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La carretera se cobra una Fisterra entera: 4.500 muertos en 25 años en Galicia

Stop Accidentes, en el 25º aniversario de su fundación, critica el «estancamiento y conformismo» actuales, que sitúan lejos el objetivo cero víctimas

Urge al Congreso "rigor jurídico y compromiso" para desbloquear la reforma de la tasa de alcohol

Responsables de Stop Accidentes, en el acto de su 25º anivesario este martes en la sede de la DGT.

Responsables de Stop Accidentes, en el acto de su 25º anivesario este martes en la sede de la DGT. / S. A.

A Coruña

Dos madres se negaron a aceptar que la muerte de sus hijos quedase reducida a una estadística. Ana María Campo, catalana, y Jeanne Picard, francesa afincada en Galicia, se encontraron hace 25 años en un duelo repentino, brutal e injusto provocado por un siniestro de tráfico: la muerte de sus hijos. De ese dolor compartido nació Stop Accidentes, una fundación surgida de la «rebeldía y el desamparo» de las familias que sufrían en soledad la muerte de sus seres queridos y que hoy es referencia en España en la defensa de las víctimas y en la reivindicación de una movilidad segura.

«Cuando nos dijeron que el accidente se pudo haber evitado, entonces nació nuestra indignación, fue nuestro grito de dolor, de angustia y desesperación», relata Picard sobre los inicios de Stop Accidentes: «Éramos las víctimas olvidadas por el poder político, apartadas del proceso penal y silenciadas por los medios de comunicación».

En este cuarto de siglo, las carreteras gallegas han visto morir a 4.500 personas. Es como si desapareciera de golpe la población entera de un concello como Fisterra, en la provincia de A Coruña, o de A Illa de Arousa, en Pontevedra. La cifra impresiona, aunque la evolución muestra un cambio profundo: de las casi 400 víctimas mortales del año 2000 se ha pasado a algo más de 90 en lo que va de año. El descenso es innegable, pero para Stop Accidentes la meta sigue aún lejos: cero víctimas.

Durante el acto de aniversario celebrado este martes en la sede de la DGT, Ana Novella y David Pérez de Landazábal, presidenta y vicepresidente de Stop Accidentes, instaron al Congreso a desbloquear la proposición de ley que desde hace 14 meses espera su aprobación en la Cámara para que la tasa de 0,5 se rebaje a 0,2 (0,1 miligramos por litro de aire aspirado).

«Esta ley no es para nosotros, es para la sociedad. Parece que pedimos limosna, pero es para que no haya más muertes», advirtió durante el acto Pérez de Landazábal antes de lamentar la falta de concienciación en la sociedad sobre este problema.

Por todo ello, reclaman a los grupos parlamentarios «rigor jurídico, compromiso real y humanidad» para sacar adelante la ley. «La vida se pierde en segundos. Bloquear una ley que salva vidas no es estrategia política, es irresponsabilidad», zanjó el vicepresidente de la organización.

Estancamiento

Este cuarto de siglo estuvo marcado por avances decisivos, como la implantación del carné por puntos en 2006 o la reforma del Código Penal en materia de tráfico en 2007. Sin embargo, según advierten desde la asociación, en los últimos años se ha regresado a una senda de "conformismo y estancamiento".

Desde que en 2013 se marcó el mínimo de 1.680 muertes en la red viaria española, las cifras han retrocedido hasta situarse alrededor de las 1.800 víctimas mortales al año. En Galicia fue en 2017 cuando se alcanzó la cifra más baja (76), pero en lo que va de 2025 ya son más de 90 los fallecidos en el asfalto frente a los 89 de todo 2024.

En los últimos doce años, lamentan, no se han aprobado nuevas medidas legislativas que permitan endurecer las sanciones contra los responsables de la violencia vial o reforzar la prevención. La reforma de la Ley de Tráfico —que incluía la rebaja de la tasa de alcohol y el veto a los avisos de controles— se había anunciado para este año, pero más de un año después de iniciar su recorrido en el Congreso continúa paralizada.

«Éramos dos madres rotas», así nació Stop Accidentes, de la tragedia personal a la defensa coletiva

La delegada de Stop Accidentes en Galicia relata cómo, recién golpeadas por la tragedia, ella y Ana María Campo se lanzaron hace 25 años a un activismo cuyo destino desconocían: «Éramos dos madres rotas, con el alma partida, pero luchadoras, dispuestas a sacar fuerzas para salir del silencio. No nos resignamos ni aceptamos lo inaceptable ante la catástrofe diaria: casi 5.000 personas fallecían en el tráfico en España ante la indiferencia de la sociedad». No querían ser «víctimas olvidadas por el poder político, apartadas del proceso penal y silenciadas por los medios de comunicación».

Su primera reunión con el entonces director general de Tráfico, Muñoz Repiso, marcó un antes y un después. «Nos escuchó y nos dijo que íbamos a predicar en el desierto», detalla Picard. Poco después, un agente de seguros les aseguró que las víctimas eran «el precio a pagar por el progreso».

Aquellas frases, «clavadas en el corazón y en la memoria para siempre», se convirtieron en un revulsivo. «Ofendidas e indignadas decidimos actuar y fundar Stop Accidentes», relata. Desde entonces, Picard se convirtió en la delegada de Stop Accidentes en Galicia, una figura imprescindible en la defensa de las víctimas y en la presión constante para mejorar la seguridad vial.

Su discurso, siempre firme y sereno, ha acompañado reformas legislativas, campañas de concienciación y debates públicos. «Mi hijo Santi forma parte de esta cruel estadística de la vida, siendo una de las primeras víctimas mortales de este siglo en las carreteras gallegas. Es la razón de ser de la fundación Stop Accidentes, para que no le pase a nadie más», apunta Picard. «Seguiremos el camino, indignados pero dignos, rebeldes pero reivindicativos, responsables y proactivos. Nos espera una tarea compartida para convencer, decidir y actuar», concluye.

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