Si algo caracteriza el modelo de asentamiento poblacional en el territorio gallego es la dispersión. Raro es localizar un punto de la geografía desde el que de noche no se vea ninguna luz. Para conocer el alcance real de este fenómeno, el Instituto Galego de Estatística (IGE) ha realizado un estudio en el que, por primera vez, analiza las características espaciales de la población gallega no según el censo, sino tomando como base una malla regular, formada por cuadrículas de un kilómetro cuadrado, que cubre toda la superficie de la comunidad. Y una de sus conclusiones es que solo 11.755 cuadrículas de un total de 30.776 no cuentan con población. Es decir, que en el 38,2% del territorio gallego no reside ningún habitante. O al menos no residía en 2018, año de referencia para el análisis del IGE.

Comparado este dato con el conjunto del Estado, el resultado es sorprendente, dado que el 87% de la superficie de España, con datos de 2011, estaba libre de población. El factor de dispersión en Galicia quintuplica la media española.

Este informe con semejante grado de detalle resulta útil, según el IGE, para que las administraciones y también el sector privado puedan mejorar el proceso de toma decisiones en asuntos como la potencial población afectada por inundaciones, el grado de accesibilidad de los habitantes al centro de salud más próximo o el número de menores asignado a un colegio. Esta dispersión es la que está detrás del encarecimiento de la prestación de los servicios públicos en Galicia, ya sea por la malla de centros de salud o de colegios, además del transporte escolar, o por las redes de saneamiento, abastecimiento de agua o suministro de energía.

Pero de la misma forma que la población gallega está repartida por todo el territorio, esta distribución dista mucho de ser homogénea. Es más. Para nada lo es. Porque en el 27% del territorio viven menos de 21 personas por kilómetro cuadrado. Y en el 35% restante reside el 97,2% de los gallegos.

Evidentemente, el mayor grado de concentración humana se da en los siete grandes ayuntamientos de Galicia (Vigo, A Coruña, Ourense, Lugo, Santiago, Pontevedra y Ferrol), así como en los entornos de estas ciudades, las Rías Baixas, las Rías Altas y algunos núcleos del interior de la comunidad, concretamente Verín, Monforte y O Barco de Valdeorras. Ya un segundo nivel de concentración, más tenue, se produce en los márgenes de las grandes vías de comunicación como la AP-9, la A-52 (Ourense-Vigo) o lo autopista que enlaza Santiago con Ourense.