Las bebidas energéticas se desploman en adolescentes antes del veto legal
El porcentaje de estudiantes gallegos de 14 a 18 años que las consume en el último mes cae un 30% en dos años | Aun así, casi 39.000 chavales recurren a ellas con regularidad

Un joven mira la sección de bebidas energéticas en un supermercado. / EP
C. Villar
Cuando la Xunta anunció su intención de incluir en su futura normativa sobre prevención de conductas adictivas el veto a las bebidas energéticas a los menores de edad, en 2023, los datos de consumo de ese tipo de refrescos habían alcanzado en Galicia cifras que suscitaban la preocupación de las autoridades sanitarias: casi la mitad de los estudiantes de enseñanzas secundarias —un 45,6 por ciento— admitía haberlas tomado en el último mes, lo que da una idea de regularidad. Así lo reflejaba el Plan Nacional sobre Drogas en la encuesta específica bianual que busca medir la relación con las drogas del alumnado de 3º y 4º de ESO, FP básica y de grado medio y Bachillerato con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años.
Ese contexto, junto con las prevenciones enunciadas por el Ministerio de Sanidad, que advierte en sus informes de que la ingesta «regular» de esas bebidas se ha «asociado» a sobredosis de cafeína, hipertensión, pérdida de masa ósea y osteoporosis, sin olvidar efectos secundarios como palpitaciones, insomnio, náuseas o vómitos, animó a la Xunta a dar el primer paso e impulsar a una normativa para impedir a los menores el acceso a estos productos. Esa legislación, que sufrió los retrasos derivados de la convocatoria electoral autonómica, ya está en el Parlamento, e incluye entre las infracciones leves —que parten de un mínimo de 200 euros de sanción— el consumo o la posesión de estas bebidas por los chavales.
Sin embargo, ya incluso antes de que la normativa concluya el periplo que la convertirá oficialmente en ley, el consumo de estas bebidas de alto contenido en cafeína se ha desplomado entre los chavales. Al menos así lo refleja el sondeo más reciente realizado por el Plan Nacional sobre Drogas entre los estudiantes. Las cifras gallegas indican que de aquel 45,6 por ciento de consumidores en los 30 días previos de 2023 —cuando se batieron récords en España— se pasa este año a un 31,3 por ciento. Eso supone una tercera parte menos, lo que puede ir asociado a una mayor sensibilización sobre los efectos tras el anuncio de la normativa entre las familias y en la cohorte analizada en 2025, que se ha renovado en dos años con respecto a la anterior. El titular de la Consellería de Sanidade, Antonio Gómez Caamaño, ha insistido en desmitificarlas desde el Parlamento gallego: «Las bebidas energéticas no elevan el rédito escolar o deportivo». En cambio, alertó al defender la ley, una sola lata puede equivaler a dos cafés expresos.
Con menos de un tercio de estudiantes de 14 a 18 años ingiriendo esas bebidas, Galicia se situaría a la cola de todo el Estado en ese indicador, a pesar de que el retroceso es general. La media estatal de consumo en el último mes estaba en 2023 en un 47,7 por ciento, por encima del de la comunidad gallega, y ahora ha descendido hasta un 38,4%. Si bien el organismo dependiente del Ministerio de Sanidad subraya en sus informes que ese dato es el más bajo registrado desde 2016, la caída —de cerca de un 20%— sería más moderada que la detectada en Galicia. Con todo, en la comunidad, al traducir el porcentaje de consumidores a números absolutos, y generalizando el comportamiento de los estudiantes de enseñanzas secundarias a todos los adolescentes gallegos de entre 14 y 18 años, la cifra de usuarios de bebidas energéticas en esas edades rondaría los 38.700.
Mezcla con alcohol
No está tan clara, apuntan desde Sanidad sobre los datos estatales, la bajada entre quienes mezclan las bebidas energéticas con alcohol, a pesar de que los registros caen del 19,5 por ciento de chavales que admitían esa práctica en 2023 al 15,2 por ciento de 2025 —analizando siempre la conducta en el mes previo al sondeo—. En Galicia, el descenso es más acentuado: se partía del 22%, el cuarto dato más alto del Estado, y se ha pasado al 13,7%. La costumbre es más de chicos (16,7% frente a 10,8%).
Que el Gobierno gallego impulsase el veto legislativo a las bebidas energéticas y su equiparación a efectos prácticos con el alcohol cuando se trata de menores animó a otras autonomías a seguir el ejemplo. Frente a alegaciones del sector a la norma, cuestionando que se aborden estos refrescos como una «droga», la Xunta alega sus efectos sobre la salud y los desaconseja en niños y adolescentes.
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