El siniestro de Adamuz obliga a Angrois a recordar: «Te vuelven todas las imágenes»
Vecinos de la aldea compostelana no ocultan que el descarrilamiento de dos trenes acaecido el pasado domingo en Córdoba ha devuelto a su mente los recuerdos de la noche del 24 de julio de 2013 y el auxilio prestado tras el siniestro del Alvia en la curva de A Grandeira. «Fue duro pero lo afrontamos como pudimos», recuerda uno de ellos.

Ricardo Martínez Otero, uno de los vecinos que auxilió a los heridos en el accidente del Alvia en Angrois en 2013. / Antonio Hernández
Mateo Garrido Triñanes
El dolor que, desde la tarde noche del pasado domingo, aflige al conjunto de la sociedad española, tras el trágico descarrilamiento de dos trenes de Alta Velocidad en el municipio cordobés de Adamuz, adquiere tintes diferentes en la aldea compostelana de Angrois. Allí, a los pies de la vía férrea, el dramático suceso que se ha cobrado la vida de al menos 41 personas ha devuelto a la memoria de sus residentes la aciaga tarde del 24 de julio de 2013, cuando un Alvia que cubría el trayecto Madrid-Ferrol descarriló en la curva de A Grandeira en el que a día de hoy es, todavía, el peor accidente ferroviario acaecido en la historia reciente de España.

El Alvia siniestrado en la curva de A Grandeira hace casi trece años. / Antonio Hernández / ANTONIO HERNANDEZ
«Es inevitable. Cuando llegué a casa y vi en las noticias lo de Córdoba, vuelven a la cabeza todas las imágenes de aquel día», relata vía telefónica Carlos Pérez, uno de los vecinos que bajó a las vías para socorrer a los heridos y tratar de abrir los vagones desde los que las víctimas del siniestro pedían desesperadamente «auxilio».
Pérez, que reside en una casa a aproximadamente 500 metros de la curva en la que se produjo el accidente, recuerda que fue su madre quien lo llamó para advertirle de que algo había ocurrido. «En un principio, con el estruendo pensamos que era un atentado, como el del 11-M en Madrid», explica. Sin embargo, no dudó en acudir rápidamente a ayudar en lo que pudiese.
«En los primeros momentos, allí solo estábamos los vecinos. Los bomberos, las ambulancias y la policía llegaron tiempo después. Parece que no daban encontrado el sitio. Fue muy duro», recuerda en conversación con este diario.
Precisamente, el dolor que provoca en los vecinos de Angrois rememorar aquellas horas hizo que la mayoría ellos rehuyeran ayer las preguntas de la prensa. «Nosotros ya dijimos todo lo que vivimos y cómo nos sentimos entonces. Hoy, los protagonistas están en Córdoba», respondía un vecino.
«Hubo gente que sufrió mucho después de aquel accidente», apunta Carlos Pérez. De hecho, hubo vecinos que precisaron asistencia psicológica para afrontar el shock que produjo aquel descarrilamiento en sus vidas.
«Lo afrontamos como se pudo»
Uno de ellos fue Ricardo Martínez, que sí accedió a responder las preguntas de EL CORREO GALLEGO. El vecino recuerda que «estaba en casa durmiendo porque en aquel entonces trabajaba de noche» hasta que el estruendo lo despertó.
Se vistió con lo que pudo y bajó a las vías junto con otros residentes en Angrois. «Lo viví fatal porque yo llegué a meterme en los vagones para tratar de sacar a la gente que estaba dentro. Fue durísimo, pero lo afrontamos como se pudo», explica.
Martínez Otero, aficionado al ciclismo, sufrió apenas un mes después del siniestro del Alvia un accidente de bicicleta cuando realizaba una de las etapas de la Vuelta a España con un grupo de amigos. «Me dejó fastidiado», apunta en referencia a las secuelas físicas y psíquicas del suceso, acaecido en Carnota. No obstante, el recuerdo de las imágenes vividas en la curva de A Grandeira empaña todavía sus ojos y quiebra su voz.
Más allá de los vecinos, la plataforma que aglutina a las familias y a las víctimas del accidente del Alvia quiso ayer mostrar su «más sentido pésame y solidaridad a todas las personas afectadas por la tragedia ferroviaria de Adamuz», a través de un comunicado remitido a los medios. «Acompañamos a las víctimas y familiares en este momento de profundo dolor y nos ponemos a su disposición, desde el máximo respeto y compromiso con la dignidad, la verdad y la justicia», reza el escrito.

Ramo de flores en la curva de A Grandeira, ayer. / Antonio Hernández
La causa judicial sobre el accidente de Angrois, en el que fallecieron 80 personas y más de un centenar de personas resultaron heridas, continúa abierta a la espera de que los magistrados de la Audiencia Provincial de A Coruña se pronuncien sobre los 108 recursos contra la sentencia que condenó a dos años y medio de prisión tanto al maquinista, Francisco Garzón, como al exjefe de seguridad en la circulación de Adif, Andrés Cortabitarte.
En la curva de Angrois, más allá del recuerdo de los vecinos, apenas un ramo de flores marchitas y un cartel en el que se lee «nunca nos olvidaremos de los que pagaron con su vida los errores de otros» atestiguan un suceso que marcó profundamente al conjunto de la sociedad gallega.
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