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Hombre del tiempo

Santiago Pemán: "El auténtico verano llega cada vez más tarde a Galicia"

"Cuando las lunas acompañan al mes, no adelantadas ni retrasadas, es que el tiempo se corresponde con el propio de la estación"

Santiago Pemán. / xoán álvarez

Santiago Pemán. / xoán álvarez

Salvador Rodríguez | A Coruña

-La gente se queja, dice que este verano está siendo climatológicamente malo, pero hay quienes afirman que es un 'verano típicamente gallego'.

-Tienen más razón los primeros: estamos ante un verano anormal.

-¿Y qué explicación tiene?

-Bueno, hay varias teorías científicas al respecto, a las que yo recurro, y luego hay otras explicaciones en las que yo procuro fijarme también, como son el caso de las lunas y los refranes meteorológicos.

-¿Qué dicen las lunas?

-Pues que cuando las lunas acompañan al mes, es que el tiempo se corresponde con el propio de la estación. En cambio, cuando van retrasadas o adelantadas, es cuando ocurren ciertos desajustes climáticos. Desde el año 2003, en que padecimos aquella ola de calor en Galicia, lo que se viene registrando es un retraso de las lunas que vamos notando más a medida que el retraso es más acusado. Y eso es lo que está ocurriendo este verano.

-O sea, que igualmente vendrán los días luminosos y de calor, pero más tarde.

-Exactamente. Yo calculo que entre la última semana de este mes y la primera de septiembre, más o menos por ahí le andará, asistiremos a un aumento de las temperaturas.

-¿Es ésta una tendencia o un fenómeno accidental?

-Más que tendencias, en climatología hay periodos de alrededor de cinco, quince, veintincinco o cincuenta años, y estamos ahora viviendo uno de ellos.

-¿Me concreta la explicación?

-Por ejemplo, mi infancia fue de cielos despejados, de pertinaz sequía, en cambio la suya... Por cierto, ¿cuántos años tiene?

-Paso de los cuarenta.

-Entonces recordará que en la década de los 70 y parte de los 80 llovió a mares. Como puede ver, hubo un periodo de clima seco y otro de clima húmedo y ambos duraron entre 15 y 20 años. Después vino un periodo distinto que culminó en torno a 2003 con aquella oleada de calor que antes le cité y que se caracterizaba no tanto porque subiesen mucho las temperaturas por el día, sino porque no bajaban lo que estábamos acostumbrados a que bajasen por las noches. Eso era lo que trataba de explicarle.

-Mentes cualificadas sostienen que todo esto es culpa del cambio climático...

-No cabe duda de que algo de eso puede haber, pero este factor si acaso habría que comprobarlo a muy largo plazo. Y le estoy hablando de miles e incluso millones de años.

-¿Qué diferencias existen entre el modo de ofrecer la información del tiempo que usted utilizaba cuando empezó, y la forma de hacerlo hoy en día?

-Fundamentalmente, la llegada de internet. Entre 1986 y 1992 tenías que buscarte la vida como pudieras, intentando localizar emisoras extranjeras. A partir de 1992 empezaron las primeras páginas web meteorológicas y hoy hay millones de ellas, algunas muy buenas. Lo que pasa es que, claro, en este oficio, como en todos, la experiencia es la que te proporciona sabiduría, por eso abundan los jóvenes a los que si les quitas internet son incapaces de pronosticar nada. Por otra parte, desde el punto de vista estrictamente televisivo, la información también cambió: pasó de ser la imagen de un señor con un mapa a convertirse en una especie de reportaje con todo el material de que hoy se puede disponer.

-Se rumorea que usted, además de variables científicas, utiliza métodos secretos para realizar sus pronósticos. ¿Eso es cierto o una leyenda urbana?

-Es verdad en parte, pero yo no tengo ningún secreto para hacer lo que hago. Lo que sí hago, por ejemplo, es utilizar las témporas que....

-Perdón que le interrumpa: ¿qué son las témporas?

-Pues es un sistema que viene de los pueblos paganos de Roma y que les permitía averiguar el tiempo que iba a hacer en una estación partiendo de la observación del cielo en unos determinados días, concretamente los miércoles, viernes y sábados. En realidad, es un poco más complejo, pero es que me tiraría horas explicándoselo.

-Y, ¿qué otros métodos son made in Pemán?

-Tengo una especial debilidad por los refranes, como le dije.

-Pero eso de científico no tiene nada.

-Ya, pero tenga en cuenta que hace cientos de años no había termómetros, y numerosos refranes meteorológicos datan de muy antiguo y, créame, suelen tener razón.

-¿Por ejemplo?

-San Isidro Labrador (15 de mayo) quita las nubes y pone el sol.

-A pesar de todos los adelantos tecnológicos, los profesionales de la Meteorología confiesan que, realmente, más allá de tres días los pronósticos no son fiables....

-Es cierto pero, bueno, yo me atrevo a darlos por la experiencia que tengo acumulada. Y le voy a dar una prueba: mire, el próximo puente del 15 de agosto el cielo en Galicia, en general, va a estar muy nuboso y probablemente haya chubascos.

-Todo el mundo habla de él pero... ¿Me cuenta para que podamos entenderlo qué es el anticiclón de las Azores?

-Es, ante todo, un objeto muy deseable, ¡ja, ja! Me explico: supóngase que un anticiclón es un hombre fijo en un sitio y las borrascas una serie de mujeres que pasan por allí. Pues ocurre que cuando las mujeres lo dejan, ese hombre nos da unos cuantos días de buen tiempo y, en cambio, cuando se le acercan, produce mal tiempo.

-Se lo pregunto de tanto oírlo.

-Claro, es que está muy mitificado. En realidad, para Galicia el anticiclón de las Azores no es el más bueno, son mejores los que vienen de los países escandinavos: entre otras cosas, porque duran más.

-¿Qué son las isobaras?

-Son esas rayas que vemos en los mapas y sirven para saber si hay buen tiempo o mal tiempo. En la estación en la que estamos, si las rayas están muy juntas, malo; y si están muy separadas, bueno.

-¿A qué se debe el bochorno que padecemos algunos días de este verano y que algunos relacionan con tormenta inminente?

-A que el resto de la Península está con mucho aire cálido, y como parte de él llegó hasta nosotros, al tener contacto con el mar se produce un aumento tremendo de la humedad: esa es la causa del bochorno, pero no siempre anuncia tormenta.

-Si usted viviese en Madrid ¿elegiría Galicia para pasar sus vacaciones de verano?

-¡Por supuesto! Yo pienso como unos amigos míos que, estando yo fuera, me llamaron y se me quejaron: '¡Oye, Pemán, que estamos en Santiago y resulta que no llueve!'. Quien veranea en Galicia ya sabe lo que hay.

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