29 de noviembre de 2011
29.11.2011
PROTECCIÓN DEL BOSQUE GALLEGO

Las plantaciones de eucaliptos se duplicaron en los últimos 15 años

La superficie de esta especie pasó de las 138.500 hectáreas de 1996 a las 396.000 actuales . Los expertos achacan su expansión al rápido crecimiento que permite obtener beneficios a corto plazo

29.11.2011 | 13:07
Las plantaciones de eucaliptos se duplicaron en los últimos 15 años

Tras décadas de expansión del eucalipto en los montes gallegos donde las condiciones climáticas favorecen su crecimiento -lo que supone obtener beneficios en poco tiempo- la Xunta ha decidido ponerle freno para evitar la desaparición de los bosques autóctonos, al prohibir en la nueva ley de montes su plantación en estas zonas. En los últimos 15 años la superficie forestal dedicada a eucaliptares se ha duplicado, al pasar de las 138.500 hectáreas contabilizadas en 1996, según los datos del inventario forestal del Ministerio de Medio Ambiente, a las 396.000 actuales.

Los expertos aplauden la iniciativa del Gobierno autonómico. Eso sí, siempre que se traduzca en una mejor planificación del territorio y el aumento de la diversidad biológica en la comunidad. "Era necesario acotar su superficie porque ya se estaba llegando al límite", destaca el catedrático de Edafología de la Universidade de Santiago, Francisco Díaz-Fierros, quien apuesta por "frenar una tendencia en la que se esté hipotecado a una sola especie".

En cuanto al impacto ambiental, el edafólogo explica que es muy complicado cambiar su uso porque "las cepas y las raíces quedan en el terreno". A pesar de que algunos colectivos ecologistas achacan a los eucaliptos efectos negativos para el medio ambiente como la degradación del suelo o el excesivo consumo de agua, los expertos de los suelos quitan hierro al asunto y coinciden en que los daños "no son irreversibles".

El edafólogo Avelino Núñez aclara que aunque esta especie consume mucha agua solo perjudicaría al nivel que reciben los otros vegetales en zonas de "carestía extrema". "En estas zonas más sensibles no se debe permitir su implantación y es normal que los datos sean negativos pero a escalas mayores como las cuencas hidrográficas los efectos son menores", indica.

Por su parte, el profesor en Edafología, Agustín Merino, opina que la cuestión pasaijística es un aspecto "subjetivo". "No nos ocurre lo mismo con el pino porque lo vemos más próximo pero ambas son especies foráneas", añade. Por eso, demanda que los dos sistemas -naturales y plantaciones- tienen que "pervivir" respetando el medio y con "una planificación acorde a cada terreno".

Díez-Fierros alerta de que los eucaliptales ya suponen casi 400.000 hectáreas en la autonomía y en las marinas de A Coruña y Lugo incluso representan el 80% de la ocupación forestal. Aunque desde el año 1996 las hectáreas dedicadas a eucaliptares aumentaron en un 124% el gran boom se produjo una década antes, cuando se experimentó un crecimiento de hasta el 453%. Los tres docentes también están de acuerdo en el motivo de esta progresiva propagación del eucalipto en Galicia desde la década de los 80: la rapidez para obtener rentabilidad económica.

"El asentamiento de las celulosas, un mercado fijo que acapara la producción de esta especie influyó en la subida de la demanda", afirma Díaz- Fierros. Merino insiste en que en la autonomía la propiedad de la tierra apenas supera la hectárea, por lo que el titular "destina esa superficie a una cosecha rápida para obtener beneficios en un corto plazo". De esta forma, se explica que sean más abundantes las plantaciones de eucaliptos, cuya media de crecimiento ronda entre los 12 y 15 años frente a otras como las de castaño y cerezo que pese a estar "mejor valoradas", tardan de 30 a 40 años en desarrollarse.

Debido a su rápida expansión -aseguran los expertos- se gestiona más como "un cultivo" que como una masa forestal, pues la comunidad gallega copa más de la mitad -el 52,1%- de las 760.000 hectáreas de toda España. Los eucaliptos se suelen plantar en zonas con mucha pendiente donde "otros árboles no se adaptarían" y es una opción escogida por los propietarios para "mantener de manera cómoda las fincas que no cultivan".

Para que la situación cambie creen que el Ejecutivo gallego tendría que dar subvenciones a los bosques autóctonos como estímulo económico y así evitar que dentro de unos años prolifere "otra especie de moda que sea rentable a corto plazo", concluye Núñez.

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