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Resumen de 2025 en Galicia: Caen Villares y Tomé por denuncias de acoso

El presidente de la Diputación de Lugo y el conselleiro do Mar se vieron forzados a dimitir tras las denuncias presentadas contra ellos, si bien el juzgado rehabilitó a Alfonso Villares al no ver motivo para procesarlo

Alfonso Villares, durante la comparecencia para anunciar su dimsión.

Alfonso Villares, durante la comparecencia para anunciar su dimsión. / EFE

La caída de dos cargos públicos este 2025 desató una tormenta política que desbordó lo orgánico. PP y PSdeG tuvieron que rendir cuentas ante el partido y ante la ciudadanía por varias denuncias de supuesto acoso/agresión sexual que fueron afrontadas de muy distinta forma en cada formación.

El primer caso estalló en junio. La dimisión del entonces conselleiro do Mar, Alfonso Villares, no sorprendió por el abandono en sí, sino por el motivo: una denuncia por agresión sexual presentada meses antes en Ferrol por la modelo Paloma Lago. Villares se marchó entre los aplausos de sus compañeros y de los máximos responsables de la Xunta. Frente a las críticas de la oposición por la falta de transparencia, el PP y el Ejecutivo autonómico cerraron filas en torno al líder del partido y presidente de la Xunta. En la recta final de año, el juzgado de Ferrol archivó la denuncia contra el exconselleiro y elevó la causa a la Audiencia Provincial, que deberá confirmar o revocar la decisión de la instructora.

En diciembre otro tsunami sacudió la política gallega. Esta vez al PSdeG, que abrió en canal al partido. El caso Tomé surgió a raíz de varias denuncias de acoso sexual en el canal interno del PSOE. Pese a su resistencia inicial, la presión del partido forzó la dimisión del presidente de la Diputación de Lugo y líder socialista en la provincia, José Tomé. La onda expansiva alcanzó de lleno a un ya debilitado secretario general, José Ramón Gómez Besteiro, obligado a explicar qué sabía, cuándo lo supo y qué hizo con esa información.

Tomé negó las acusaciones, habló de «montaje» e intentó resistir, pero no lo logró. Pero su salida no cerró la crisis; al contrario, avivó las guerras internas del socialismo gallego. A las pocas horas, surgieron voces dentro del propio partido cuestionando la gestión de la dirección gallega. Entre ellas, la de la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, que encabezó un manifiesto reclamando transparencia y apoyo a las víctimas. Un gesto que evidenció que la fractura no era solo orgánica, sino también generacional y política. Con la presión interna creciendo, Besteiro defendió su actuación: aseguró que el 7 de octubre se reunió con una tercera persona que le relató los hechos, que trasladó la información a Tomé —quien los negó— y que recomendó a esa tercera persona que la víctima acudiese a Fiscalía. Una explicación que no logró disipar las dudas ni frenar las exigencias de responsabilidades.

Así, Galicia cierra el año con dos crisis que hablan más del clima político que de los protagonistas. Un Gobierno autonómico que optó por blindarse ante una denuncia grave. Un PSdeG que volvió a desangrarse en público. Y un escenario en el que la gestión de estas acusaciones dejó de ser un asunto interno para convertirse en uno de los termómetros de la cultura política de 2025.

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