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O Courel, lecciones para aprender tres años después

Los fuegos de Larouco y de León llegaron a las puertas de la sierra lucense, todavía con cicatrices del episodio incendiario de 2022

Un vecino camina por una de las zonas quemadas en el incendio de O Courel, en 2022. |  Carlos Castro

Un vecino camina por una de las zonas quemadas en el incendio de O Courel, en 2022. | Carlos Castro

iRIA d. pOMBO

Santiago

Cuando en julio de 2022 las llamas acecharon la sierra de O Courel, la pena se apoderó de estas tierras. Murió calcinada una cantidad inasumible de plantas y árboles, de animales que no lograron escapar de las llamas, de vegetación única en espacios protegidos. Hay vecinos que perdieron sus viviendas y aldeas quemadas hasta los cimientos, como Vilar. Ardió la casa-museo de Xan, que se tuvo que marchar a vivir de alquiler a Quiroga. El detonante, inicialmente, fue un rayo. Más de 11.500 hectáreas quedaron arrasadas. Por eso los vecinos de O Courel siguieron esta oleada de incendios de 2025 como ante un espejo. Gente que vivió lo que ahora viven otros, y con la amenaza presente de que el fuego vuelva a teñirlo todo de negro otra vez. Pero, ¿cómo está O Courel tres años después de arder?

«No cambió nada, todo sigue igual», protesta Orlando Álvarez, vecino de la aldea de Ferreirós, portavoz de la asociación SOS Courel y testigo directo de lo que fue aquel gran incendio, que entonces fue el tercero más grande de Galicia. «No se oficializó la plantación de frondosas, no se tomaron medidas para limpiar pistas, no se enviaron más brigadas —incluso hay menos— y los sotos no se protegen», considera.

Biodiversidad

A finales de julio de este año, escasos días antes de que se desatara la gran ola incendiaria de 2025, la Xunta anunciaba un paquete de trabajos de recuperación de la biodiversidad financiados con 400.000 euros de los fondos europeos NextGenerationEU. «Supondrá intervenir en 45 hectáreas de superficie», indicó la Consellería de Medio Ambiente.

La directora general de Patrimonio Natural, Marisol Díaz, explicó que estos trabajos comenzaron a finales de junio de 2025 y que «la previsión es que se prolonguen alrededor de un año» para propulsar la regeneración de «distintos espacios con importantes valores naturales, así como la eliminación de especies exóticas invasoras». Previo a este reciente anuncio, la Administración y algunas asociaciones ejecutaron proyectos de recuperación y gestión de biomasa en algunos puntos afectados de las más de 11.500 hectáreas que ardieron en O Courel en quince días de julio de 2022.

Entre ellos, se procuró la plantación de castaños. «Injertaron rebrotes en una parcela de castañares de cuatro hectáreas que había ardido», explica Álvarez. Sin embargo, considera que «no se gestionó correctamente» la biomasa. «Hay sitios donde aún te puedes encontrar troncos quemados tirados en el suelo porque no los retiraron», reconoce.

En ese sentido, Óscar Carrete, líder de la corporación municipal de Courel Vivo, denuncia que persisten «los mismos problemas». «Aparte de las ayudas para las propiedades afectadas, apenas nos llegó nada, todo limosnas que no solucionaron la situación posterior», indica. Considera que las iniciativas de desbroce y plantación «fueron privadas», lo que dificultó la prevención ante una nueva catástrofe.

Durante los incendios de 2022, Carrete fue uno de los vecinos que se organizó para combatir el fuego. Junto con los brigadistas y otros habitantes de la zona, es uno de los voluntarios que año tras año participa en las labores de extinción. «Hace unos días, cuando se acercaba el frente de León hacia O Courel por Vilarrubín, me acerqué allí y solamente éramos vecinos ayudando en esa localidad de Oencia», explica. «Estamos peor que en 2022, porque antes había dos brigadas municipales y ahora, una, y no hay ninguna de la Xunta con base en O Courel», protesta Carrete. En ese sentido, la alcaldesa courelana, Dolores Castro, puntualiza que «las brigadas son de la Xunta —dentro del Distrito Forestal de Monforte de Lemos— y antes, como había más efectivos, se podían turnar».

«Año tras año se cometen los mismos errores», lamenta Carrete. Aunque «en aldeas como Froxán o Vilamor, las comunidades de montes están trabajando en políticas forestales más responsables por miedo al fuego», explica Marcos Reinoso, presidente de la Asociación Desenvolvemento Serra do Courel. Sin embargo, esta regeneración innovadora del monte no está muy extendida, por lo que Reinoso considera que «se ha perdido una oportunidad ideal de cambiar el modelo». En parte, dice, «porque todas las promesas de la Administración quedaron en nada, como un comité técnico anunciado por la Xunta del que nunca más volvimos a saber», opina. Con él coinciden Orlando Álvarez y Óscar Carrete que, además, creen que esta región seguiría saliendo mal parada ante un nuevo incendio de magnitudes similares. ◄«Me gustaría poder decir que si hay otro igual no pasaría lo mismo, pero es que no vemos avances en políticas forestales, solo promesas bonitas que no se materializaron», lamenta Reinoso. Por su parte, la alcaldesa de O Courel habla de «tres años pedagógicos» en los que «se ha procurado la plantación de frondosas, incluso cerca de pinares», además de «retirar la madera quemada de las zonas ardidas» y «arreglar pistas calcinadas».

El fuego de 2025

Y ahora las llamas vuelven a amenazar este paraje. «Por suerte pudimos contenerlo en las fronteras con el municipio leonés de Oencia y con el de Quiroga», apunta Dolores Castro. Desde el concello courelao vivieron momentos «muy tensos», sobre todo «por la formación de pirocúmulos, como el que hubo en Froxán en 2022», recuerda la alcaldesa. Tanto el gobierno municipal como la oposición destacan que la rapidez de los vecinos, «de los voluntarios que vigilan el perímetro», fue crucial para que no saltase al corazón de O Courel. Sin embargo, en este concello se quemaron varias hectáreas en la zona de la aldea de Eiriz —que ardió en 2022— y del que no notificó la Xunta, aunque la alcaldesa reconoce que «hubo mucha preocupación, por lo que se actuó rápido».

En su casa albergaba un museo etnográfico donde exponía centenares de piezas y fotografías que relataban la evolución popular de O Courel, así como instrumentos tradicionales. Se quemó todo.

«Arreglaron algunas pistas, que quedaron intransitables por el fuego, y algunos injertos de castaño cercanos a las casas», explica Orlando Álvarez. Estos fueron, en su mayoría, rebrotes de castaño, un árbol casi ignífugo pero que, dado su pésimo estado de conservación, no pudo proteger las casas del fuego en Vilar. «Lo que me resulta curioso es que, después de arrancar mimosas al ser especies invasoras, planten en Vilar paulownias, estas plantas subtropicales madereras que están de moda», apunta Álvarez.

Otros lugares a los que el fuego amenazó en 2022 tampoco se recuperaron por completo, como la aldea de O Mazo, o ciertas zonas de Froxán y Vilamor. «Aquí aún estamos pagando las consecuencias», dice Reinoso.

Xan todavía no pudo volver a su casa quemada

Meses después del incendio más agresivo que vivió O Courel, se escribieron múltiples crónicas acerca de la reconstrucción de la casa-museo etnográfico de Juan Sánchez, Xan (Vilar, 1942). Él mantenía esperanzas. Hoy, el resultado no es muy distinto. El que durante años fue el único habitante de esta aldea no pudo regresar todavía.

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