La crisis ha agravado como nunca el tradicional raquitismo financiero de la administración local. Pero incluso asfixiados por las deudas, la caída de los ingresos propios y la obligación de devolver parte de los fondos recibidos por parte de la Xunta y el Gobierno, muchos concellos gallegos siguen gastando más de lo que tienen. No es una situación excepcional. Según las liquidaciones presupuestarias hechas públicas por el Ministerio de Economía y Hacienda, casi la mitad de los 315 ayuntamientos que hay en Galicia -concretamente, 146- cerraron 2010 con un desfase presupuestario entre ingresos y gastos. Pero este error de cálculo no solo afecta a los municipios. También las diputaciones de A Coruña y Ourense dejan salir más dinero del que entra en sus arcas, lo que se tradujo en el caso de la primera en un desajuste de 45,7 millones de euros a final de año, y en el de la segunda, en algo menos de cinco millones de euros.

Este desfase, sin embargo, no puede achacarse a la crisis, o al menos, no únicamente. En 2008, cuando los problemas económicos empezaban a asomar la cabeza y la economía todavía crecía, 148 concellos liquidaron el ejercicio con más gastos que ingresos, solo dos más que el año pasado. Y es que según el último informe del Consello de Contas, un total de 52 ayuntamientos gallegos cerraron el ejercicio 2008 con un déficit de tesorería que comprometía su solvencia financiera a corto plazo. Una tendencia que, a la luz de las liquidaciones de 2010, muchos no han logrado corregir.

De los 146 ayuntamientos que acabaron el año con un desfase presupuestario, (48 en A Coruña, 38 en Ourense, 32 en Pontevedra y 28 en Lugo), en una docena de ellos los gastos superan en más de un 20% sus ingresos. En algunos casos la situación es tal que salió de tesorería prácticamente la mitad del dinero que entró en caja. Así ocurrió en San Cristovo de Cea o en Leiro, dos pequeños municipios ourensanos con menos de 3.000 habitantes en los que el año pasado las partidas de gasto superaron en más de un 40% a los ingresos, o en el concello coruñés de Valdoviño, donde la diferencia fue del 33,89%.

Y aunque porcentualmente el desfase entre ingresos y gastos no es tan espectacular, tampoco las ciudades se libran del problema. Santiago y Pontevedra cerraron el ejercicio 2010 con más gastos que ingresos. Aunque el diferencial en el primer caso fue de solo 633.000 euros, la capital gallega lleva lleva tres años consecutivos en esta situación, mientras que Pontevedra, que hasta ahora había mantenido el equilibrio en sus cuentas, cerró el año pasado con una diferencia entre ingresos y gastos de 5,3 millones. En la lista no figura A Coruña, que pese a ser la ciudad gallega más endeudada (130 millones de euros, según cifras del propio Consistorio) gastó menos de lo que ingresó, aunque por un margen de solo 0,18%.

Una de las partidas que más dinero absorbe a los concellos es la de personal, que el año pasado representó alrededor del 30% de todos los gastos de la administración local. Pero a pesar de la merma de sus principales fuentes de ingreso, concellos y diputaciones no parecen haber aplicado la tijera en sus plantillas fijas, ya que el año pasado destinaron al pago de nóminas casi 910 millones de euros, un 14% más que los 783 millones de 2007.

Paralelamente, los concellos han ido asumiendo cada vez más competencias, que no siempre han venido acompañadas de la correspondiente financiación. Las partidas para bienes corrientes y servicios se llevaron el año pasado otro 30% del gasto, y aunque de momento los concellos han ido sorteando la crisis, endeudándose y retrasando pagos, pero sin tocar servicios básicos, si no logran aumentar sus ingresos parecen abocados a hacerlo. Este capítulo absorbió el año pasado 922 millones, 28 más que en 2008.

El expresidente de la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp), el socialista Carlos Fernández, llevaba meses alertando del peligroso diferencial entre ingresos y gastos en muchos concellos, un aspecto que, en su opinión, determina la buena o la mala salud de un ayuntamiento. Y su sucesor en el cargo, el popular José Manuel Rey Varela, reconocía en una entrevista a LA OPINIÓN el pasado fin de semana que lo fundamental para cualquier administración es la "solvencia y no gastar lo que no se tiene".

Pero a diferencia de su predecesor, que alertaba de que concellos que habían reducido sus facturas "al mínimo" tampoco cubrían costes, el nuevo presidente de la Fegamp cree que todavía hay margen para "gestionar mejor los recursos públicos" y prestar los mismos servicios con menos dinero y sin tener que reducir la oferta actual.