Tardes de estío en Lóngora
El pazo de Marcial del Adalid y Fanny Garrido, en Oleiros, fue foco de la vida musical, literaria y científica de A Coruña

El pazo de Lóngora tras su restauración y retrato de Marcial del Adalid y Fanny Garrido. / la opinión
Isabel Bugallal | A Coruña
El pazo de Lóngora "fue durante algunos años -entre la segunda mitad del siglo XIX y los primeros del XX- centro de la vida musical y literaria de A Coruña, verdadero foco de cultura europea en la soledad del campo de Galicia", dejó escrito Carlos Martínez Barbeito. La espléndida casona del músico Marcial del Adalid y de la escritora Fanny Garrido, que tantas veces inspiró al pintor Francisco Lloréns, competía en lo literario con las torres de Meirás, donde Emilia Pardo Bazán se rodeaba de intelectuales para discutir las cuestiones palpitantes de las letras y de la política, y en lo musical se medía con las tertulias de Canuto Berea en la trastienda de su establecimiento de instrumentos de la calle Real.
El matrimonio Adalid pasaba los inviernos en Madrid y los veranos en el pazo coruñés, así que las tardes de estío en Lóngora eran todo un acontecimiento. A aquellas tertulias, trufadas a menudo por conciertos de piano, acudían personalidades como la escritora y periodista Sofía Casanova y su marido, el filósofo polaco Lutoslawki; Alejandro Pérez Lugín -su obra, La casa de la Troya, se rodó en el pazo cuando fue llevada al cine-, el pintor Germán Taibo, de breve vida y gran legado; el director de El Noroeste Alfredo Tella, toda una referencia del periodismo coruñés, además de los ya mencionados Lloréns (el único discípulo gallego de Sorolla), Berea y Pardo Bazán, amiga de Fanny y a la que dedicó su libro Escaramuzas -firmado como Eulalia de Liáns, su pseudónimo literario tomado de la parroquia donde está enclavado el pazo de Lóngora. La novela, de corte autobiográfico, llegó a sufrir la censura del segundo marido de Fanny Garrido, el científico lucense José Rodríguez Mourelo, que hizo retirarla de la circulación.

Tardes de estío en Lóngora
Marcial del Adalid, hijo de la floreciente burguesía empresarial coruñesa, cuya fortuna heredó pero no cultivó pese al deseo paterno, se entregó a la música y viajó por toda Europa, para aprender -quiso, aunque sin éxito, ser alumno de Chopin en París, y recibió clases de Monschéles en Londres- y para relacionarse con los compositores de la época, siempre acompañado por Fanny, mujer de gran belleza y cultura, que tradujo a Goethe (Viaje a Italia) y a Heine (Cuadernos de viaje).
Lóngora fue también escenario del trabajo compositor de Adalid, autor de la ópera Inés e Blanca, que está reconocido como el mejor folclorista y el creador de la música gallega culta. Falleció en 1881, a los 51 años. A su muerte, Fanny se casó con el químico Rodríguez Mourelo, catorce años menor que ella, que amplió el círculo de relaciones al ámbito científico: el Nobel de Medicina Ramón y Cajal, el ingeniero e inventor Torres Quevedo o José Rodríguez Carracido, pionero de la bioquímica en España.
Hoy apenas queda rastro de aquel escenario rodeado de hermosos jardines y el pazo de Lóngora, perdida su atmósfera romántica, alberga ahora el Instituto Universitario de Medio Ambiente.
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