Menú a 10 euros, Descuentos de hasta el 40%, Mid Season Sale, Rebajas... Los habituales carteles que colgaban en los locales comerciales de los barrios y centros comerciales han sido sustituidos en el último año por escaparates empapelados en los que se anuncia Liquidación por cierre, Se vende o Se alquila. La crisis desatada por el estallido del COVID no entiende de ayuntamientos ni de tamaño del negocio. Tanto las ciudades como en las áreas metropolitanas y el rural, en pleno centro y en barrios de la periferia, pequeños negocios y grandes empresas se han visto tocados por los tentáculos de la pandemia, forzando miles de cierres por no poder hacer frente a las facturas o no lograr los beneficios esperados. En la actualidad, cuatro de cada diez locales comerciales en Galicia están vacíos, una tasa histórica que supera la que dejó el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008.

Más de un año después de que el coronavirus irrumpiese para dejar una crisis sin precedentes, la comunidad acumula un total de 8.075 locales comerciales en el circuito de comercialización, un 70% más de los que había disponibles en mayo de 2020 (entonces eran 4.800) y un 6% más que ha dejado la tercera ola en el arranque de año, según datos de la patronal inmobiliaria gallega.

La carnicería, la mercería, la peluquería y la tienda de ultramarinos de toda la vida, el bar de la esquina, el restaurante del centro o al lado de casa e incluso las tiendas de ropa en un centro comercial o en la milla de oro de la ciudad. La pandemia obligó a bajar la persiana de miles de negocios asfixiados por las deudas y el incierto futuro por la falta de ingresos.

Uno de los sectores más golpeados por el COVID fue el hostelero, que con más de 19.000 negocios en la comunidad gallega —casi 14.500 bares y cafeterías, más de 3.800 restaurantes y cerca de 700 locales de comida preparada— ya suma casi 4.000 cierres definitivos al poner esos locales en venta, alquiler o traspaso, según datos de la Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias (Fegein). Solo en los dos últimos meses, advierte la patronal, los traspasos en los negocios de restauración en Galicia se dispararon un 35%. Las provincias de A Coruña y Pontevedra están a la cabeza en bares y restaurantes engullidos por la pandemia, con 1.750 y 1.100 respectivamente. En Ourense han sido liquidados 575 y en Lugo, 550.

De los más de 8.000 bajos comerciales que hoy buscan nuevo arrendatario o comprador, son las provincias de A Coruña y Pontevedra los principales aglutinadores de los cierres, con 2.950 y 2.600 locales, respectivamente, en el circuito de comercialización. En el caso de la provincia coruñesa ya son un 28% más que hace un año (entonces eran 2.300) y el 36,5% del conjunto de la comunidad y en la pontevedresa, un 8,3% más (en mayo pasado eran 2.400) y el 32% del total. “Las áreas de Ferrol y Ourense presentan un pésimo y preocupante comportamiento económico muy difícil ya de enderezar”, apunta Benito Iglesias, presidente de Fegein.

La radiografía de los locales comerciales en el circuito de comercialización no hace más que confirmar una Galicia de dos velocidades, según advierte la patronal inmobiliaria. Por un lado, las ciudades y medianos ayuntamientos —un total de 40— que aglutinan el 80% de la oferta y la demanda. Y, por otra parte, los más de 270 concellos restantes con una demanda reducida, lo que “refleja la falta de poder de atracción de nuevas actividades económicas y de fijación de población” en esos municipios de menos de 5.00 habitantes.

Para corregir esta situación, la patronal inmobiliaria urge a las administraciones líneas de apoyo fiscales a arrendadores y arrendatarios en los pequeños ayuntamientos, tras constatar la “gran dificultad de dinamizar una oferta estática y una pérdida del valor patrimonial considerable”.

Concellos

En la provincia de A Coruña están los concellos con el mayor número de locales comerciales vacíos. Solo Carballo y Ribeira suman 90 cada uno. De los ayuntamientos coruñeses, destacan también Betanzos, Culleredo y Padrón (75 en los tres casos) y Cambre (70). En Lugo, están a la cabeza de propietarios en busca de arrendatarios o compradores de sus bajos comerciales Monforte (82) junto con Viveiro (75) y Sarria (60). Con cifras similares, Cangas y Lalín (80), seguidos de Vilagarcía y O Porriño (75). Y en Ourense, el mayor impacto de la crisis se produjo en Xinzo (80 locales en el circuito de comercialización), Allariz-Maceda (65) y O Barco, O Carballiño y Verín (60 en cada caso.

Lejos de contenerse, la patronal augura que en los próximos meses serán más los locales comerciales que se quedarán vacíos. “Esta situación se agravará con la crisis, las ventas online y el cierre de oficinas bancarias”, concluye Iglesias.

El cierre de oficinas bancarias agrava la merma socioeconómica de la Galicia vaciada

El cierre de oficinas bancarias ha contribuido a aumentar la cartera de locales vacíos en Galicia. La reconversión del sector llevó a la desaparición de más de 1.300 sucursales en la comunidad durante la última década, casi un 52% del total de la red. Este balance dejó a 45 ayuntamientos sin atención financiera a sus vecinos y otros 118 con tan solo una oficina bancaria.

“El cierre de estas entidades en ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes únicamente va a agravar más la viabilidad económica, social y demográfica de la llamada Galicia vaciada”, advierte el presidente de Fegein. La patronal inmobiliaria advierte de que la pretensión de las entidades financieras de asentar una banca virtual online y reconvertirla a cajeros automáticos en el 45% de los concellos, dejará unos efectos devastadores para buena parte de la población gallega: la de mayor edad con dificultades de manejo y movilidad para gestiones tan sencillas como el pago de recibos no domiciliados o el cobro de sus prestaciones o pensiones.

El goteo de cierres de sucursales tendrá un doble impacto, según empresarios inmobiliarios. “Una oficina bancaria es un servicio público, con su cierre desaparece también una parte de la actividad económica”, advierte Iglesias. Y es que cuando se va a cobrar la pensión, ese desplazamiento conlleva gastos en compras para la casa. Eso, añadido, a los trámites online por los que apuesta la banca deja desamparados a la población de avanzada edad desconocedora del mundo digital y también a las zonas del rural a las que no llega Internet o lo hace con dificultades. “Se habla de reactivar el rural, pero la realidad va por otro lado, lo que se está haciendo es laminarlo y dejar a los pequeños municipios a los pies de los caballos”, censura el presidente de Fegein.