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La revolución tecnológica del rural gallego: robots que limpian montes

La Consellería do Medio Rural impulsa la formación en el manejo de maquinaria forestal con simuladores y drones, para mejorar la seguridad y la eficiencia en la lucha contra incendios; la mecanización reduce riesgos y optimiza resultados

Robot de desbroce, que puede trabajar en planos inclinados.

Robot de desbroce, que puede trabajar en planos inclinados. / fdv

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Elena Ocampo

Para afrontar un buen temporal o simplemente los rigores del invierno, Galicia es experta en llevar a la mesa humeantes platos de cocido, caldo o lacón con grelos. En ese momento casi nadie piensa en esa verdura tan gallega, el grelo, curtido por varias heladas que endurecen la hoja y afinan su sabor. Y tampoco se repara en otro ritual previo: cortarlos, atarlos y sacarlos a tiempo. Durante años, producir grelo de forma rentable dependía de una cuenta atrás y de muchas manos. Llegaron a escasear en el súper. «En el 80% de este cultivo, el coste era mano de obra», explica un ingeniero agrónomo. Y ahí, la mecanización mediante una máquina cortadora les dio un giro. Una cifra lo traduce sin manuales: «El trabajo que hacían 15 personas en ocho horas , lo hace en cuatro».

En Galicia las fincas abren las costuras en forma de surcos («regos») y en los montes, la lucha contra los incendios se juega tanto en verano como en el trabajo silencioso del invierno. Cada minuto ganado, en ambos terrenos, se traduce en menos riesgo.

Con esa escena como ejemplo, la conclusión es clara: la revolución de la maquinaria en el campo es imparable. No solo por comodidad, sino por supervivencia económica y seguridad laboral. Pero esa revolución también ha saltado al monte, donde la mecanización ya no es un lujo, sino defensa.

Una máquina hidrostática.

Una máquina hidrostática. / fdv

La prevención y la extinción de incendios forestales es prioridad, y el Servizo de Prevención e Extinción de Incendios Forestais (SPIF), dependiente de la Consellería do Medio Rural, trabaja con una idea fuerza: para apagar mejor, hay que llegar antes; y para llegar antes, hay que haber trabajado mucho cuando aún no hay humo. Eso significa fajas limpias, accesos practicables y personal formado. También actuar con seguridad donde el un error se ve meses más tarde.

Donde la pendiente se convierte en frontera, la robótica suma una nueva herramienta: robots de roza por control remoto, que ya fueron probados en los distritos V-Fisterra y XVIII-Vigo Baixo Miño. Trabajan en inclinaciones de hasta cincuenta y cinco grados gracias a su bajo centro de gravedad y a sus orugas, tipo vehículo militar. Ayuda un motor diésel de 50 caballos y que en Galicia, se usan con cabezal forestal de rotor con martillos, 1,2 metros de ancho de corte y rendimiento efectivo de unos 1.000 metros cuadrados por hora. La ventaja no es solo la potencia: es poder operar desde distancia en zonas de riesgo. Vamos, una desbrozadora escaladora.

Pero uno de los ejemplos más singulares y conocido en los efectivos de la Xunta es el «batracio», un equipo multidisciplinar concebido para actuar tanto en prevención como en extinción. Su diseño parte de la experiencia del personal del SPIF, que buscó una solución adaptada al terreno real y a las necesidades del operativo.

Un simulador, que ayuda a los alumnos de Lourizán.

Un simulador, que ayuda a los alumnos de Lourizán. / fdv

El conjunto lo forman un tractor de más de 275 caballos con lámina frontal multifunción, una cisterna, una trituradora y un polidozer. Una maquinaria pionera, pensada para ganar tiempo. La cisterna, con 12.000 litros, incorpora un sistema de carga en pendiente y un eje direccional bloqueable para maniobrar en pistas estrechas. En modo extinción, equipa una bomba centrífuga de accionamiento hidráulico y un cañón direccional con giro 360º y elevación entre -60º y 80º, al que se le puede acoplar un espumógeno. Además, puede actuar como nodriza: hace transvases de 4.000 litros en 3 minutos y 42 segundos, aseguran. En el monte, el dato se traduce en continuidad: alimentar una línea de trabajo sin obligar a retiradas constantes a puntos de carga. O lo que es lo mismo, en prevención, el batracio cambia el guion.

Vehículos multifunción

La rozadora multifunción (con chasis de acero de alta resistencia, 1,80 metros de ancho de trabajo, desplazamiento hidráulico para labores en horizontal y vertical y rotor con martillos ) tritura matorral y restos para reducir la continuidad del combustible. El polidozer frontal, con dos metros de ancho, añade desplazamientos en varios sentidos y una lámina antidesgaste intercambiable. Limpiar, perfilar y abrir paso con la misma unidad que, en verano, puede apoyar una intervención.

A este despliegue se suman máquinas hidrostáticas polivalentes, que son vehículos autopropulsados que alternan roza preventiva (con brazo lateral y disco de corte) y apoyo a la extinción, con depósito de agua, enganches para mangueras y un soplador de aire para limpiar calzadas y cuneta.

El vínculo con el agro vuelve aquí con naturalidad. En un territorio con fincas fragmentadas y márgenes que invaden caminos, la mecanización no es solo productividad: es prevención. Del desbroce de un camino a la limpieza de una parcela, la frontera se difumina. Reducir masa vegetal cerca de viviendas, mantener accesos y gestionar restos es obligación. Como en el grelo, la clave está en hacerlo viable en el momento exacto.

La otra pata del cambio es la formación. La Consellería dota a sus Centros de Formación e Experimentación Agraria con equipos de última generación. En el CFEA de Lourizán (Pontevedra), el alumnado trabaja con el «PONSSE Full Simulator», un simulador de procesadora y autocargador forestal que reproduce el entorno de trabajo y permite aprender con seguridad. Los alumnos pueden hacer prácticas antes de salir al monte, ya con más garantías. También allí se emplea un dron profesional para inspección, cartografía y seguimiento del medio.

En Guísamo, A Coruña, un robot cortacésped facilita prácticas ligadas a la automatización a lsumnos de los ciclos de jardinería, floristería y paisajismo. Y en Becerreá, Lugo, el simulador «Komatsu KF-500» entrena operadores, mientras otro sistema («INNOGANDO–RUMI») introduce la ganadería de precisión mediante GPS para recoger datos de comportamiento de los animales y apoyar decisiones sanitarias y de manejo de las explotaciones ganaderas..

Al final, la historia del grelo y la del batracio hablan de lo mismo: adaptar el trabajo al siglo XXI sin romper el vínculo con el territorio. La maquinaria no es solo hierro y tecnología; es una política del tiempo. Tiempo para prevenir, para llegar, para producir y para aprender. Quizás la diferencia entre un monte defendido y un verano perdido; entre una explotación viable y una nave cerrada.

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Fuente: Faro de Vigo

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