Galicia cumple 40 años en la UE: de «Plan Marshall» a mal negocio
En el aniversario de la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea, el balance divide a los principales partidos gallegos: desde una «historia de éxito» y un paso hacia la consolidación democrática, hasta un «pecado original» con consecuencias que todavía se palpan en la pesca y el campo

Galicia cumple 40 años en la UE: de «Plan Marshall» a mal negocio | EP
Noela Vázquez
Con el inicio del nuevo año, llegó también el aniversario de uno de los momentos más decisivos de la historia reciente de España: su entrada en la Unión Europea. Fue el 1 de enero de 1986 cuando el país, en plena Transición, formalizó su adhesión a la por aquel entonces denominada Comunidad Económica Europea con la promesa de fondos e integración en el mercado común. Ahora, cuatro décadas más tarde, el balance que hacen los principales partidos gallegos sobre el impacto que tuvo esa decisión en la comunidad no podría ser más dispar: mientras que para los populares supuso un «auténtico Plan Marshall» y los socialistas celebran haberse subido al «carro de la democracia», el BNG es más crítico, y denuncia que la autonomía partió de unas condiciones mal negociadas en las que el Estado «vendió» a Galicia, y reclama a una UE que no llame «a los tanques en vez de a los tractores».

Galicia cumple 40 años en la UE: de «Plan Marshall» a mal negocio | XOÁN ÁLVAREZ
Concretamente, desde el PP gallego, la valoración es muy positiva. Para el eurodiputado Francisco Millán Mon, «estas cuatro décadas han supuesto un enorme progreso de modernización de nuestra economía», representando una «historia de éxito». «Recibimos un auténtico Plan Marshall: desde 1986, Galicia ha percibido 32.000 millones de euros, de los cuales el 65% corresponde a fondos estructurales y de cohesión», asegura, destacando medidas como el fin de los controles fronterizos y programas como Erasmus+. Una Unión, sentencia, que hoy «necesitamos más que nunca unida, competitiva y fuerte», para hacer frente al creciente «populismo y al extremismo que intentan socavar este proyecto común».

Galicia cumple 40 años en la UE: de «Plan Marshall» a mal negocio | BERNABÉ/JAVIER LALÍN
A todo ello, añade su compañero y también eurodiputado popular Adrián Vázquez, hay que sumar el impacto que ha tenido la llegada de los fondos de cohesión y políticas como la Política Agraria Común o el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca, que supusieron «una auténtica revolución para nuestros sectores más representativos»; así como la mejora en la conectividad, la construcción de autovías o la modernización de las redes ferroviarias. De este modo, cree que «lo mejor está por venir», si bien seguirán pendientes «para atender las reivindicaciones de los gallegos en cuestiones como la negociación del nuevo Marco Financiero Plurianual 2028-2034, donde la UE debe atender nuestras peticiones sobre un presupuesto justo para la pesca o para la PAC».
Con esta visión coincide, en gran medida, el partido socialista, cuyo eurodiputado, Nicolás González, tiene claro que en 1986 España se subió a un «carro democrático que ya estaba en marcha». Para él, la decisión fue un «absoluto acierto», que nos permitió «mejorar tanto en aspectos económicos como sociales». «No hay más que ver las infraestructuras» para apreciar el impacto que ha tenido la entrada del país en la UE y el salto cualitativo que hubo en estas décadas, detrás del que «siempre estaba Europa», ensalza. Eso sí, cuestionado sobre las asignaturas pendientes, señala sin titubear a la pesca, porque, si bien la entrada en la UE supuso «la apertura a un mercado de 450 millones de personas» en el que la economía azul gallega tiene un peso muy relevante, el sector tiene problemas para «adaptarse a la política pesquera», ante lo que pide «reformas» que tengan en cuenta a los pescadores. En todo caso, no duda de que sería «un riesgo muy grave apartarse de la agenda europea», en un contexto en el que resalta la importancia de la defensa de la democracia y el fortalecimiento recíproco.
El «pecado original»
Finalmente, para la eurodiputada nacionalista, Ana Miranda, en la entrada de España y, por tanto, de Galicia en la UE se cometió un «pecado original». En aquel momento, «la llamada de Europa era un elemento de modernización y democracia», pero «no se tuvieron en cuenta los intereses importantes de un país productivo como el nuestro que ya era altamente dependiente de la pesca y la agricultura». «La entrada tendría que haber sido mucho más justa, más equilibrada, con mayor adaptación a la reindustrialización», lamenta, señalando que «hubo muchos más beneficios en otras partes del Estado» mientras que para Galicia «fue muy mal negociado». Su balance, por lo tanto, no es ni positivo ni negativo, sino de «injusticia», porque, en «aquellas negociaciones», indica, «el Estado nos vendió completamente». Una injusticia que ve claramente en la situación de los transportes, de la agricultura y, sobre todo, en la flota. Sin ir más lejos, condena que «no es normal que siendo la principal flota pesquera europea, tengamos menos cuotas que países que no tienen apenas flota».
A esto suma otra de las principales críticas del Bloque, que siempre ha reclamado una «Europa de los pueblos» que sigue siendo claramente una «Europa de Estados», y que ahora «llama a la guerra, y no a la paz», «a los tanques en vez de a los tractores» y a la «minería para la guerra en vez de cuidar el medio ambiente». Europa, lamenta Miranda, «está fallando» y «yendo en contra de los intereses de los gallegos, cuyos principales problemas son la vivienda y el empleo, o todas las denuncias que se hacen contra proyectos como el de Altri, que la UE está amparando». «Estamos en un cambio de paradigma por la ausencia, precisamente, de esa UE que debería ser social, pero que cada vez es más neoliberal», afea.
Así, el diagnóstico político de la UE en clave gallega oscila entre la gratitud por lo construido y la sospecha sobre el precio pagado para entrar, pero, ante todo, tiene la mirada en el futuro, consciente de que las decisiones que se tomen en los próximos años marcarán el devenir del proyecto europeo.
La tecnología y la energía, oportunidades de futuro
Por su parte, la economista y profesora de la Universidade de Santiago, Maite Cancelo, que forma parte del equipo de investigación Econometría e Estudios Cuantitativos de Desenvolvemento Económico Europeo e Internacional, constata que la mejora que hubo en estas décadas en innegable, tanto en servicios y derechos como en aspectos como las infraestructuras o el apoyo a la industria. Mirando al futuro, en cambio, señala a dos cuestiones concretas como los principales retos: la tecnología y la energía. Estos son dos aspectos en los que la UE se ha quedado atrás en comparación con otros países y en los que hay que pisar el acelerador, puesto que, además de ser una amenaza, advierte, también representan una gran oportunidad de crecimiento que no podemos dejar pasar. «Hay que apostar por los sectores tradicionales, que no se pueden dejar de lado, pero también hay que apostar por estos nuevos sectores», en los que, incide, Galicia tiene claras «ventajas», con «unas oportunidades que no hay en todas las regiones europeas» y una situación «privilegiada» para destacar en estos aspectos, tanto por el potencial investigador de la comunidad como por su riqueza natural para generar energía de origen renovable. Por otro lado, apela a la mejora de las políticas de desarrollo sostenible, que, si bien «son necesarias», deben ser coherentes con la realidad de cada territorio, como ocurre con la Política Agraria Común o la pesca. Finalmente, a esto suma la necesidad de la Unión de reducir la burocracia que es, a sus ojos, una de las actuaciones más acuciantes, si bien es un «pequeño» inconveniente más que «hay que pasar» porque «al final el resultado siempre va a ser mejor». «Siempre es así, si nos juntamos muchos es más fácil tener un mejor posicionamiento de cara a terceros, como Estados Unidos, Rusia u otras zonas de Asia, que nos permite ser más fuertes desde la esquinita norte de la península ibérica». Para ella, estos problemas son una suerte de «peaje» que hay que ir solventando con negociaciones y diplomacia.
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