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El diseñador Pepe Barro se estableció en A Coruña en 1998, después de 14 años en Santiago, donde empezó a trabajar con su equipo, el Grupo Revisión Deseño. De su estudio salió el primer ´cuponazo´ de la Once y el uniforme de la selección gallega de fútbol. Barro se queja de la destrucción sistemática de edificios históricos de la ciudad y de que las autoridades sean insensibles a su preservación

"A los coruñeses no les gusta su ciudad"

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Isabel Bugallal

A Coruña

La camiseta de la selección gallega, el anagrama de la Universidad de A Coruña, la caja de huevos de Pazo de Vilane, la cartelería del Museo de Belas Artes... Todo esto y más ha salido del estudio del diseñador Pepe Barro (Pontedeume, 1955), que con Xosé Salgado y Lía Santana forma el Grupo Revisión Deseño. También hizo el programa de Iberojazz, "el primer trabajo que hacemos para el Ayuntamiento de A Coruña", dice. "Soy de Pontedeume pero no salgo en los libros de Ramiro Fonte, él es algo más joven y no coincidimos", puntualiza Barro, que se expresa habitualmente en gallego.

-¿Se ha hecho coruñés?

-Soy también muy compostelano, estuve viviendo allí catorce años. Como aquí llegué después de haber estado trabajando allí,me costó hacerme un poco coruñés. Me cuesta trabajo aceptarlo; empecé a hacerme algo de A Coruña cuando me fui a la Ciudad Vieja y empecé a vivir el ambiente del barrio, a pesar de que está muy muerta y abandonada, entre otras cosas porque a los coruñeses no les gusta su ciudad, parece que la odian ,y acaban destruyendo sus signos de identidad de siglos porque no hay cultura de conservación del patrimonio. Parece que no les gusta, pero no es de ahora, viene de siglos atrás, lo que pasa es que antes no existía el concepto de patrimonio, y hoy sí, y tenía que ser asumido por los gobernantes, pero parece que no acaba de cuajar. Manzanas enteras de galerías han desaparecido y se sustituye la arquitectura tradicional por otra ya no mediocre, lo cual sería una maravilla, sino por mala arquitectura y pastiches. El mejor ejemplo es el antiguo edificio de Fenosa, de los años sesenta, ahora de viviendas y recubierto con una piel para que parezca el palacio de Versalles. A Coruña es la ciudad que más edificios históricos derribó por una falsa idea de progreso, doce caserones de la Ciudad Vieja desaparecieron.

-Está hecho un activista de la Ciudad Vieja.

-Colaboro con los colegas de la asociación de vecinos, pero no soy de los más activos porque no tengo tiempo.

-¿Promovió usted el Cortexo Cívico das Letras Galegas?

-Estoy entre los promotores, me ocupo sobre todo del guión. El de este año, que será el quinto, ya lo tenemos preparado.

-¿En qué está trabajando?

-Estamos rediseñando la imagen corporativa de la Universidad de A Coruña, que hicimos hace 18 años.

-¿Se ha quedado vieja?

-Pasaron ya 18 años y la institución cobró confianza y se acepta que sea una universidad nueva. Trabajamos en esa línea de transmitir la idea de que el factor juventud es una ventaja. No sé todavía si será muy distinto del actual. Trabajamos también para el 25 aniversario del Consello da Cultura Galega, en la renovación de la web de Turgalicia, estamos empezando a preparar una exposición sobre Curros Enríquez, el pabellón de Galicia en la exposición marítima de Brest...

-¿La competencia es dura?

-Hay cierta competencia. Cuando empecé, hace treinta años, no había prácticamente nadie. Hoy hay bastantes diseñadores.

-¿Quiénes son sus maestros?

-Sobre todo América Castro, que me dio clases en Barcelona y me influyó muchísimo. Y las vanguardias históricas, naturalmente, en particular los constructivistas.

-¿Los de Madrid, no: Cruz Novillo o Alberto Corazón?

-También, pero menos. Y Daniel Gil, el portadista de Alianza Editorial. En Galicia estaba Xoan Ledo, un médico que hacía portadas para Galaxia de estilo expresionista. De jóvenes, preferíamos a Gil, pero con el paso del tiempo valoramos más a Ledo.

-¿Todo lo que no es tradición es plagio?

-Los diseñadores estamos acostumbrados a tener que entendernos. Intentamos introducir un poco de poética para que el trabajo tenga más interés y sea eficaz, pero tenemos que trabajar dentro de las tendencias. Es necesario trabajar con referentes que ayudan a comunicar el mensaje.

-¿Los clientes son muy exigentes o caprichosos?

-Cada vez son más cuidadosos y también más considerados con el trabajo y, afortunadamente, trabajamos en el campo de la cultura, donde la consideración por el trabajo quizá sea mayor. Pero también me gustaría hacer cosas en otros ámbitos, en el diseño de productos, por ejemplo. Hace más de veinte años hicimos el primer cuponazo de la Once, lo que significaba entonces 15 millones de ejemplares por cada boleto.

-¿Se ha abusado del código de barras?

-No lo sé, pero en Japón está de moda ponerlo en la tarjeta de visita, con todos los datos codificados. En breve llegará aquí.

-¿Es un oficio con pocas mujeres?

-Como en cualquier profesión. Sin embargo, la Asociación Profesional de Deseño de Galicia está presidida por una mujer, Uqui Permui.

-¿Fue al concurso de la imagen institucional del Gobierno?

-Eso fue un disparate, no sólo lo digo yo, lo dijo en su día también la Asociación Española de Profesionales del Diseño. Es un disparate convocar un concurso público popular, abierto a todos para dar una falsa oportunidad democrática. Todo el mundo puede coger un lápiz, pero no comunicar, eso lo tiene que hacer un profesional. A nadie se le ocurre convocar un concurso abierto a todo el mundo para hacer un edificio, y no solamente porque se pueda caer. Parece que es muy democrático pero es un disparate, como lo que hizo el Ayuntamiento para identificar el 800 aniversario de la ciudad. La mayoría de los profesionales no se presenta a esos concursos. El del Gobierno español, curiosamente, lo ganó un diseñador que trabaja habitualmente con La Moncloa.

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