Por sí solos son una fuente para mejorar la salud, pero su consumo antes de ponerse al volante puede resultar un cóctel mortal. Somnolencia, menor atención y menor capacidad de reacción, mareos, alteración de la coordinación, ansiedad, nerviosismo... Son algunos de los efectos de los fármacos en la conducción, un consumo que en la última década ha estado presente en casi 50.000 accidentes con víctimas que dejaron 1.300 fallecidos en la red viaria española. En el mapa de la conducción y los medicamentos, Galicia está marcada en rojo ya que es la tercera comunidad, por detrás de Murcia y Extremadura, con más siniestros de tráfico y situaciones peligrosas por esta razón, según revela el estudio Consumo de medicamentos entre los conductores españoles (2010-2019), realizado por la Fundación Línea Directa en colaboración con Fesvial (Fundación Española para la Seguridad Vial) y que analiza cómo ha afectado la ingesta de psicofármacos a la seguridad vial en la última década.

En la comunidad gallega, uno de cada cinco automovilistas —en concreto el 21%— reconoce haber pasado por una de estas situaciones, un porcentaje casi siete puntos por encima de la media nacional (14,4%). En el extremo opuesto se colocan País Vasco, Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, con los índices más bajos de siniestralidad por consumo de algún fármaco.

Los datos de los últimos tres años son alarmantes: la cifra de conductores fallecidos que revelan consumo de algún psicofármaco aumentó un 40%. A la vista de las conclusiones del informe presentado ayer, las expectativas son poco halagüeñas. Solo en 2019, el 12% de los conductores que murieron en accidente de tráfico dieron positivo en algún medicamento, una realidad que puede agravarse más ya que el 11% de los españoles reconoce consumir más medicinas peligrosas para la conducción tras el COVID.

En relación a los conductores, la situación de los peatones es peor: uno de cada cinco fallecidos durante la última década se encontraba bajo los efectos de los psicofármaco —casi 400 peatones fallecidos en ese periodo tras la ingesta de algún medicamento—.

Según el estudio de la Fundación Línea Directa, se percibe un gran desconocimiento de los efectos de los medicamentos en la conducción. De hecho, el 40% de los automovilistas gallegos no sabe identificar un fármaco peligroso para la conducción. Además, el 64% afirma que el médico no le informa sobre los efectos al volante.

Este desconocimiento influye en conductas que, como mínimo, podrían ser calificadas de irresponsables. Unos 4,5 millones de conductores españoles confiesan haber conducido tras mezclar alcohol y medicamentos y otros dos millones, tras combinar medicamentos con drogas. Además, 1,1 millón de automovilistas reconocen seguir conduciendo cuando sienten los efectos de la medicación que consumen.

“Debemos consumir fármacos solo con prescripción médica, respetar las dosis y contraindicaciones, leer el prospecto y consultar cualquier duda con nuestro médico o farmacéutico si vamos a conducir”, concluye Mar Garre, directora general de la Fundación Línea Directa.