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El sintecho agredido en Gijón por dos gallegos: “Solo dormía, ¿a quién pude ofender?”

Uno de los detenidos reconoce que fue el autor de los golpes y que iba drogado

Darek Duda.

Se llama Darek Duda, es polaco, tiene 43 años y dos meses y es el sintecho al que el pasado 26 de noviembre dos jóvenes gallegos patearon mientras dormía en un portal de la calle Magnus Blikstad, en Gijón. Lo hicieron sin mediar palabra, entre risas. Grabaron la agresión y la subieron a las redes sociales. Darek Duda lleva en España desde el 8 de marzo de 2004. No siempre fue un sintecho, pero eso no quiere decir que lo haya tenido fácil. Cuenta que trabajó unos diez años en empresas de construcción y que le explotaron. Llegó a Gijón hace unos 30 días y duerme en cajeros. “Solo estaba durmiendo. No pude defenderme. ¿A quién he podido ofender?”, se lamenta.

Su caso ha generado una oleada de repulsa por todo el país. Los dos jóvenes gallegos son de Lalín y fueron detenidos. Ya están en libertad a la espera de juicio. Uno es M. H. F. y fue detenido el viernes en Gijón. Tiene pareja y espera un hijo. Tal y como desveló La Nueva España, periódico del mismo grupo editorial que La Opinión, alegó ante el juez que él no fue el que pegó la patada y que tampoco grabó el vídeo que acabó en su Instagram horas después junto a otro contenido en el que se jactaba de lo sucedido. El otro detenido es A. R. P., de 21 años, huérfano, que vive de una pequeña pensión. Se confesó ante el juez autor de la patada. Los dos dijeron que habían bebido y que se habían drogado. Se les acusó de un delito de lesiones y de odio.

M. H. F. solo reconoció que el móvil con el que se tomaron las imágenes era el suyo. Su versión entra en conflicto con lo que cuenta Darek Duda. “Estaba en el portal dormido y un joven puso la música muy alta. Le pedí, por favor, que la bajara, que duermo en la calle y que trataba de descansar. Me dijo que estaba esperando a un amigo”, relata. “Volví a dormir y al poco vino otro chico que me despertó con una patada. Me desperté y me intenté proteger con las piernas. Me sacaron el saco de dormir, pero no se lo llevaron. Lo dejaron tirado en la calle. Se iban riendo”, añade el polaco. “Eran solo dos. No más. Se reían”, insiste el hombre.

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