12 de agosto de 2009
12.08.2009

Retrato colectivo de gallegos olvidados

El fotoperiodista Delmi Álvarez pone rostro y da voz a la emigración en un libro de gran formato

12.08.2009 | 02:16
El pontevedrés Manolo Trigo, en su hacienda de Manila, con un guardia de seguridad en 1993. / delmi álvarez

Durante los últimos veinte años, el fotoperiodista nacido en la ciudad de Vigo Delmi Álvarez ha rastreado un centenar de ciudades de los cinco continentes para realizar el inventario de la emigración gallega. De este modo, ha puesto rostro y escrito las historias personales de todos aquellos que debieron abandonar, hace varias décadas pero que todavía hoy siguen dejando, aunque en circunstancias bien distintas, la tierra que les vio nacer. Una tarea ingente, pero que era necesaria

"Veña, tira aí unhas fotos, rapaz!". Los obreros Felisindo y Antelo sonríen con sorna al objetivo sobre un edificio en construcción. Ginebra, Navidad de 1989. Delmi Álvarez iniciaba el proyecto Galegos na Diáspora, que le ha llevado y traído durante dos décadas por todo el mundo para documentar la emigración. Su trabajo acaba de ver la luz como un libro de gran formato editado por la anterior Xunta y prologado por Ian Berry, de la agencia Magnum.

La obra es "un tributo" al "sacrificio" de aquellos que dejaron sus lugares de origen huyendo de la miseria. "La diáspora es uno de los pilares en los que Galicia se ha desarrollado y le debemos absolutamente todo. Obviarla, criticarla o ignorarla es no reconocer nuestra propia memoria histórica", reivindica. La idea del proyecto surgió durante una entrevista con Valentín Paz Andrade, pero Álvarez ya llevaba en la sangre el espíritu viajero de su abuela Rosalía, "una heroína como otras muchas mujeres de su época que emigraron a Cuba".

Su primer gran viaje lo realizó siendo adolescente en el taxi del "italiano", un mercedes negro que cubría la ruta entre Galicia y Alemania, para visitar a sus tíos, también emigrantes en Hannover. En el 89 volvió a recorrer Europa, esta vez en un autobús Alsa con un billete pagado por la compañía para fotografiar la diáspora.

A la vieja Europa le siguieron Canadá, África, Australia, las antiguas repúblicas soviéticas, Estados Unidos y Latinoamérica. El fax y las cartas fueron sustituidos por internet y tras Felisindo y Antelo fueron retratados otros gallegos como el boucense José Luis Bastos, junto a una cebra recién cazada en Walbis Bay (Namibia), un grupo celebrando el fin de año en Nueva York con marisco y Seven up o Tito, junto a su tienda de comestibles en la Gran Sabana venezolana.

Para Álvarez ése fue el lugar más recóndito en el que fotografió a un emigrante, aunque todavía busca a un gallego casado con la hija del jefe de una tribu australiana. "Me estará esperando. No se me escapa".

África ha sido el continente más complicado para trabajar y ha llegado a recibir amenazas, aunque ha vivido situaciones de todo tipo en otras latitudes: "Me han cerrado las puertas en México o Argentina pensando que iba en representación de don Manuel, muchos no han dejado que me fuera a un hotel, otros me han regalado una pepita de oro y hubo quien me propuso matrimonio". Hay algo común, "el escepticismo" del primer momento. " Normal en los gallegos", apunta. Los emigrantes y sus descendientes, a pesar de no haber pisado nunca Galicia, hablan el idioma "perfecto" o con un deje simpático en Latinoamérica, y conservan las costumbres. "El pueblo de Chaguazoso emigró en masa a Chile y allí celebran desde hace más de cincuenta años su propia fiesta. El arraigo a la tierra es eterno".

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