09 de febrero de 2020
09.02.2020
Rosa Arcos Caamaño

"Ninguna política de Medio Rural pasaría, ni por asomo, un análisis de impacto de género"

"Si solo un 8% de mujeres ocupan cargos de dirección en las cooperativas, algo falla", asegura la presidenta de la Federación de Asociacións de Mulleres Rurais. "Las jubilaciones en diez años se solucionarán dando protagonismo a la mujer"

08.02.2020 | 19:50
Rosa Arcos, presidenta de Fademur.

Las estadísticas dejan claro que urge un relevo generacional en el agro. En diez años se jubilarán la mitad de los dueños de las explotaciones. Las aldeas no dejan de perder población en favor de los entornos urbanos „Galicia lidera en la última década la caída de la población rural„. "Tenemos un problema muy grave". Son palabras de Rosa Arcos que, al frente de la Federación de Asociacións de Mulleres Rurais „y como mujer de campo„ trabaja desde hace años por la puesta en valor del trabajo femenino, "porque las mujeres son el activo más dinámico" en ese entorno.

¿Qué papel desempeña la mujer ante la despoblación en el rural gallego?

Defendemos que las mujeres en el medio rural son el activo más dinámico. Somos las que, de alguna manera, nos buscamos más la vida, sacando proyectos de emprendimiento, buscando fórmulas de diversificación económica, de crear servicios, de hacer cosas positivas de cara al entorno. Todo eso se hace con escasísimo apoyo institucional y con muchas dificultades. El vaciado del rural no se podrá resolver si las mujeres no encontramos un espacio para montar nuestro proyecto de vida en él. Eso tiene que ver con las oportunidades de tener una vida, un empleo de calidad, unos servicios, un acceso al ocio, unas comunicaciones...

¿Es posible la conciliación en las aldeas?

Es factible si tú asumes el trabajo de los cuidados. Si no tú, tu madre, tu suegra, tu tía, tu hermana. Cuando no llegan los servicios públicos que se ponen en favor de la conciliación en los entornos urbanos se discrimina doblemente a las mujeres. Acabamos supliendo todo eso a base de quitarle tiempo y calidad de vida.

¿Viven las mujeres las crisis del agro de una forma más virulenta?

Sí. Al caer sobre ellas la carga del cuidado del entorno familiar, son muchas más las carencias a las que se tienen que enfrentar. Es un entorno donde el trabajo está muy masculinizado, donde los espacios públicos están ocupados básicamente por hombres, donde las alternativas de empleo cada vez son peores. Cada vez optamos menos por quedarnos. Las que lo hacemos, emprendemos. Todo ese esfuerzo debería ir acompañado de inversión y recursos públicos.

¿Tiene voz la mujer rural en el desarrollo de las políticas públicas que le afectan?

No diré que ninguna. Pero hay que empezar a escuchar lo que las mujeres rurales quieren, sin visiones paternalistas. La Consellería de Medio Rural, por ejemplo, tiene a su cargo toda la ordenación del territorio y la actividad económica del sector primario. No tiene ni una sola política para mujeres en el ámbito rural. Ninguna de las políticas de Medio Rural pasaría ni por asomo un análisis de impacto de género. Los presupuestos de las consellerías no tienen análisis del impacto de género en el rural. Es algo que hay que corregir. Si hacemos buenas políticas de ordenación del territorio pero excluimos a las mujeres de ser sujetos activos de las mismas, lo que hacemos es excluirlas del territorio. Si nosotras nos vamos, no hay posibilidad de remontar; si nos quedamos, lo hacemos con todo nuestro proyecto vital.

Además los proyectos emprendedores femeninos tienen mayor índice de supervivencia.

A pesar de que el sector primario está perdiendo activos, si se miran las estadísticas, las mujeres son hoy más titulares de las explotaciones agroganaderas. En otros sectores, como el forestal, prácticamente no existimos. Hay que incorporar a las mujeres en la toma de decisiones. Si en las cooperativas hay un 30% de mujeres socias y solo un 8% en cargos de dirección, es que algo falla. Lo mismo en las organizaciones agrarias. Estamos en un fifty-fifty, pero luego en la representación no estamos. Es algo que hay que resolver si queremos actuar ante el despoblamiento del rural.

Aún así, 40.000 granjas están en manos femeninas [últimos datos del Instituto Nacional de Estadística].

En el rural en Galicia, las estadísticas tienen que ver con una bolsa histórica de mujeres cotizando a la agraria que se incorporan a la actividad a partir de los 45-50 años para tener derecho a una prestación el día de mañana, no son realmente empresas agrarias. A las mujeres que sí están, no las vemos.

Y estaremos peor si no se asegura el relevo generacional.

Tenemos un problema a diez años vista muy grave. Más del 50% de los actuales propietarios agroganaderos y forestales tienen más de 55 años. Se van a jubilar a diez años vista. Es un problema que se debe resolver dando protagonismo a las mujeres. Naciones Unidas siempre dice que invertir en las mujeres rurales es el mejor mecanismo para fortalecer las comunidades en las que viven. Somos más propensas a generar círculos económicos. La economía de lo próximo funciona mucho mejor cuando las mujeres están reconocidas.

¿Cómo impulsar el emprendimiento femenino en el agro?

Con una línea específica que pueda favorecerlo. Hay programas de emprendimiento femenino, pero cuando los llevamos al ámbito rural „sobre todo si son de aprovechamiento de materias primas propias„ nos quedamos fuera. Puedo montar con ayuda pública una bodega pero si en vez de procesar en esa bodega la uva de mis viñedos, se la compro a un tercero. Si lo que quiero es promocionar mi propia bodega, no tengo un programa específico. Se trata de asumir una perspectiva de igualdad de oportunidades en el emprendimiento. Sería deseable que dentro de las ayudas de la política agraria, hubiera una perspectiva de género. Hablamos de hacer un plan de igualdad para mujeres rurales o crear, como en otras comunidades autónomas, un estatuto de las mujeres agricultoras y ganaderas.

¿Qué propósitos tiene Fademur en este nuevo año?

Seguir apoyando a las mujeres que deseen emprender y continuar luchando contra la violencia de género. Tenemos la sensación de que las políticas contra la violencia están concebidas desde una óptica muy urbanita, de recursos que en el rural no existen.

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