Iván de la Torre | Vecino de la aldea de A Fraga

“Me gusta la tranquilidad. Levantarme por la mañana y escuchar pájaros y no coches”

“Solo echamos en falta que haya más niños porque nuestro hijo está solo y es más aburrido”

Iván de la Torre, con su familia.

Iván de la Torre, con su familia. / CEDIDA

Paula Pérez

A apenas seis kilómetros de O Carballiño, en Ourense, en la parroquia de Sagra, por una estrecha carretera serpenteante se accede a la aldea de A Fraga, rodeada de árboles y salpicada de regatos y manantiales. Durante años fue un pueblo fantasma donde la maleza fue recuperando su terreno adueñándose de las casas... hasta que cinco nuevos habitantes le dieron vida.

Iván de la Torre, vallisoletano, y su pareja, de Ourense, se instalaron en esta aldea hace unos siete años, después de que otros dos jóvenes, que también se fueron a vivir allí, les recomendasen este tranquilo lugar. Y en A Fraga vino al mundo su hijo Jaia: fue el primer bebé nacido en esta aldea en más de medio siglo.

¿Cómo se os ocurrió instalaros en esta aldea?

Mi pareja es de la zona y estábamos buscando casa. Conocimos a unos chicos que habían comprado ahí y nos invitaron a visitar su aldea. Fuimos, conocimos A Fraga y nos gustó. Así que empezamos a preguntar y terminamos comprando la casa en la que vivimos.

¿Fue fácil localizar al propietario y que os vendiera la casa?

¿Fácil? Bueno, la propietaria vivía cerca pero a veces la gente se piensa que lo que venden es oro y al final lo que compras son unas piedras. Te dicen: “tiene tejado”. Pero el tejado lo primero que tuvimos que hacer fue retirarlo y hacerlo de nuevo porque son tejados como los que se hacían antes y por ahí se escapa todo el calor. Desmontamos toda la casa, salvo las paredes y la hemos construido a nuestro gusto.

¿Y os gusta vivir ahí?

Estoy encantado. Yo nunca he vivido en ciudad, soy de pueblo desde que nací, así que me gustan las aldeas pequeñas.

Uno de los problemas de vivir en una aldea es que no es fácil encontrar trabajo en el rural. ¿Cómo os las apañáis?

Buscarte la vida no es difícil. Estás a pocos kilómetros de O Carballiño. Hacemos artesanía y luego también hago chapuzas de albañilería y desbroces. En un pueblo siempre hay que desbrozar mucho, hay mucha leña... Y hay mucha gente mayor que no puede hacerlo. Entonces, la verdad, es que yo trabajo, no me falta, al revés, sobra.

¿Y disponéis de servicios suficientes? A veces, los concellos terminan olvidándose de estas aldeas con pocos vecinos...

Pues justo nos asfaltaron la carretera antes de las elecciones municipales. Pero bueno, yo entiendo, que aquí en Galicia hay tantas aldeas y algunas tienen más vecinos que otras. Nosotros solo somos cinco viviendo todos los días, así que entiendo en cierta manera que tampoco vengan y nos estén tratando estupendísimamente porque hay muchos núcleos y tantos sitios donde invertir el dinero y arreglar cosas... Yo no me siento maltratado, desde luego.

¿Qué ventajas tiene vivir en una aldea?

A mí me gusta la tranquilidad, levantarme por la mañana y escuchar pajaritos y no coches pitando o una ambulancia. Y abres la puerta de casa y estás en un lugar agradable. En un piso estás más encerrado. De hecho, nosotros tenemos una puerta castellana, de estas que se abren por la mitad y solo tienes que abrir la parte de arriba de esta puerta y es otra sensación. A mí me gusta vivir tranquilo y ahí tenemos tranquilidad y si queremos hacer algo solo tenemos que ir hasta O Carballiño y tenemos bares, restaurantes, supermercado...

Tenéis un niño de seis años. ¿Cómo es criar a vuestro hijo en el rural?

Echamos en falta que no haya más niños, porque está solo, entonces para el es un poco más aburrido. Pero procuramos llevarlo a actividades, a campamentos, zumba, taekwondo... Pero claro nos tenemos que molestar en ir a O Carballiño para que se relacione con otros niños.

Sois muy pocos vecinos. En una aldea tan pequeña, ¿mejor llevarse bien?

Hemos tenido mucha suerte porque nos llevamos todos estupendamente. Desde que nos vinimos a vivir aquí yo me siento contento tanto con la gente de la aldea como con la de O Carballiño. Me he sentido muy bien recibido en todos los sitios.

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