Los jóvenes que viven con su pareja se desploman a la mitad en quince años

Apenas cien mil gallegos de 25 a 34 años conviven | La dificultad para emanciparse por la precariedad laboral y la vivienda y el alza del individualismo, entre las posibles razones

C. Villar

Los jóvenes gallegos de hoy viven en pareja en menor medida que quienes les precedieron. Si las circunstancias, como señalan los expertos, no se lo ponen fácil —por cuestiones de precariedad laboral o de dificultades de acceso a una vivienda—, tampoco las expectativas son las mismas que entre los chicos y chicas de cohortes anteriores.

No hace falta remontarse al siglo pasado para detectar un desplome en ese tipo de convivencia en la juventud; basta con comparar los datos de 2007 con los de 2022, los últimos disponibles publicados por el Instituto Galego de Estatística (IGE), para constatar que en solo quince años la cifra de jóvenes que vive con su pareja ha caído a la mitad. En 2007, según el IGE, eran más de 210.000 los jóvenes gallegos con edades comprendidas entre los 25 y los 34 años que se animaban a dar el paso, pero en la actualidad no llegan a 104.000. Aunque a lo largo del siglo XX la natalidad provocó que descendiesen en un tercio los propios jóvenes susceptibles de emparejarse, la disminución de quienes toman la decisión de vivir en pareja es mayor: alcanza un 50% en el mismo período.

El fenómeno afecta además por igual a los dos grupos en los que el IGE subdivide a esa población para su análisis: el colectivo formado por los chicos y chicas de 25 a 29 años y los que tienen entre 30 y 34. Si para los primeros puede parecer precoz la convivencia en una sociedad en la que la juventud se estira y todo llega más tarde, por la ampliación de estudios, para valorar lo que ocurre entre los segundos hay que tener en cuenta que la edad media a la maternidad del primer hijo en provincias como Pontevedra es de 32,5 años.

Además, el descenso se ha producido tanto entre quienes se independizan y se van a vivir con su pareja a un piso o casa propia y entre quienes tienen esa convivencia, pero bajo el techo familiar. No es lo usual, pero conviven con padres y pareja casi 8.850 jóvenes.

En la caída de este tipo de convivencia tienen mucho que ver los factores de carácter estructural que afectan al conjunto del Estado en el que la comunidad está inserta, según sostienen expertos como el catedrático de Xeografía Humana de la Universidade de Santiago Carlos Ferrás. Este apunta que “los factores estructurales, al igual que para el resto de España, son de orden económico: precariedad laboral, mercado laboral no acorde con el sistema educativo” y que da origen al denominado fenómeno de la juventud sobrecualificada española, “y también el muy alto precio de la vivienda, problemas de conciliación familiar y laboral, horarios de trabajo difíciles...”.

A ese tipo de explicación, sin embargo, se yuxtaponen otras de índole más cultural, añade Ferrás. A lo largo de estos años, indica, se han producido “cambios culturales y de estilo de vida muy significativos, como, por ejemplo, el hecho de que la maternidad y la paternidad no estén entre las prioridades de la juventud”. “En especial”, señala, es así en el caso de las mujeres, que “lógicamente”, comenta, “priorizan la estabilidad laboral en sus carreras profesionales tras la finalización de sus estudios”.

Ese tipo de evolución no es exclusiva de la sociedad gallega. No obstante, para Ferrás, Galicia sí tiene características propias que engrosarían los factores. En ese sentido, comenta que el fenómeno del declive de la convivencia en pareja entre la juventud “no se puede desligar del hecho de que la sociedad gallega no es especialmente amable en cuanto a las facilidades de progreso de la gente joven”. “Somos una sociedad muy envejecida y claramente conservadora que no facilita la emancipación de los jóvenes”, sostiene.

Al mismo tiempo, a juicio de este experto, “el paso da familia nuclear y extensa en un ámbito social comunitario tradicional en Galicia dejó paso a un individualismo creciente, que se traduce en un incremento de hogares unipersonales” y, a su vez, advierte, “también en problemas de soledad no deseada que aumentan con la edad”.

Factores como los anteriores llevan a que los jóvenes españoles en general y los gallegos en particular se encuentren entre “los más retrasados en la edad y en el proceso de emancipación familiar”, incide Ferrás, para quien esa situación “desencadena falta de voluntad e interés por crear una familia y tener hijos”. “Fácilmente pueden estar viviendo en los hogares de los padres incluso superando los 35 años”, apunta.

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