El cigarrillo electrónico se desploma entre los chavales en Galicia por la percepción del riesgo
Los ‘vapers’ se hunden un 20% entre los adolescentes gallegos con la irrupción de la nueva ley que equipara su veto al del tabaco

Adolescentes en la clase de un instituto. / Europa Press
C. Villar
Aunque en un principio los cigarrillos electrónicos se presentaron como herramientas de apoyo a las personas que pretendían dejar de fumar y para reducir los daños asociados a los cigarrillos convencionales, las evidencias apuntan a que su uso «puede contribuir al mantenimiento de la dependencia de la nicotina o incluso favorecer su inicio», especialmente entre los más jóvenes. Así lo señala la Consellería de Sanidade y de ahí su empeño para sacar adelante la Lei de protección da saúde das persoas menores e prevención das condutas adictivas, que entra en vigor y el 7 de marzo y que equipara a todos los efectos, incluida su prohibición entre los adolescentes, los vapers al tabaco de siempre.
En el contexto de difusión de esa ley pionera, que además iguala las restricciones relacionadas con el alcohol a las bebidas energéticas, los adolescentes parecen haberse puesto las pilas y han reducido el consumo de ambas sustancias. Si su ingesta de refrescos con cafeína se desplomó un 30% tras el anuncio de la nueva legislación, los fumadores electrónicos han caído un 20% en dos años.
Hay que tener en cuenta que la reducción, que se concentra sobre todo en el consumo en el último año y no tanto en el último mes, porque en los habituales el descenso es mucho menor, también coincide con la aprobación del anteproyecto de a ley antitabaco por parte del Gobierno central, que penaliza con hasta 600 euros el consumo en menores, multa que en la ley gallega puede pasar de 3.000.
Según los datos del sondeo realizado hace unos meses por el Plan Nacional sobre Drogas entre los estudiantes de enseñanzas secundarias de 14 a 18 años, el Estudes, un tercio de los chavales gallegos admite que ha vapeado en los últimos doce meses, un 20% menos que en la anterior edición, dos años atrás, cuando la afición se había disparado al 41,6% de los adolescentes gallegos, el doble de 2021. Aun así, ese 33% supone, en números absolutos y generalizando el comportamiento de los estudiantes a adolescentes en esas edades, que 40.000 chavales han flirteado con el cigarrillo electrónico. Y no solo por haberle dado unas caladas al de otra persona.
Unos pocos más, el 41,4 por ciento, lo han probado alguna vez en su vida —eran el 50% en 2023— y en el extremo opuesto se hallaría el 18,7% que es un consumidor más regular, ya que confiesa el contacto en el último mes. En ese indicador el descenso no es tan acusado, porque el dato de 2023 había sido de récord (20,8%) y triplicaba al de 2021.
La tramitación de las normativas gallega y estatal ha puesto el foco sobre los potenciales perjuicios sobre la salud provocados por los vapers y la Xunta apunta que esas advertencias pueden haber calado en los chavales, aunque las cifras sigan muy lejos de las de antes del covid.
Para el Sergas, pese al descenso, el uso continúa a ser «muy elevado», si bien consideran que los datos de la encuesta Estudes revelan igualmente que «aumenta de forma notable la percepción del riesgo asociado a su consumo, lo que podría contribuir a futuras reducciones».
En comparación con otras autonomías, Galicia sale muy bien parada: es la comunidad con menor consumo en el último año. El Estudes más reciente facilita, asimismo, información sobre el recurso a las pipas de agua o cachimbas. Aunque en ese caso la estadística no permite comparaciones interanuales, sí revela una mejor situación de Galicia, que estaría de tercera por la cola, con un 14,5 por ciento de estudiantes adolescentes que consumieron tabaco por esta vía en el último año.
Pero tampoco son dispositivos inocuos. Sanidade advierte al respecto que «la cantidad total de humo inhalado durante una sesión de cachimba puede equivaler a la de aproximadamente 200 cigarrillos». «Su uso se asocia con un aumento del riesgo de cáncer de pulmón y de esófago, alteraciones pulmonares y cardiovasculares» y «daños en la salud bucal», avisa.
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