Casi 600.000 gallegos se abastecen con agua que acarrea riesgos para la salud
Se trata de las traídas vecinales y pozos privados, que carecen de controles y medidas de profilaxis por falta de recursos técnicos y económicos y también por desconocimiento
X. A. Taboada
El proceso de elaboración de los planes hidrológicos es lento y laborioso, porque se trata de hacer una radiografía profunda de los recursos y sus problemas y articular las medidas destinadas a garantizar y mejorar el abastecimiento y el saneamiento de los vertidos para asegurar la protección de las masas de agua del territorio. Tanto la Xunta como el Gobierno central acaban de iniciar otra fase de la tramitación, con el Esquema de Temas Importantes, y en ese documento se advierte de que casi 600.000 gallegos está expuestos a riesgos para la salud porque la seguridad de su sistema de abastecimiento de agua está comprometida.
Se trata básicamente de la población que vive en zonas rurales y cuya principal característica común es que su suministro se hace a través de traídas vecinales (el 10% de los habitantes de Galicia) o con pozos y manantiales privados (el 13%). Entre ambos colectivos suman el 23% de la población gallega, algo más de 580.000 habitantes, sostiene Augas de Galicia en su Esquema de Temas Importantes, en el que, como su nombre indica, el objetivo es definir los principales problemas hidrológicos de Galicia y las medidas dispuestas para afrontarlos.
«La seguridad del agua en estos abastecimientos está comprometida por la falta de concienciación respecto a los potenciales riesgos sanitarios», se recoge en el documento. La causa de que la población esté expuesta es la insuficiencia dotación de recursos técnicos y económicos para implantar controles periódicos y reducir los riesgos, ya que las traídas las gestionan los propios vecinos. Además, dice Augas de Galicia, en muchos casos la calidad del agua subterránea puede no resultar adecuada para el suministro debido a la presencia natural de distintos metales asociados a la composición geológica del terreno.
A todo esto se suma que no hay una regulación administrativa de los pequeños sistemas de suministro, por lo que se desconoce la cantidad real de recursos hídricos de que dispone Galicia.
«Sin apoyo y desgobierno»
«La ausencia de una planificación efectiva de estos servicios básicos en el rural disperso, junto con la falta de capacitación técnica y la desinformación de los propios usuarios encargados de desarrollar las soluciones autónomas para su abastecimiento y para la gestión de sus aguas residuales, que en la mayoría de los casos no contaron con un adecuado apoyo de las administraciones competentes, son cuestiones que derivaron en la situación actual de desgobierno y exposición de la población a riesgos para la salud», se advierte en el documento.
Por si fuera poco, se corre también un serio riesgo de incrementar la vulnerabilidad de estos sistemas de autoabastecimiento por los efectos del cambio climático, con un suministro sin garantías los 365 días de año por los episodios de sequía y la mayor demanda por las altas temperaturas en aspectos como duchas, piscinas o riegos.
«El cambio climático está comprometiendo la calidad del agua destinada al consumo humano en entornos rurales. Las sequías prolongadas reducen la capacidad de dilución natural, mientras que las lluvias intensas arrastran contaminantes hacia embalses y acuíferos. El aumento de temperaturas favorece la proliferación de algas tóxicas, cianobacterias y patógenos emergentes, mientras que la intrusión salina en acuíferos costeros degrada de forma irreversible a calidad química del agua. Estas amenazas generan riesgos sanitarios directos, especialmente en pequeños sistemas rurales con limitada capacidad de tratamiento», se explica en el documento, sometido ya a consulta pública.
El problema no es nuevo. Se arrastra desde hace tiempo y, de hecho, ya está reconocido como tal en el plan hidrológico vigente (2021-2027), por lo que se implantaron medidas como mejorar la información a los propios usuarios sobre los riesgos, disponer de ayudas económicas y potenciar la capacitación técnica y de control de los gestores de las traídas vecinales, medidas que se reforzarán en el nuevo plan (2028-2033). A esto se suman las acciones recogidas en los programas autonómicos contra la sequía, de abastecimiento y de saneamiento.
Pero Augas de Galicia entiende que, incluso así, este esfuerzo y las herramientas disponibles pueden resultar insuficientes. «Es muy probable que, debido a la complejidad propia de esta temática, aun no se esté abordando adecuadamente. Estas medidas pueden no ser suficientes para afrontar un problema tan complejo y extendido en ámbito gallego», avisa.
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