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El 70% del terreno que ardió en Ourense sufrió un daño irreversible

Los incendios tuvieron una severidad alta en dos tercios de la superficie quemada, que para recuperarse precisará intervención activa | Fue moderada en un 23,8% y baja, en un 9%

Un bombero forestal observa el paisaje del incendio de Pobra de Brollón, Lugo. EFE/ Eliseo Trigo

Un bombero forestal observa el paisaje del incendio de Pobra de Brollón, Lugo. EFE/ Eliseo Trigo / Eliseo trigo / EFE

Noela Vázquez

Santiago

Esta ola de incendios pasará a la historia como una de las más devastadoras de Galicia no solo por la superficie afectada, sino también por la virulencia de las llamas. Únicamente en Ourense, donde ardió el 13,2% del territorio de la provincia, la superficie quemada asciende a 96.104 hectáreas, de las que un 67% ardieron con una severidad alta. En estas zonas «se ha perdido toda la capa orgánica del suelo y se ha muerto la vegetación», por lo que el efecto del fuego es «irreversible» y es «imprescindible una intervención activa» para una buena recuperación de la biodiversidad. Así lo explica el catedrático en Física de la Tierra de la Universidad de Valencia José Antonio Sobrino, fundador y director de la Unidad de Cambio Global que ha desarrollado una metodología para elaborar mapas de severidad a partir de datos satélite en el marco de la Estrategia conjunta para la protección y restauración de los ecosistemas afectados por Incendios Forestales (EPyRIS), financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional a través del Programa Interreg Sudoe y en el que han participado, también, la Universidade de Santiago y el Centro de Investigación Forestal de Lourizán.

De este modo, según el mapa más reciente, del sábado 23 de agosto, de las 96.104 hectáreas que ardieron en Ourense, la severidad fue alta en 64.535, esto es, en el 67% de lo ardido y el 8,9% del territorio total de la provincia. Otras 22.858 ardieron con una severidad moderada (un 23,8%), y en las 8.711 restantes, fue baja (un 9%). Datos devastadores, que reflejan la agresividad de las llamas, pero que también permiten tomar decisiones formadas y establecer mecanismos de recuperación adecuados a la necesidad del territorio.

Para realizar estas mediciones, se emplean imágenes del satélite Sentinel 2, del programa europeo Copernicus, que pasa cada tres o cuatro días, lo que posibilita hacer un diagnóstico casi inmediato del alcance de los fuegos. Se comparan los índices de vegetación de imágenes previas al incendio y posteriores y, a partir de los resultados, se desarrollan los mapas de severidad, que permiten observar si la afectación en la vegetación fue baja, moderada o alta.

Explicado de forma resumida, Sobrino indica que si está afectado menos del 50% del árbol o solo la copa, la severidad es baja, permitiendo su regeneración natural; mientras que si es más del 50%, hasta el 80%, la severidad es moderada y la regeneración, si bien no está asegurada, es posible. Es cuando la afectación está por encima de este umbral cuando la severidad es alta, lo que implica que «ya no queda nada o queda un trozo de tronco» y que «el daño es irreversible».

«Si tienes una severidad alta, como se ha perdido toda la capa orgánica del suelo y se ha muerto toda la vegetación, [la recuperación] es muy lenta» y es «imprescindible una intervención activa», indica el catedrático. Las zonas de alta severidad «pueden tardar siglos en recuperarse, porque hay erosión extrema. En la moderada, no hay una pérdida total de materia orgánica y de nutrientes», por lo que puede ser cuestión de décadas; y en la baja, como «la materia orgánica casi queda intacta», muchos arboles y plantas «vuelven a rebrotar desde la raíz».

Entre los factores que influyen en la severidad, Sobrino señala a un cúmulo de variables más que a una sola cuestión. La presencia de combustible o de especies resinosas, que arden con más intensidad, son determinantes, pero también la continuidad de la vegetación, la humedad o la pendiente. Cuestiones a las que, además, suma el cambio climático, que hace que los incendios «se expandan más» y sean «más difíciles de controlar».

El descenso térmico aplaca el fuego en Lugo y se desactiva la alerta por cercanía a las casas

La bajada de las temperaturas y la presencia de precipitaciones ayudaron ayer a combatir las llamas, que persisten todavía en Lugo y Ourense. De este modo, fue posible contener el avance del incendio forestal decretado el martes en A Pobra do Brollón (Lugo) hacia los núcleos urbanos y desactivar la situación 2 por su proximidad a los municipios de Golmar y Quiroga. Se trata de la última alerta por cercanía a las casas que permanecía activa en la comunidad, después de que el martes se desactivase la decretada de forma general para toda la provincia de Ourense. Este fuego, por ahora, afecta a unas 900 hectáreas, 100 más que la jornada previa. Además, ayer los medios de extinción dieron por estabilizado el otro fuego que permanecía activo en la provincia, el de A Fonsagrada, que por ahora ha calcinado unas 40 hectáreas; y pudieron extinguir el originado en Carballedo, en la parroquia de A Cova, que finalmente afectó a una superficie de 118 hectáreas, de las que 50 fueron de terreno arbolado.

En Ourense, a lo largo de la jornada de ayer fue posible estabilizar el incendio registrado en Carballeda de Valdeorras, que comenzó el 18 de agosto y que, por ahora, ha afectado a una superficie estimada de 5.000 hectáreas según la información trasladada por Medio Rural, aunque esta cifra podría cambiar una vez se hagan las mediciones definitivas. Estabilizado este fuego, solo queda un incendio activo en la provincia ourensana, el originado el pasado domingo en el municipio de Avión, en la parroquia de Nieva, que afecta a unas 250 hectáreas. Por lo demás, no hubo más cambios en la provincia, y continúan estabilizados los incendios de Chandrexa de Queixa (19.000 ha), Larouco (30.000), Oímbra (17.000 ha), A Mezquita (10.000 ha) y Carballeda de Avia (4.000); y controlados los de Vilar de Cervos (900 ha), Montederramo (120) y Maceda (3.500).

Permanecen ardiendo, por lo tanto, 10 focos en la provincia y 12 en toda la comunidad. De este modo, con dos incendios forestales todavía activos en todo el territorio, la superficie quemada en la comunidad desde el 1 de julio asciende a 96.706 hectáreas. Una cifra que, en todo caso, es muy superior según las mediciones hechas por el Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea de Copernicus, según las que en Galicia habrían ardido 158.000 hectáreas entre el 1 y el 21 de agosto de un total de 362.473 en todo el país.

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