Resumen del 2025: Galicia en llamas
La comunidad sufre en un mes negro de agosto la mayor ola de incendios del siglo. Ardieron 119.000 hectáreas, la mayoría en Ourense, con casas quemadas y brigadistas heridos

Un guarda forestal en un incendio en Carballeda de Avia en Agosto / Brais Lorenzo
Paula Pérez
Galicia afrontó el pasado agosto la peor ola de incendios del siglo. Un cóctel explosivo de sequía, altas temperaturas y vientos fuertes, aderezado con la acumulación de biomasa en el monte y la mano del hombre, bien sea por negligencias o con clara intencionalidad de hacer daño, desencadenó una serie de incendios simultáneos que alcanzaron proporciones nunca vistas y sembraron el caos: ardieron casas y explotaciones, el miedo se apoderó de cientos de vecinos que vieron cercadas sus aldeas por las llamas, hubo desalojos, vías de comunicación cortadas al tráfico y hasta ocho brigadistas heridos. El fuego se convirtió en un enemigo imparable y la Xunta, desbordada, clamó por más medios al Gobierno.
La Consellería de Medio Rural cifró las hectáreas quemadas en 2025 en casi 119.000 como resultado de 1.500 fuegos. Y casi toda esta devastación se concentró en un mes de agosto fatídico y se cebó especialmente con Ourense, donde aproximadamente una sexta parte de la superficie de esta provincia fue pasto de las llamas. Las estimaciones de la Xunta, en todo caso, están por debajo del dato que arroja el Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea, el programa Copernicus, que calculó un afectación de 171.000 hectáreas desde el inicio del verano.
No solo fue la peor ola de incendios de este siglo sino que este año 2025 es el tercero con mayor superficie quemada desde que hay registros (1976). Y no es el único récord que se batió este verano. Nunca en la historia de la comunidad se habían desatado incendios tan grandes. El fuego originado en Larouco el 13 de agosto se propagó con rapidez por los concellos de Quiroga, O Barco, O Bolo, Carballeda de Valdeorras, A Rua, Petín, Rubiá, A Veiga y Vilamartín de Valdeorras. A su paso calcinó 31.800 hectáreas.
La virulencia de estos incendios alcanzó cotas extraordinarias: en el incendio de Larouco se alcanzó una potencia calorífica de entre 40.000 y 50.000 kilovatios por metro, el equivalente a 20.000 radiadores convencionales funcionando y se llegaron a quemar 1.700 hectáreas en solo una hora. Las llamas en algunos momentos llegaron a alcanzar una altura de 2.000 metros.
Durante 23 días de agosto cundió el caos. La cercanía de las llamas a núcleos poblados obligó a más de 2.200 confinamientos y a 400 evacuaciones, entre ellas a mayores de varias residencias e ancianos. Pese a los esfuerzos de los servicios de extinción resultaron dañadas 144 casas, de las que 13 eran vivienda habitual. Una de las imágenes más duras de la tragedia fue la aldea de San Vicente de Leira (en Vilamartín de Valdeorras) que quedó reducida a cenizas. Las llamas y el denso humo dejaron por momentos a Galicia incomunicada con la Meseta con cortes en varias carreteras y autovías y el servicio ferroviario suspendido.
Tras el desastre llegaron las ayudas de la Xunta: hasta 132.000 euros por vivienda dañada, también se aprobaron indemnizaciones para explotaciones agroganaderas, tecores, así como rebajas fiscales y convenios con los ayuntamientos para acometer la reparación de los equipamientos públicos. Según el último balance del Gobierno gallego, ya se han abonado casi 17,4 millones de euros a los afectados.
Pero también toca revisar los errores cometidos en la gestión de los incendios forestales y ponerles remedio. Se elevará un 50% el presupuesto para prevención hasta los 75,3 millones de euros. Además la Xunta aumentará los apoyos a los concellos de menos de 10.000 habitantes para la limpieza de franjas de seguridad y ha elevado de 157 a 276 las parroquias consideradas prioritarias en los desbroces. También se reforzarán los medios de extinción con la contratación de dos nuevos aviones de carga en tierra y la mejora de bases aéreas.
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