¿Qué tienen en común los nuevos edificios de reciente construcción en la plaza Fábrica de Tabacos o la nueva promoción frente al parque de Eiris o la urbanización Castelo II que se está construyendo en Oleiros? Que todos son muy blancos. El patrón se repite fuera de la ciudad de A Coruña. En el norte (Bilbao, Vitoria, Barcelona...) y en el sur (Málaga, Sevilla, Murcia, Valencia...).

Urbanización en Oleiros. | // VÍA CELERE

Basta con dar una vuelta por las webs de dos de las principales promotoras de nuestro país, Neinor Homes y Vía Célere, para observar cómo la mayoría de las promociones nuevas se hacen en color blanco, alejadas del ladrillo tradicional que se usó durante la burbuja.

Recreación de la promoción que se está construyendo en Eirís. | // V. C.

Aunque los motivos son variados —y van desde la búsqueda de una imagen lujosa a la falta de mano de obra en la construcción—, lo que hay tras esta tendencia es una ola de nuevos materiales y tecnologías para revestir las fachadas. El blanco es el naranja de nuestro tiempo.

“Son más modernas. Los productos son industriales y la manipulación se hace en taller”, explica el arquitecto Jesús Zafra, autor del Ortiz de Zárate, un edificio blanco que se torna dorado cuando le da el sol y que está en Murcia. “Estas fachadas son consecuencia de una demanda y una respuesta adecuada a su época”, asegura. Algunos de estos materiales llevan años entre nosotros. Es el caso del hormigón, donde lo novedoso son los procesos de prefabricación, pero también del Krion y el Dekton, productos de alta gama de dos empresas clásicas de baños y cocinas: las españolas Porcelanosa y Cosentino.

Porcelanosa presentó el Krion en 2011 para usar en encimeras, bañeras y platos de ducha, pero también en exterior. Dekton, de Cosentino, es una versión para usar al descubierto del Silestone, habitual en encimeras.

“El Dekton es una evolución del Silestone. Tiene prestaciones que permiten ponerlo en fachada. Todos estos materiales vienen de moldeados interiores, de las encimeras curvas de los años 60”, cuenta el arquitecto Julio Touza, cuyo estudio es responsable de varias torres y edificios acabados en blanco. “El reto era sacarlos fuera, donde hay lluvia y se amarillean. Han conseguido componentes químicos que les aportan lo que faltaba. Tenían moldeabilidad y les faltaba durabilidad. El ladrillo tiene la ventaja de que no necesita mantenimiento y que dura. Cuando estos materiales mejoran, bajan de precio y aparece mano de obra especializada, las fachadas se orientan a ellos”, reconoce.

César Frías Enciso es arquitecto y fundador de Morph Estudio. En Mijas tiene proyectado un complejo de unifamiliares blancos (Edén, de la promotora Kronos Homes); en el barrio Martiricos de Málaga, dos rascacielos blancos; en Sevilla ya crece el blanquísimo residencial Oasis y en Valdebebas (Madrid) firma dos edificios contiguos y blancos en forma de barco: Las Terrazas del Lago, ya terminado, y Zafiro, desde cuya obra nos explica por qué ahora todas las fachadas son blancas.

“Esto lleva ya bastantes años. Unos diez. Durante la crisis apenas se construyó. Después, Vía Célere popularizó el blanco y negro”, cuenta. “Antes los edificios no eran blancos porque construíamos con ladrillo caravista. Podían revestirse con un mortero de cal y monocapa, pero eso daba problemas de grietas y fisuras, envejecía muy mal. De ahí pasamos a un mayor empleo de prefabricados, fachadas ventiladas, cerámicas y de piedra. Tras la crisis, los productos nuevos, más técnicos y menos vinculados al barro, fueron una salida”, asegura.

La irrupción de nuevos materiales industriales ha desplazado al ladrillo como material favorito para acabar las fachadas, aunque eso no significa que haya dejado de usarse, porque sigue siendo necesario para las capas interiores.

“Más que una bajada, las fábricas de ladrillo caravista notan un estancamiento de las ventas. El crecimiento no es tan alto como en el resto de materiales cerámicos”, apunta Elena Santiago, secretaria general de Hispalyt, la asociación nacional de fabricantes de ladrillos..

“Si quieres hacer una imagen nueva puedes hacerla con ladrillo y formas, pero lo normal es ir a un material más tecnológico. Por otro lado, en España todo lo que tiene color suena a vivienda social”, continúa el arquitecto. “Al final, el 99% de las promociones buscan algo tranquilo, con lo que estén seguros de que se venderá bien. Solo nos piden color y que demos algo de vidilla cuando hacemos residencias de estudiantes”, explica. “Se lleva el blanco”, dice Ángel Cañavate, arquitecto la promotora Profusa. “Quizá es porque se siente más lujoso o de mejor calidad”, argumenta.

A los motivos anteriores, todos los consultados añaden uno más: la falta de mano de obra especializada en poner ladrillos. “Gente hay mucha. Pero gente que sea capaz de colocar las cosas bien no existe como tal”, admite Julio Vicente, el jefe de obra de un edificio blanco de composite que se está construyendo en Valdebebas. “No los mimamos en los buenos tiempos y ahora nos hacen falta”, reconoce. “Es uno de los temas que más preocupa. La crisis anterior expulsó a una masa de gente joven. Ahora, la gente histórica del sector se jubila”, afirma Touza. “Hay un problema que hace que busquemos materiales que dependan menos de la manualidad y más de la fabricación en taller”, apunta.

Cómo envejecerán todos estos nuevos edificios blancos es algo que solo el tiempo dirá. Las fachadas con volumen, defiende Frías, envejecen mucho mejor que las planas porque “el clima enfatiza su geometría”, las formas y gestos que ya tiene el edificio.