Para el anterior director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Alberto Sáiz, 2008 puede ser considerado como su annus horribilis dentro de su trayectoria profesional. Desde que el diario El Mundo comenzó a desvelar aspectos de su gestión al frente de los servicios de espionaje, tuvo que pasar un auténtico calvario que culminó el pasado 2 de julio con su dimisión ante la ministra de Defensa, quien no obstante alabó la labor que había realizado.

Después de varios meses de tensión, nada parecía mejor para relajarse que unas vacaciones veraniegas en una localidad tranquila, alejada de las habituales convulsiones políticas de Madrid.

Por eso Sáiz no abandonó su costumbre de pasar el mes de agosto en Carballo, la localidad natal de su mujer, María del Carmen Rodríguez Caamaño, a la que acude desde que contrajeron matrimonio.

La pareja reside en el domicilio que la familia posee en el centro de la villa, a la que regresan todos los veranos tres de los cinco hermanos Rodríguez Caamaño que residen fuera de Carballo.

Gracias a sus periódicas visitas a la capital de Bergantiños, Sáiz es un hombre conocido por los carballeses, entre quienes cuenta con un grupo de amigos con los que acude regularmente a tomar los vinos por los establecimientos de la localidad.

De pesca

La cercanía al mar anima además al ya ex director del CNI a satisfacer una de sus mayores aficiones: la pesca. Sáiz no duda en recoger sus útiles para acercarse hasta la costa y practicar este deporte, pese a que le supuso un disgusto durante su etapa al frente del espionaje español. Entre las acusaciones vertidas por sus subordinados a través de filtraciones a la prensa, figura la de efectuar viajes a países lejanos a costa del erario público con el único fin de dedicarse a pescar.

También el origen carballés de su mujer le trajo sinsabores a Sáiz, puesto que se le culpa de haber ordenado la adquisición a cargo del CNI de patatas de Ardaña, la parroquia carballesa de la que proceden los Rodríguez Caamaño y en la que poseen la casa familiar, aunque en estado ruinoso. Cuando esta acusación llegó a oídos de los carballeses, causó extrañeza, puesto que es habitual entre quienes veranean en la comarca llevarse productos del campo que les entregan de forma gratuita sus allegados, en especial las patatas, ya que las cosechadas en Bergantiños tienen una fama extraordinaria.

Pero no fue ésta la única conexión con Carballo de los problemas padecidos por Sáiz, a quien también se le atribuye haber practicado el nepotismo con una sobrina de su mujer que residía en A Coruña y a la que habría colocado en la sede del CNI en Madrid para ocupar un cargo directivo.

Las filtraciones publicadas aseguraban que esta familiar accedió al puesto sin haber superado las pruebas que se exigen a empleados de esta cualificación, mientras que a otros dos familiares del mismo grado les habría empleado en puestos de menor importancia en Cataluña.

Ninguna de estas graves acusaciones, que por el momento no han sido probadas, han afectado a la relación de Sáiz con sus amistades carballesas, de las que sigue gozando como en los veranos precedentes, incluso ahora con mayor libertad, al poder prescindir de la siempre engorrosa presencia de los hombres que garantizaban su seguridad.