29 de mayo de 2019
29.05.2019
La Opinión de A Coruña
Elecciones municipales | Debate en la izquierda

Las bases del PSdeG deben autorizar los pactos o el apoyo a alcaldes de otras fuerzas

La dirección gallega del partido analizará cómo cumplir una obligación con resultado vinculante || La cúpula de Ferraz puede desautorizar su celebración

28.05.2019 | 22:01
Un militante socialista vota en unas primarias.

La serie electoral ha convertido al PSdeG en una alternativa con opciones de desbancar al PP de la Xunta en las autonómicas del año que viene. Al histórico sorpasso a los populares en las generales por primera vez en Galicia, se añadieron unas elecciones municipales que le permitirán gobernar con 66 mayorías absolutas y opciones de pactos en otros 40, sumando en total la mitad de población de Galicia, gracias a que tienen a tiro los bastones de mando de cinco ciudades, además de Vigo, única con mayoría absoluta. Sin embargo, sus normas obligan al partido a consultar a sus militantes en cada municipio sobre los pactos que supongan formar una coalición o apoyar la investidura de un cargo de otro partido. La dirección del PSdeG analizará en los próximos días cómo afrontar esta obligación, supeditada a autorización de la Ejecutiva Federal, si quedará en manos de las agrupaciones locales o si establece algún límite para no someter a consulta decisiones en pequeños concellos con unos pocos militantes. En dos semanas se constituyen las nuevas corporaciones.

El rechazo a que gobierne el PP está claro en las filas socialistas. En Galicia, además, el irrelevante peso de Ciudadanos descarta el debate sobre un posible pacto con ellos, al que la dirección estatal del PSOE pide que levante su "cordón sanitario", sondeando acuerdos en Madrid „capital y comunidad„ que impedirían al PP retener ambos feudos y anularían el voto determinante de Vox. Todo ello, a pesar de que las bases socialistas gritaron en la sede de Ferraz a Pedro Sánchez, líder del partido y presidente del Gobierno en funciones "¡Con Rivera, no!" tras las generales para evitar su pacto con Ciudadanos para seguir en Moncloa. La cúpula del puño y la rosa se guarda un as en la manga ante esa obligación autoimpuesta, que podría hacer peligrar un posible acercamiento a C's en Madrid. "La consulta solo podrá celebrarse si la Comisión Ejecutiva de ámbito territorial superior a la proponente la autoriza y la Comisión Ejecutiva no muestra desacuerdo", indican las normas internas. Los aparatos provinciales y autonómico podrían desautorizar esa consulta "siempre de manera motivada".

En Galicia, sin embargo, sí existen casos que podrían enmarcarse en la necesidad de una consulta a las bases "obligatoria y vinculante", pues afecta a "los acuerdos del gobierno en los que sea parte el PSOE" o "el sentido del voto en sesiones de investidura que supongan facilitar el gobierno a otro partido político". La pregunta o preguntas sometidas a las bases "deberán poder ser respondidas con un sí o un no", establece al artículo 479 el reglamento socialista que desarrolla los nuevos estatutos que sacó adelante Pedro Sánchez tras retomar las riendas del partido hace dos años, precisamente con su cercanía a las bases como bandera frente a la vieja guardia que impulsaba a su gran rival, la andaluza Susana Díaz.

Ciudades

Menos Pontevedra, el resto de ciudades quedarán en manos socialistas, pero cada caso es diferente en relación a una obligada consulta a las bases, supeditada siempre a las respectivas autorizaciones de las cúpulas provincial, autonómica y federal.

En A Coruña, Inés Rey podría gobernar en minoría, pero necesitará el voto en la investidura de Marea Atlántica y/o BNG, caso similar al de Lugo. En Santiago y Ourense el PSdeG fue la lista más votada. En el primer caso, Xosé Sánchez Bugallo será alcalde sin negociar. Sobre el papel, solo debería consultar a la militancia si entrasen en su ejecutivo Compostela Aberta y/o BNG, algo poco probable. En Ferrol, Ángel Mato tiene que responder a la exigencia de coalición de Ferrol en Común, lo que sí obligaría a consultar a las bases. En Ourense, Rafael Rodríguez Villarino solo se enfrenta al riesgo de un improbable acuerdo PP-Democracia Ourense.

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