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El Ejecutivo excluye a la A-6 de recibir ya fondos europeos para favorecer a País Vasco

Transportes solo plantea a Bruselas que la Transcantábrica sea infraestructura básica del Corredor Atlántico para optar a subvenciones millonarias antes de 2030

Una vista de la Autovía del Noroeste (A-6). | // VÍCTOR ECHAVE

El País Vasco ha ganado el “pulso de las autovías” al Noroeste. Así es al menos de momento, al haber solicitado el Gobierno español a las autoridades comunitaria la inclusión de la Transcantábrica (A-8) como infraestructura básica del Corredor Atlántico, manteniendo las conexiones de Galicia y Asturias con Madrid, a través de la autovía del Noroeste (A-6, Madrid-A Coruña) y la autovía Ruta de la Plata (A-66, Gijón-Sevilla, incluida la «Y» asturiana), en la red global.

Utilizando un símil futbolístico, la red básica sería la Champions League de las Redes Transeuropeas de Transportes (RTE-T), mientras que la red global sería una liga nacional o una segunda división dentro de las conexiones transfronterizas.

Las consecuencias de la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de atender las demandas del Gobierno de Vitoria y desoír las necesidades del Noroeste son notables: las infraestructuras incluidas en la red básica transeuropea pueden acceder a las primeras convocatorias de ayudas comunitarias, las plurianuales y más jugosas, las multimillonarias, que además, en teoría, deben ejecutarse antes del año 2030. Las infraestructuras de la red global, por el contrario, no tendrán acceso a estas primeras subvenciones europeas y, en principio, solo recibirán ayudas en torno a 2050, y solo en el caso de que se hayan ejecutado ya las conexiones básicas.

¿Cuáles son las ventajas concretas de pertenecer a la red básica de las RTE-T? En el caso de las carreteras, por ejemplo, que los gobiernos y las empresas pueden acceder a importantes ayudas europeas para proyectos relacionados con la digitalización, la instalación de estaciones de carburantes alternativos para vehículos de emisión cero, los sistemas de carreteras eléctricas, los puntos de carga ultrarrápidos y de alta potencia, las plataformas de itinerancia electrónica y los sistemas y rutas de transporte inteligente, entre otros.

El problema de nuevo para el Noroeste español es que ya apenas queda tiempo para modificar las propuestas del Ejecutivo central, porque la revisión de las orientaciones de las RTE-T, en la que se decidirá, entre otros asuntos, qué infraestructuras pasan de la red global a la red básica, se realizará los días 5 y 6 de diciembre, durante la reunión del Consejo de Ministros de Transportes de la Unión Europea (UE). Pero es que, además, el pasado miércoles ya se reunió el Comité de Representantes Permanentes de los Gobiernos de los Estados Miembros (Coreper), cuyos integrantes son los que preparan esa reunión. Los integrantes del Coreper son, además los que en realidad definen los detalles de la reunión ministerial; entre ellos, el diseño de las redes de transportes. Pero lo hacen siempre en función de las peticiones de los diferentes gobiernos. Traducido: pueden rechazar alguna propuesta gubernamental, pero solo introducen cambios si lo solicitan los gobiernos.

Algunos expertos españoles del sector del transporte han realizado en los últimos meses gestiones para que en la revisión de las orientaciones de las RTE-T se eleve el nivel de las autovías A-6 (comunica el centro de España con Galicia) y A-66 y que pasen de ser “globales” a “básicas”. Estos técnicos no obtuvieron ninguna respuesta a sus demandas.

Los especialistas del sector del transporte y la movilidad subrayan la “incoherencia” de que infraestructuras “importantes” del Corredor Atlántico, como las conexiones por carretera de Galicia y Asturias con Madrid, no figuren en la red básica, “cuando su esencia es ser multimodal”. La razón: el Gobierno de España no ha pedido la UE incluir en la red básica ni la A-6 ni la A-66, pero sí elevar el estatus de la Autovía del Cantábrico (conecta Baamonde en Lugo y Bilbao, donde se une a la A-6) e incorporarla al Corredor Atlántico, según confirmaron fuentes de la Comisión Europea.

La explicación de los conocedores del sector y de las fuentes consultadas en Bruselas coincide: la inclusión de la Transcantrábrica en el Eje Atlántico es “lo que interesa al País Vasco”. Con un añadido: la A-8 ya es una infraestructura básica, aunque no pertenece al Corredor Atlántico, con lo que si Bruselas acepta la petición del Gobierno español se lograría “muy poco”. Pero al País Vasco le viene “muy bien” por varias razones.

Primera, porque, como ya tiene resuelta su conexión por carretera con Madrid y sus autopistas y autovías pertenecen al Corredor Atlántico, daría un nuevo paso adelante con la inclusión de la Transcantábrica, pues permitiría acaparar buena parte de las mercancías del Noroeste en el puerto de Bilbao.

Y segunda, porque al quedar las autovías y autopistas gallegas y asturianas fuera de la red básica transeuropea, el País Vasco evitaría la competencia de esas comunidades autónomas, pues en la actualidad la única autovía del Corredor Atlántico extendido al Noroeste incluida en la red básica es la A-1, que pasa por Burgos y el País Vasco. Una circunstancia que los expertos consultados califican de “llamativa y sorprendente”.

Los presidentes de las patronales del Noroeste, ante esa situación, reclaman unidos la atención de los gobiernos y el apoyo de toda la sociedad. Aseguran que la extensión del Corredor Atlántico al Noroeste no es “una aspiración localista”, sino “un proyecto de país”. Rechazan que el Noroeste se convierta en la “zona menos desarrollada” de una “España a dos velocidades”. Advierten de que Levante ya lleva la delantera en la modernización del tren de mercancías y ahora el País Vasco gana ventaja respecto a sus compañeras en la competencia por carretera.

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