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Crece la inquietud de los avicultores en Galicia ante el confinamiento por la gripe aviar: «Si el virus entra en un gallinero doméstico puede propagarse por todas partes»

Las 6.000 gallinas ponedoras de la explotación de David Durán en Zas ya no salen de la nave. El avicultor mantiene la producción diaria de cinco millares de huevos mientras extreman la bioseguridad. En Galicia más de 1.300 explotaciones deben afrontar las nuevas restricciones por prevención.

El granjero avícola Davil Durán, con un mono de protección, tras guardar a sus gallinas ayer. |

El granjero avícola Davil Durán, con un mono de protección, tras guardar a sus gallinas ayer. | / LCO

E. Ocampo

A Coruña

Hablar con el propietario de la Avícola Santa Clara, que cría (o criaba, más bien) las gallinas en libertad es tarea difícil. La conversación se prolonga a lo largo de dos días, en las pausas que permite el manos libres de la furgoneta durante el reparto de huevos, que se extiende desde Zas, a pocos kilómetros de la capital compostelana. Fue hostelero antes que ganadero. Quizás por eso, David Durán Villaverde, sabe lo que vale un huevo. El empresario gestiona una explotación de gallinas ponedoras en suelo con salida al exterior… hasta que las medidas sanitarias lo impidieron. Así afronta la granja de David, una de las 340 más afectadas en Galicia al albergar gallinas camperas, ecológicas o ponedoras en suelo, la amenaza de la gripe aviar.

Con un ojo mirando a un embalse próximo porque es punto de llegada de aves migratorias —como las garzas que envía lejanas en una foto— y, con el otro, pendiente de que no enferme ninguna de sus 6.000 gallinas ponedoras. Cierta bipolaridad rodea la atmósfera de 1.300 explotaciones avícolas gallegas estos días. Desde ayer, el Ministerio de Agricultura obliga a confinar todas las aves ante el aumento de casos, lo que afecta directamente a explotaciones como la de Durán.

«Llevamos ya más de un mes sin dejar que salgan al exterior. Los veterinarios me recomendaron encerrarlas porque había mucha gripe aviar en el centro de España. Vivimos con tensión, sí, pero miedo como tal no», explica el joven. David comenzó con 800 gallinas, y hoy la explotación supera las 6.000, distribuidas en dos fincas.

La decisión de dedicarse a la avicultura surgió tras una operación de hernia discal y la disponibilidad de una nave de vacas junto a su casa. «No tenía experiencia previa en ganadería, solo las cuatro gallinas de casa. Fue algo nuevo, por innovar y porque el huevo tiene mucha demanda», señala.

Su intención inicial era montar una explotación campera, pero ante la falta de terreno suficiente exigido, optó por gallinas en suelo, buscando el bienestar de los animales.

La granja produce entre 5.200 y 5.300 huevos diarios, que se distribuyen principalmente en pequeños comercios locales y en la zona de Bertamiráns. Durán trabaja prácticamente solo, con ayuda puntual de su suegro, y gestiona todas las fases: recolección, clasificación y reparto. «Por las mañanas reparto; por las tardes recojo y clasifico los huevos. Una máquina me ayuda a clasificarlos por tamaño, pero requiere mucho trabajo diario», asegura.

Usan mono y desinfección

Las restricciones obligan ahora a extremar precauciones: al uso de mono se suma el calzado distinto para cada nave y una desinfección constante al acceder y salir.

Además, sigue con atención la proliferación de gallineros domésticos en la comarca, que aumentan el riesgo de contagio. «Si entra la gripe en uno de esos corrales, puede afectarnos a nosotros. Quiero pensar que todo el mundo cumple las normas», dice.

¿A qué les afecta el confinamiento? Quizás, ligeramente a la calidad de los huevos, pero no la producción. La Xunta confirma que el etiquetado de gallinas en suelo o camperas no se verá modificado por este confinamiento. Mientras duren las medidas, los avicultores gallegos, como David Durán, deberán gestionar la tensión y la incertidumbre, con la vista puesta en la próxima temporada migratoria y en que el cumplimiento de las normas evite la propagación de la enfermedad.

Según la Consellería do Medio Rural, Galicia contaba a finales de 2024 con 1.335 explotaciones avícolas, incluyendo pollos, patos y otras especies. Del total, 339 granjas en 2025 se dedican específicamente a gallinas ponedoras, según los datos del Sistema Integral de Trazabilidad Animal (Sitran) del Ministerio de Agricultura.

La Axencia Galega da Calidade Alimentaria (Agacal) cifra en 1,13 millones los ejemplares de gallinas criadas en libertad —en suelo, camperas o ecológicas—, que ahora deberán permanecer confinadas por la normativa ministerial.

«Si el virus entra en un gallinero doméstico, puede propagarse por todas partes»

Un avicultor del área de Vigo, responsable de una explotación con 1.600 gallinas camperas, reconoce que la situación generada por la gripe aviar empieza a inquietar de verdad al sector. Asegura que, aunque llevan semanas limitando la salida al exterior y reforzando medidas de bioseguridad, el riesgo continúa. «Si el virus entra en un gallinero doméstico, puede propagarse por todas partes. Ese es el miedo real», afirma. El criador explica que los pequeños productores se sienten especialmente vulnerables, porque dependen del manejo diario y del contacto constante con los animales. Desinfectan accesos —el calzado cada vez que entran y salen—, restringen visitas y controlan cualquier movimiento, pero perciben que no todo está en sus manos. «Hacemos lo posible, pero sabemos que puede llegar por donde menos lo esperes». Reconoce que la tensión es continua. La prioridad, evitar un brote que podría resultar devastador, no solo por el impacto económico, sino también por la responsabilidad sobre las aves.

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