicinales. No es, por tanto, un producto de nueva creación”, refiere la bióloga de la Estación Fitopatolóxica de Areeiro. La fabricación de aceite es el segundo uso más importante de la camelia en China, “especialmente en las provincias de Jiangxi, Hunan y Zhejiang —en la zona sudoriental—, donde más del cincuenta por ciento de la población consume este tipo de aceite a diario”.
La Camellia oleifera es la especie más cultivada del mundo para su transformación oleica debido a su productividad. De cada kilogramo de semilla pueden llegar a extraerse entre 500 y 650 mililitros de líquido. La otra especie más cultivada es la Camellia yuhsienensis, considerada como la que mejor aceite produce. De cada kilo de semilla se obtienen aproximadamente entre 480 y 550 mililitros. Los frutos suelen tener un diámetro medio de seis centímetros y dentro de ellos pueden encontrarse tres o cuatro semillas.
Es un óleo que tiene prácticamente todo. “Presenta una alta concentración de ácidos grasos monoinsaturados, que supera al de aceite de oliva —continúa Carmen Salinero—. Además, es rico en vitaminas A, B, D y E y en minerales como el fósforo, zinc, calcio, manganeso y magnesio”.
El aceite se obtiene de las semillas de camelia por prensado en frío, lo que permite mantener todas las propiedades beneficiosas de la planta. El óleo obtenido posee un sabor único, con un ligero aroma a té con un toque de fondo a nuez. El color es amarillo con matiz verde claro. Además de su paladar incomparable, es más saludable que el resto de los aceites que se comercializan. Es un producto natural que se extrae de la semilla sin procesos químicos y que es perfectamente apto para el consumo en crudo, como aceite para freír o formando parte de salsas para acompañar a cualquier tipo de comida.
Su composición química hace que tenga un elevado punto de humo, valor que hace referencia a la temperatura a la que el aceite empieza a emitir humos y a partir de la cual pierde sus propiedades. Los que cuentan con este smoking point son óleos más sanos para cocinar.

El té gallego
Si las condiciones climáticas de Galicia son propicias para la obtención de un excelente aceite, también lo son para la producción de té. Porque la infusión se prepara a partir de brotes y hojas jóvenes secos de un arbusto perenne que se corresponde botánicamente con la especie Camellia sinensis, originaria de la zona limítrofe entre China y Vietnam. “El cultivo es sencillo —explica el ingeniero de Montes Pablo Mansilla, que ha hecho su proyecto de fin de máster sobre los usos comerciales y la rentabilidad económica de la camelia—. Es una planta que crece bien en emplazamientos tanto soleados como sombríos y prefiere suelos ligeramente ácidos. La Camellia sinensis tolera la sequía y el calor y es excelente para la formación de setos, para mantener en macetas o como arbusto de jardín”. Así que la planta del té, al tratarse de una camelia, puede cultivarse perfectamente en los jardines como planta ornamental, ya sea como arbusto o incluso como planta de tiesto en terrazas.
Pablo Mansilla ha basado su proyecto de fin de máster MBA realizado en la Escuela de Negocios Caixanova en la posibilidad empresarial de producir y comercializar aceite de camelia. Los resultados de su trabajo —único hasta ahora y con el que obtuvo una valoración de 9,4 sobre 10— muestran que, “a pesar de ser una industria inexistente en Europa, sí es interesante desde el punto de vista de los inversores, con numerosas oportunidades de mercado, potenciales clientes y con grandes posibilidades de internacionalización”. El proyecto se plantea con la creación de una empresa —Acemelia— para 350 hectáreas y permitiría producir a los 6 años 45.000 litros de este preciado líquido, “lo que generaría una facturación de 730.000 euros y una rentabilidad económica por encima del 30%”.
El proyecto de este joven ingeniero propone comercializar el producto dentro del mercado de los aceites, y dirigido a cuatro tipos de público “identificables y muy diferentes entre sí”. Personas concienciadas con su alimentación, que buscan salir de la rutina y ampliar el número de ingredientes empleados en su dieta a través de novedosos productos que les reporten nuevas sensaciones y sabores sería uno de los primeros grupos al que iría destinado este aceite.
El estudio plantea también comercializar el óleo “a restaurantes de cocineros innovadores, de media-alta cocina, quienes buscan emplear nuevos productos con los que satisfacer los gustos y las demandas de sus clientes mediante la creación de platos con novedosos ingredientes que den a sus elaboraciones un mayor valor añadido”, explica Pablo.
El tercer objetivo sobre el que se centraría la fuerza de ventas sería el de la de gente con problemas de colesterol y enfermedades coronarias. Investigaciones como la del doctor Gao Jiyin, profesor del Subtropical Forestry Research Institute (China) han demostrado que el aceite de camelia es beneficioso para el ser humano, especialmente para evitar enfermedades del corazón y de la sangre, actuando también como un potente antioxidante.
El cuarto público al que se dirigiría la producción es, dice Pablo Mansilla, “la industria de la cosmética, ya que ésta introduce el aceite de camelia en numerosas preparaciones por ser un aceite con alto contenido en ácidos grasos lo que lo convierte en un producto perfecto para restablecer la elasticidad, el equilibrio y la suavidad de la piel”.
La razón de que el aceite de camelia no sea comercializado en casi ningún punto del mundo salvo en China y algunas zonas aisladas del planeta “es precisamente la política de proteccionismo de este país, lo que dificulta que este producto salga de sus fronteras a pesar de su excepcional calidad para el consumo humano y de sus beneficios para la salud. Otra razón de su ausencia en los mercados es que el cultivo de la camelia está poco investigado y muy ligado a las condiciones climáticas de la zona geográfica en la que se desarrolla. A pesar de estas limitaciones, la franja norte de la península Ibérica cumple las condiciones para que este cultivo se lleve a cabo de una forma óptima”, sostiene Pablo Mansilla. Además, al cultivarse y producirse en Galicia y en toda la franja norte, “el consumidor final adquiriría un producto novedoso, diferente e incomparable con unas condiciones sanitarias mucho mejores y más fiables que la de otros aceites de camelia procedentes de China”.

Sabor y diferencia
Con esta industria “se busca cerrar el ciclo iniciado por el turismo cuando la camelia fue nombrada flor de Galicia, de forma que no sólo sea una planta empleada tradicionalmente en los jardines, sino de la que se puede extraer un producto comercializable como es su aceite a través de un proceso industrial de extracción”, dice este ingeniero que reitera el valor del producto a través de sus tres características principales: su sabor, único e incomparable, diferente al de cualquier otro aceite; sus propiedades saludables que ayudan a reducir el colesterol y previene las enfermedades coronarias y su novedad, ya que “es un producto diferente que no se encuentra en el mercado”.
El aceite obtenido de la flor de Galicia se vendería inicialmente, según el estudio de Pablo Mansilla, “principalmente en España y Portugal ya que son dos países próximos, con una cultura del aceite como parte de su dieta muy asentada y que además han introducido la camelia dentro de su cultura y, por lo tanto, no es una especie ajena ni extraña para ellos. Además las comunicaciones entre los dos países son muy buenas y la frontera se sitúa muy próxima a donde se localizaría la fábrica de Acemelia”. Todavía queda mucha investigación por delante pero las posibilidades apuntan a que la flor de Galicia podría convertirse en unos años en uno de los pilares económicos de la comunidad. El aceite obtenido de sus semillas es un producto “muy interesante”, tanto desde el punto de vista de la salud como desde el de la cosmética.

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