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Los dependientes atendidos crecen un 22%, pero el peso recae en la familia

El plan de choque para agilizar la dependencia activado hace un año eleva en más de 17.000 los beneficiarios y reduce dos meses la espera por la ayuda que, aun así, sigue en 324 días

Las ayudas asignadas a la dependencia en ocasiones llegan tarde a los beneficiarios, cuando ya han fallecido.

Las ayudas asignadas a la dependencia en ocasiones llegan tarde a los beneficiarios, cuando ya han fallecido. / E. P.

Paula Pérez

Santiago

Hace un año la Xunta activó un plan de choque para desatascar la atención a la dependencia. Su propósito era superar los 90.000 beneficiarios y rebajar a seis meses el tiempo de espera. El primer objetivo se superó con creces pues un total de 92.878 gallegos reciben ya ayuda. En los últimos doce meses la cifra de atendidos sumó 17.146 personas más, lo que supone un incremento del 22% —un porcentaje que representa la mayor subida registrada en la última década—. Este aumento fue posible sobre todo al Bono Coidado, una ayuda económica de 5.000 euros anuales que la Consellería de Política Social concede para gratificar los cuidados por parte de familiares. De esta manera, las familias siguen llevando mayoritariamente el peso de la atención a los dependientes. En cuanto a la tramitación, las medidas impulsadas en 2025 permitieron rebajar en dos meses lo que se tarda en prestar la ayuda desde que se solicita, pero, pese a ello, la demora sigue superando los seis meses establecidos por ley pues se sitúa en 324 días.

Tramitaciones farragosas, un incremento de solicitudes por el envejecimiento poblacional y el déficit de algunos servicios estaban atascando la dependencia. La Xunta decidió darle impulso poniendo sobre la mesa en enero pasado un total de 90 millones de euros con los que puso en marcha un plan de reducción de la carga burocrática, una simplificación de los trámites e incentivos económicos a los técnicos de los equipos de valoración para que agilicen los expedientes.

Un año después la cifra de beneficiarios, al cierre de 2025, se ha disparado hasta los 92.878, el doble que hace una década, según los datos del Ministerio de Servicios Sociales. Además, los dependientes que tienen reconocido el derecho a la dependencia pero que aguardan por una prestación también se redujeron pasando de 2.728 a solo 1.506.

En concreto, hay 733 gallegos que aguardan a que se reconozca su grado de dependencia o que se les apruebe la prestación a la que tienen derecho. Además, hay otros 773 dependientes a los que ya se les ha asignado el servicio o la ayuda económica más adecuada a su caso pero que todavía están a la espera de que se haga efectiva. Entre los 92.878 que ya la disfrutan, el apoyo más habitual es el económico. De las 114.000 prestaciones que reciben —un dependiente puede beneficiarse de varias— la mitad son pagas para el cuidado en el entorno familiar, para un asistente o para que contraten un servicio. De hecho, las ayudas para los cuidadores familiares se dispararon un 74 por ciento hasta las 36.638. La razón principal es que la Xunta decidió sumar a la paga que se abona por estos cuidados en casa un bono extra de 5.000 euros anuales que resulta más atractivo para las familias. El problema es la sobrecarga que pueden llegar a sufrir estos cuidadores, que son mayoritariamente mujeres y que además, en algunos casos, tienen ya una edad avanzada —dos de cada diez superan los 66 años—.

Mientras, la atención de dependientes en residencias apenas creció —solo medio millar más— hasta los 7.200 mayores. Y los beneficiarios de centros de día incluso se redujeron en casi un millar hasta los 8.000. También baja la ayuda a domicilio en casi 2.000 personas debido a las dificultades que tienen los concellos para prestar este servicio.

Casi un millar de mayores aguardan por una plaza en un centro de día o una residencia

La Xunta está apostando por las pagas al cuidador familiar pues esto permite agilizar la atención a los dependientes y reducir esperas. De hecho, una vez que se aprueba el plan individual de atención (PIA), en el que se determina cuál es la ayuda que debe recibir el dependiente en función de sus circunstancias, si se trata de una prestación económica esta se hace efectiva de manera inmediata. Apenas hay esperas. Sin embargo, cuando se trata de dar un servicio depende de su disponibilidad. Ocurre así con las plazas en residencias y centros de día. Según los datos del Ministerio de Servicios Sociales, a diciembre de 2025 había 7.245 dependientes con derecho a una plaza en un geriátrico, pero más de 600 aún están a la espera. En el caso de los centros de día hay 8.000 gallegos a los que se les asignó este servicio, pero 340 todavía no lo tienen. Lo mismo ocurre con la ayuda a domicilio. El encarecimiento del coste de los contratos para prestar el servicio asfixia a los ayuntamientos que reclaman más financiación a Xunta y Estado, pero además existen dificultades para encontrar trabajadores. Por esta razón también hay cola para beneficiarse de horas de atención en el hogar: más de 3.100 dependientes a los que se les asignó esta prestación en su plan de atención todavía no la perciben. El desfase es todavía mayor en el caso de la teleasistencia. El Gobierno amplió este servicio a todos los dependientes, salvo los internados en residencias. Más de 46.000 gallegos tienen derecho a ella, pero hay casi 30.000 que todavía no cuentan con este dispositivo, que consiste en una especie de control remoto que permite activar una alerta en caso de que los mayores sufran alguna indisposición o accidente.

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