Ha pasado por grandes escenarios de todo el mundo, como el Albert Royal Hall de Londres o el Folies Bergère de París, y ha llevado a los escenarios de Broadway el musical El Zorro. Pese a alcanzar estas alturas, Rafael Amargo sigue siendo aquel granadino de 16 años que empezó a bailar con Lola Flores. Vive pegado a la realidad. A pesar de las tablas que da la vida, la vulnerabilidad ha ido creciendo en su personalidad sin darle cuartel, reconoce. Instalado ahora en Barcelona, empieza una nueva etapa con Solo y Amargo, espectáculo más humilde, alejado de los musicales flamencos de 30 o 40 personas con los que giró por medio mundo. El flautista Juan Parrilla, quien firma la dirección musical del montaje, es el autor de una suite en la que el bailaor da un repaso a la Granada de Lorca. Lo más atrevido de la propuesta es Lo eres todo, de Luz Casal, con una coreografía que firma el premio Nacional Ramón Oller. Como Lourdes Fernández (Russian Red), Amargo se suma al plantel de artistas que últimamente se declara de derechas.

-¿Qué es Solo y Amargo?

-Un espectáculo donde por primera vez me enfrento yo solo a los seis astados, usando el lenguaje taurino. Bailo solo en el show con una banda dirigida por Juan Parrilla. Aquí no hay dramaturgia ni argumento. Es una propuesta autobiográfica sentimentalmente hablando. La gente dice que es lo mejor que he hecho hasta ahora.

-¿Una especie de catarsis en la que canta Ne me quitte pas en escena?

-Sí. Hay mucho de eso. Verás qué bonito queda ese tema de Jacques Brel. Hay otro momento en el espectáculo, cuando estoy sobre una mesa, en el que improviso y, si estoy a gusto, canto otra canción. Y si no estoy tan a gusto, no la canto.

-¿De qué canción se trata?

-Algo más intimista y más flamenquero: un tango argentino por bulerías. El tango es muy arraigado y parecido al flamenco.

-¿Es más difícil bailar solo que acompañado?

-Sí. Tienes más riesgos de que te pille el toro. Me doy cuenta de que este espectáculo lo tendría que haber hecho antes. Era algo que tenía en el tintero hace tiempo. Y la verdad es que estoy en la gloria: me he quitado a mucha gente de encima y se me ve más liberado. Estoy muy bien y muy contento.

-¿Cómo se mueve en el intimismo del flamenco ahora mismo?

-Muy bien. Este espectáculo tiene una sintonía que está genial. Detrás de él está la idea de que menos es más. Algo poco habitual en mí.

-¿Se baila mejor desde la amargura?

-Sí. El dolor siempre es muy arraigado. Siempre se baila mejor desde ese estado o desde la tristeza, que siempre me inspira mucho.

-¿Le gustaría dejar de ser mediático?

-Depende de para qué cosa. Mi arte me gusta que sea masivo, para toda la gente. Pero como personaje público, lo de ser mediático me parece un coñazo. Sé que lo que digo es egoísta. En este sentido, estoy buscando un equilibrio y no titubear. Por eso creo que ahora estoy en un buen momento de mi vida.

-¿En qué momentos recuerda a Antonio Gades?

-Siempre. Me quedó grabada la última creación que hizo, Fuenteovejuna. Gades es una de las maravillas de la danza española.

-Una curiosidad. ¿Le parece bueno lo que hace Israel Galván?

-Sí. Me parece muy bueno. Lo que hace Galván es una vuelta de tuerca más. Tiene una manera de hacer flamenco y una visión muy particulares. Israel me gusta como persona y como intérprete.

-¿Cuál es su método de trabajo para no caer en lo manido y lo gastado?

-Ahora estoy volviendo a los clásicos. En estos momentos, me dejo llevar, no pienso en lo que la gente pueda pensar de mi trabajo. Ya he sufrido mucho pensando en eso. Pongo en marcha un espectáculo cuando tengo muchas ganas de hacerlo. Porque si las ganas no son muchas, me sale regular.

-La bailarina Marta Graham dejó una huella clara en su manera de trabajar. Pero ¿qué significa ser contemporáneo hoy día?

-La danza contemporánea es una danza más libre que el flamenco; está menos anclada. La danza contemporánea tiene una idiosincrasia menos estricta que el flamenco, pero éste es libre. ¿Qué significa ser contemporáneo? Yo sólo sé que incluso me estoy atreviendo a ser más libre que el flamenco.

-¿Cuándo se dio cuenta de que el flamenco era su forma de expresión primera?

-Lo he sabido toda la vida. Desde que salí del vientre de mi madre con siete meses. Ya me salí de ella con mucha velocidad y con ganas. Venía dando guerra.

-Enrique Morente homenajeó Poeta en Nueva York en Omega y usted hizo lo propio con un espectáculo homónimo, ¿por qué todos le quieren rendir homenaje a Lorca?

-Yo soy lorquiano. Me crié en el mismo pueblo, en la misma casa y en la misma familia que él. Vengo de esa casa. Mi abuelo era el cartero y amigo íntimo de Lorca. Era el primero que se enteraba de todo en lo que trabajaba Federico. Fue en mi casa donde escribió La casa de Bernarda Alba.

-¿Por qué los artistas no se levantan contra el Gobierno ahora?

-España entera está levantada contra el Gobierno por todo lo que está pasando.

-Pero los artistas no están con la pegatina como cuando el 'No a la guerra'.

-Eso es complicado. Ahora mismo la gente espera ya un cambio de gobierno para ver si los que vienen hacen otro tipo de cosas.

-Lourdes Fernández (Russian Red) ha dicho que es de derechas. Podría ser que muchos grupos de pop indie lo sean. ¿De qué ideología son la mayoría de flamencos?

-Simpatizo con la derecha. La de hoy en día no es una derecha radical ni falangista. Sino que es muy tolerante, abierta, con un sentir parecido a la izquierda en muchas cuestiones, pero más estricta y menos hippy que la izquierda que tenemos.

-Zapatero pide cambiar el modelo de España, y Rajoy, elecciones ya. ¿Quién tiene razón?

-No escucho ni a uno ni a otro. Pero quiero un cambio ya. Zapatero debería salir de inmediato. Debería ser más consciente de las barbaridades que ha cometido.

-Cuando ve telebasura, ¿qué piensa de usted mismo?

-No tengo televisión. Bueno, sí. Tengo el aparato, pero no TDT. La tele es como una instalación artística en mi casa.

-¿La subversión se pierde con la edad?

-No lo creo. Yo soy más subversivo que antes, pero más vulnerable.