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Las oposiciones de Educación, obsoletas y con lagunas en Galicia

Tanto los aspirantes a profesor como las academias coinciden en la necesidad de renovar el proceso, que cuenta con temarios «desactualizados» que datan del año 1993. Apelan, además, a mejorar las condiciones para hacer la profesión más atractiva, o «acabaremos teniendo un problema».

Aspirantes en las oposiciones de Educación de la Xunta. |  Marta G. Brea

Aspirantes en las oposiciones de Educación de la Xunta. | Marta G. Brea

Noela Vázquez

Santiago

Con lagunas, obsoletas, sin igualdad de condiciones… Así describen varios docentes gallegos el sistema de oposiciones de Educación, que el año pasado en Galicia dejó fuera casi al 90% de los participantes en la primera prueba. Con un temario que apenas ha cambiado desde los 90, todos coinciden en la necesidad de actualizarlo y, de paso, revisar el formato.

Es el caso de Alfonso Villares, socio fundador de la academia Nós Oposicións y docente en secundaria desde hace más de 20 años. Para él, el «proceso de selección tiene lagunas». Sin ir más lejos, un «dato objetivo» es que el temario data del año 1993, y que, aunque hubo una «pequeña actualización en 2007», ninguna administración «ha sido capaz» de hacer una reforma en profundidad. Está en proceso, pero ya hace un año que comenzaron las negociaciones entre el Gobierno y los sindicatos para modificarlo y aún no hay avances.

Contar con temarios con más de 30 años de antigüedad es más grave en unas especialidades que en otras, como explica cuestionado al respecto Marcelino Penide, que se sacó la oposición de informática y ahora es docente de Formación Profesional en Vigo. «La informática del año 1993 es algo prehistórico», y supone un «quebradero de cabeza». Los temas que están más desactualizados después «no los vas a volver a usar en la vida» y se estudian «para aprobar la oposición» pero no tienen una aplicación real en el aula, señala.

En todo caso, añade al respecto Cristina Otero —que el año pasado sacó la mejor nota en la especialidad de Música en primaria— también es necesario cambiar el formato de las oposiciones, especialmente en la primera de las dos pruebas, que es más teórica y está «obsoleta y desactualizada». En su especialidad, señala, como docente de música, «no es que el temario no responda a las necesidades del aula, pero la forma de plantearlos no es la más pertinente», especialmente en materias como la suya, que son mayoritariamente prácticas.

A esto suma que no todo el mundo va «en igualdad de condiciones», lo que para ella «es lo más importante». En su caso, dedicó cerca de un año a preparar la oposición. Lo hizo mientras mantenía su trabajo como docente de música en secundaria con plaza de interina, lo que le impidió acudir a una academia, donde los aspirantes cuentan con una preparación más guiada y materiales adaptados al proceso selectivo. En este sentido, lamenta que el sistema penalice a quienes no pueden o no quieren asistir a un preparador (bien sea porque no tienen tiempo o por causas económicas), lo que introduce desigualdades en un proceso que ya de por sí «es muy duro», reconoce.

Por su parte, explica Marcelino, él tuvo «la suerte» de poder estar en el paro un año para prepararse las pruebas, en base al temario que había conseguido antes de academias en las que estuvo apuntado, pero a las que no pudo acudir por estar trabajando. «Para los compañeros que van a opositar después de estar todo el año trabajando como interinos, entiendo que es muy complicado», lamenta.

«Si los mejores profesionales no quieren ser docentes, algo estamos haciendo mal»

A esta problemática derivada del formato de las oposiciones se suma la dificultad para cubrir vacantes en ciertas especialidades. Según explica Villares, el problema se concentra en especialidades concretas, como matemáticas, informática o electrónica, en las que hay una falta de profesionales en todo el país. Como consecuencia, «las grandes empresas se pelean por ellos», y «la administración no tiene herramientas retributivas para competir». Hasta ahora, el sector público ofrecía una serie de beneficios, como estabilidad, comodidad laboral, buenas condiciones y vacaciones, «pero esto pesa menos porque cada vez la situación en los centros es más compleja» debido a cuestiones como la burocracia o las ratios.

La solución, si bien es complicada, también es clara: hacer la profesión más atractiva, porque, aunque hay interés y sigue siendo «una salida profesional muy atractiva» (y prueba de ellos es que el año pasado se presentaron a las pruebas más de 20.000 aspirantes solo en Galicia), «la gente competente se acaba yendo». La educación, igual que la sanidad, son los pilares del estado de bienestar, y «si los mejores profesionales no quieren ser docentes ni médicos, algo estamos haciendo mal», lamenta Villares, que critica que «el mayor incentivo profesional sea poder hacer unos cursos por sexenios para tener más retribución». «Si no le ponemos coto, acabaremos teniendo un problema», advierte.

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