Las restricciones de movilidad, los cierres perimetrales y el toque de queda impuestos por el avance de la tercera ola y la amenaza de una cuarta redujeron los viajes por toda la geografía española. En consecuencia, el tráfico se redujo en todas las comunidades, en especial en el puente de San José y la Semana Santa, fechas en las que miles de gallegos aprovechan para hacer una escapada a la casa de la aldea, segundas residencias o viajar a otras comunidades para desconectar de la rutina y cargar pilas. Esta caída en los desplazamientos por carretera en el arranque del año se tradujo en un descenso de los delitos contra la seguridad vial.

En el primer trimestre del año, fueron interceptados en las carreteras de la comunidad más de 550 delincuentes viarios frente a los más de 700 del mismo periodo de hace un año, lo que supone casi una cuarta parte menos. Son una media de seis infracciones penales detectadas cada día en la red viaria, cuando hace un año eran ocho.

El año de la pandemia dejó durante el estado de alarma carreteras desérticas por el confinamiento, lo que se tradujo en un desplome del tráfico que algunos días rozó el 90%. En consecuencia, los delitos al volante también se redujeron, en concreto un 20% al pasar de los más de 3.400 detectados en 2019 por las patrullas de la Guardia Civil de Tráfico a casi 2.800 el año pasado. En el arranque de 2021 se produjo un descenso más acusado, casi cuatro puntos más en la red viaria de la comunidad ya que prácticamente durante los tres primeros meses estuvieron restringidos las salidas del propio ayuntamiento y a otras comunidades y la hostelería estuvo cerrada y posteriormente con límite horario.

“No hay fiestas, la hostelería ha estado cerrada y, sobre todo, el cierre del ocio nocturno es posible que hayan influido en que tengamos menos delitos en carretera. A esto hay unir que tenemos menos circulación, la gente está cada vez más concienciada y la Guardia Civil realiza numerosos controles preventivos a todas horas”, argumenta Héctor Teixeira, guardia civil en el Sector de Tráfico de Galicia.

Aunque no hay infracción penal que no preocupe a las autoridades de Tráfico, ya que todas de una u otra manera afectan a la seguridad vial y tienen consecuencias graves no solo para los delincuentes en carretera sino sobre todo para las víctimas, en los últimos meses con las restricciones de movilidad y el toque de queda se han disparado las alcoholemias. Hubo fines de semana en los que se detectaron más de 200 positivos en alcohol y/o drogas en los controles en la comunidad, tantos como antes de la pandemia se detectaban en toda una semana.

Después del consumo de alcohol, el delito que más se repite en las carreteras gallegas es el de conducción pese a haber perdido todos los puntos del carné. “En más de una ocasión nos encontramos que cometen más de un delito, y el que va bajo la influencia del alcohol ha perdido también los puntos o conduce con el permiso retirado por orden judicial”, explica Teixeira.

Cada vez que interceptan a un delincuente vial, los agentes de la Guardia Civil siempre escuchan justificaciones del conductor e incluso consejos sobre a quiénes deben perseguir en carretera. El que va sin permiso de conducción les dice que no es peligroso y que se “tendrían que meter” con el que corre. El que va con exceso de velocidad alega que su coche es seguro y que los peligrosos de verdad son los que beben. A los que detectan superando las tasas legalmente establecidas les recriminan que se dediquen a otra cosa. “Es un problema de responsabilidad. Nadie asume, pero todos terminan pagando las consecuencias de esas irresponsabilidades al volante, lamenta Teixeira.

Pero la labor del Sector de Tráfico en Galicia para sacar de la carretera a los delincuentes viarios no se limita a los controles diarios en todo tipo vías y a cualquier hora. La Guardia Civil también “patrulla” por Internet para detectar a esos conductores de riesgo. Para ello cuentan con la colaboración de ciudadanos anónimos que desinteresadamente les informan de estos delitos colgados en las redes y les ayudan “a que las carreteras estén más seguras”.

Tras varios años al alza de los delitos viarios interceptados en la red viaria gallega, solo las normas antiCOVID han logrado poner freno a las velocidades estratosféricas, la conducción sin carné o la negativa a someterse a la prueba de alcohol o drogas, entre otras infracciones penales. “Esperemos que la situación se normalice, nosotros haremos todo lo posible para que las consecuencias de la fatiga pandémica no se hagan notar en la carretera”, concluye Teixeira.

Una veintena de conductores se dieron a la fuga tras una colisión o atropello

Unos 1.000 conductores abandonaban cada año en las carreteras españolas a heridos o fallecidos tras un accidente, de los que en torno a un 10% se producían en la red viaria gallega. Desde hace dos años, la huida o abandono del lugar de un siniestro está tipificado como delito. La reforma del Código Penal que entró en vigor en marzo de 2019 penaliza con hasta cuatro años de prisión a los conductores que se marchan del escenario de un accidente con víctimas mortales o heridos (siempre que hayan requerido tratamiento médico o quirúrgico). No es necesario que el accidente fuese fruto de actuación imprudente, aunque ocurra de manera fortuita el automovilista a la fuga se enfrenta a penas de cárcel.

Desde que se aprobó esta nueva figura como delito contra la seguridad vial, en las carreteras de la comunidad han sido detectados una veintena de conductores que huyeron del lugar del accidente sin prestar auxilio a los heridos, de los que algunos finalmente resultaron fallecidos. El testimonio de otros conductores o viandantes, los restos y marcas que deja el vehículos siniestrado en el lugar que se produjo la colisión o el atropello, las cámaras instaladas en la zona son elementos claves en la investigación para dar con el responsable. “Nos costará más o menos pero haremos todo lo posible por localizar al fugado y ponerlo a disposición judicial. Lo mejor es quedarse y asumir las consecuencias”, apunta Teixeira.