25 de mayo de 2017
25.05.2017

Los supervivientes de Mauthausen

Carlos Hernández presenta hoy en A Coruña el libro y el cómic en los que narra el horror de prisioneros españoles como su tío en campos de concentración de Alemania

25.05.2017 | 01:02
Liberación de los prisioneros en el campo de concentración de Mauthausen el 5 de mayo de 1945.

"Me encuentro en un campo de prisioneros en Alemania. Somos unos 700 españoles. Los nazis nos mantienen separados del resto". Así empezaba en 2015 Carlos Hernández un relato en Twitter, bajo el perfil @deportado4443, en un viaje imaginario al pasado que colocaba como narrador en tiempo real a su tío Antonio Hernández, deportado en Mauthausen y fallecido en Francia en 1992. A través de esta red social relataba los horrores de los más de 9.300 españoles prisioneros en los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial, entre ellos 179 gallegos.

Durante tres meses el escritor, residente en Galicia, contó el cautiverio de su tío en primera persona en Mauthausen, "el campo de los españoles": las torturas, los asesinatos y las humillaciones a las que fueron sometidos. Más de 50.000 tuiteros se engancharon a estas historias del prisionero 4.443 y ese fenómeno permitió que esos tuits se convirtieran en viñetas narradas por el propio Carlos Hernández e ilustradas por el dibujante Ioannes Ensis en el cómic Deportado 4443. La cantera de Mauthausen cuyos 186 peldaños los prisioneros que ascender cargados con bloques de granito de hasta 50 kilos, el crematorio, las cámaras de gas... Todo el horror nazi aparece reflejado en esta historia ilustrada. El autor ya era conocido por haber publicado el bestseller Los últimos españoles de Mauthausen, del que vendió más de 20.000 ejemplares en dos años, y en el que recuperó no solo la historia de su tío sino de otros 80 personajes.

A 18 de ellos tuvo la oportunidad de entrevistarlos y las vivencias de los demás las compuso con testimonios de los supervivientes y documentos de la época. Además de su tío, el murciano Antonio Hernández que sobrevivió a cuatro años y medio de cautiverio, el escritor "resucita" al barcelonés Francesc Boix, que con su cámara inmortalizó los horrores de Mauthausen y robó los negativos que sirvieron como prueba en los juicios de Núremberg para inculpar a dirigentes de la Alemania nazi. Cuenta también situaciones desoladoras como las que tuvo que soportar el cordobés Juan Romero, encargado de recoger la ropa de los judíos que metían en la cámara de gas. Hernández presentará hoy a las 20.00 horas en el Museo Casares Quiroga de A Coruña las dos obras. En el acto estará acompañado por el concejal de Culturas, José Manuel Sande y la colaboradora de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) Carmen García-Rodeja.

Mauthausen era el destino más habitual de miles de republicanos españoles apresados por el Ejército nazi tras cruzar los Pirineos en su huida a Francia tras la victoria de Franco en la Guerra Civil española. Y hasta que en mayo de 1945 las tropas aliadas llegaron a las puertas del campo de exterminio y fueron liberados, los prisioneros trabajaban como esclavos en la construcción del propio centro y en su cantera. Muchos no resistieron hasta la liberación y de los más de 9.300 españoles víctimas del holocausto, 5.185 murieron durante su cautiverio. Unos 4.816 perdieron la vida tras las alambradas de Mauthausen y otros en los campos alemanes de Dachau, Buchenwald o Ravenbrük.

En el caso de Galicia, de los 179 prisioneros un total de 106 fallecieron en los campos de exterminio. A Coruña fue la provincia gallega que registró el peor saldo, con 44 fallecidos entre los 75 deportados entre 1940 y 1945 como consecuencia de los trabajos forzosos, quemados en hornos crematorios, fusilados o asfixiados en la cámara de gas. De los 37 recluidos de Pontevedra, los 36 de Ourense y lo 32 de Lugo murieron víctimas del holocausto nazi una veintena de personas por cada provincia.

El libro aporta documentos inéditos que permiten acusar al régimen franquista de ser cómplice de Hitler en esas deportaciones y de facilitar, con su pasividad e indiferencia, la muerte en las cámaras de gas de más de 50.000 judíos de origen sefardí. También apunta como responsables de los malos tratos que sufrieron los prisioneros españoles a la Francia de Pétain, al líder soviético Stalin y a empresas alemanas y norteamericanas que colaboraron con Hitler.

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