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La presidencia contra reloj de Carmela

La presidencia de la Diputación de Lugo es, para Carmela López, una oportunidad y un papelón a partes iguales. Porque el socialismo lucense necesita un referente político tras la caída de Tomé, pero ella tiene por delante poco más de un año para convencer. Y en un ambiente que es la jungla

M. g. p. | b. t.

Santiago

El PSdeG parcheó ayer el primer agujero del caso Tomé: la presidencia de la Diputación de Lugo. En el fondo, era el más sencillo, una vez hubo cierto consenso entre socialistas y nacionalistas —y el propio Tomé— en que Carmela López era la opción ideal. La alcaldesa de Burela recibió los nueve votos del PSdeG, los tres del BNG y el de Tomé, un total de 13 frente a los 12 de la alternativa del PP. Hasta ahí la parte sencilla de la operación.

Porque ahora falta por cubrir el otro boquete que abrió el escándalo de los acosos en el socialismo lucense: el liderazgo orgánico —es decir político—. Es cierto que el regidor de Monforte no fue un barón omnipresente ni todopoderoso al uso como Cacharro o en menor medida Besteiro, pero lo cierto es que, como veterano de la política, Tomé sí supo usar los resortes de la Diputación para mantener cierto control sobre la provincia. Su caída deja al partido sin timón en el territorio, lo que puede agravar la guerra de guerrillas en la que están inmersas las distintas corrientes socialistas: los besteiristas, los críticos y los de Tomé.

Carmela López tiene ahora las herramientas para, cuando menos, evitar la implosión del PSdeG en Lugo y abrir una nueva etapa. Suyo es el bastón de mando de San Marcos y, en él, está colgada la llave de una caja con un presupuesto de 135 millones de euros.

En su entorno afirman que tiene capacidad para asumir el reto y llevarlo a cabo con éxito. Pero los plazos en política son caprichosos y la alcaldesa de Burela tiene que hacerlo en tiempo récord. Entre el aterrizaje y la adaptación, a Carmela López le queda un año para convencer a la provincia, especialmente a los suyos, de que se puede convertir en la nueva referente del socialismo lucense.

Si no lo logra, su aventura en la política provincial puede volverse contra ella, incluso a nivel municipal, un ámbito que no puede descuidar estos meses ya que gobierna Burela en minoría y con la marca PSOE a nivel gallego y estatal en horas muy bajas.

Política de la nueva hornada

A favor de Carmela López Moreno (Burela, 1982) juegan su ilusión, sus ganas y la fuerza que da la juventud. Titulada en informática, es una política de la nueva hornada, capaz de sentirse más cómoda en las redes sociales que en el salón de plenos, lo que la conecta con el voto joven. De hecho, cuando ganó las elecciones en Burela en 2023 se tatuó el número de votos logrados, 1.635, como un «recordatorio diario del apoyo» recibido de su pueblo. Porque Carmela López también tiene un gen populista que le permite moverse con mucha naturalidad entre la gente y ganar en las distancias cortas. Es más de calle que de despacho.

Con fama de trabajadora, llegó a la política desde la empresa privada, en concreto una firma local del sector pesquero, puro ADN burelés. Tiene fama de trabajadora y de dialogante, pero también de ser una persona con carácter.

En su contra juega, además del calendario, su falta de experiencia en política, ya que debutó en 2019 como concejala de Servicios Sociales y de Mar de la mano de Alfredo Llano. Eso sí, fue el mandato de la pandemia lo que supuso un máster acelerado de gestión pública.

De arranque no era favorita para ser candidata en 2023, pero cuentan voces del partido que fue Tomé quien medió y confió en Carmela López, igual que ahora también tuvo el aval de su predecesor para gobernar la Diputación. Y ese puede ser a la larga otro dolor de cabeza para ella: que la vinculen demasiado a una figura denostada como Tomé, de cuyo voto dependerá para todo. Y si él tiene aspiración de volver algún día a ser algo en la provincia, tampoco dejará que se consolide su sucesora.

Y así, en esa jungla en la que está convertido el PSOE lucense, empieza la nueva era de Carmela. Hoy es el día 1 de su presidencia contra reloj.

«Asumo el cargo desde la igualdad»

Tras ser elegida con trece votos a favor, incluido el de su predecesor José Tomé, Carmela López inició su etapa como presidenta de la Diputación de Lugo rompiendo con el pasado reciente y las polémicas de acoso a través de una oda a la igualdad. «Llego aquí gracias al camino de muchas mujeres, pero también de muchos hombres que nos acompañaron en el camino para que cada vez haya más mujeres en política», resaltó en un momento complicado para su partido, que el pasado fin de semana trató en su Comité Nacional de cerrar filas por la crisis abierta en el mes de diciembre por los acasos de acoso sexual y laboral en el seno del PSdeG.

López sacó pecho por su cargo de alcaldesa de Burela, al que le agradeció «que me enseñase a gobernar con empatía, pero también con firmeza y criterio propio». Tendió, así, la mano a su equipo de gobierno, conformado por PSdeG y BNG, «quien encontrará en mi una disposición clara», pero también a la oposición «a la que siempre estaré abierta a escuchar para construir acuerdos buenos para la provincia».

La ya presidenta de la Diputación lucense agradeció los puentes tendidos y se erigió como una defensora «del trabajo en equipo y la colaboración de fuerzas políticas que comparten una responsabilidad con la ciudadanía: la estabilidad». «Entendemos que gobernar es sumar, poniendo siempre por delante el trabajo colectivo», alegó en su discurso, con el que los socialistas quieren poner fin a la crisis del ente provincial.

En un discurso donde se emocionó al recordar a la familia, López también se dirigió directamente a su partido, asegurando que tiene claro «cuál es mi compromiso», al tiempo que definió la Diputación de Lugo como «el concello de los concellos» y alabó el trabajo de su predecesor, que sigue al frente del Concello de Monforte de Lemos.

Al pleno asistieron tanto el líder PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, como la presidenta del PP de Lugo, Elena Candia.

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