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Los universitarios a tiempo parcial para conciliar, en el mínimo

Llegaron a ser uno de cada cuatro alumnos de grado y ahora suponen el 14,7 por ciento

C. Villar

Santiago

Durante la crisis económica en España, las familias hicieron esfuerzos extra y echaron mano de lo que tenían, su fuerza de trabajo, para salir adelante. De 2007 a 2017 se triplicaron en España las amas de casa que accedieron al mercado laboral para complementar los ingresos en sus hogares. Estudiar tampoco era tarea fácil. En ese momento llegaron a compatibilizar la carrera con otras obligaciones casi uno de cada cuatro estudiantes en Galicia. En la actualidad, sin embargo, apenas uno de cada siete matriculados en un grado en las universidades gallegas tiene que hacer encaje de bolillos para casar unas agendas apretadas donde deban hacer sitio para acudir a clase y para hincar los codos con los avatares derivados de su inserción en el mercado de trabajo o con el cuidado de parientes.

El Ministerio de Universidades revela que en los grados se hallarían en esa situación en Galicia en el curso 2023-24 menos de 7.400 alumnos, la cifra más baja desde que el Gobierno ofrece la estadística autonómica, 2012-2013.

Pero, ¿en qué consiste la dedicación parcial al estudio? Las universidades establecen en sus normativas de permanencia y progreso cuáles son las condiciones para acceder a la dedicación parcial, que supone que al estudiante se le ofrece una flexibilidad para cursar la carrera elegida, recortando los créditos en los que debe inscribirse y alargando, consecuentemente, la duración de su paso por la facultad.

Por ejemplo, en el caso de la Universidade de Vigo (UVigo), las reglas determinan que la solicitud de matrícula a tiempo parcial deberá dirigirse al órgano de dirección del centro de adscripción de la titulación.

La petición será resuelta por los órganos responsables de la organización de los estudios que valorarán «circunstancias debidamente justificadas de carácter personal, laboral, familiar, por situaciones de violencia de género, maternidad, paternidad, lactancia, cuidado de mayores o menores dependientes, por actividades deportivas de alto nivel o por cualquiera otra circunstancia que dicho órgano considere que pueda impedir la dedicación plena a los estudios universitarios».

El análisis de Universidades permite constatar que no existen diferencias de género en la conciliación entre estudios y otras necesidades, aunque con una ligera ventaja para ellas, al rozar el 50,1%. Donde sí se encuentran divergencias es en la carrera cursada. Entre los veinte grados donde más alumnado recurre a esta solución figuran trece ingenierías, lo que puede deberse a que en ciertos casos los estudiantes consiguen empleo antes de acabar la titulación. Por ejemplo, en Telecomunicaciones o Informática son dos de cada diez estudiantes los que combinan obligaciones dentro y fuera del campus.

‘Ranking’

Los gallegos —a los que ahora la Xunta financia la matrícula si cumplen los requisitos de expediente— son los terceros que menos recurren a esa solución para flexibilizar su relación con los estudios.

La media estatal, en la que influye el hecho de que se contabilice la UNED, en la que casi un 80% de los matriculados estudia a tiempo parcial, supera el 25%, con picos en La Rioja y Cataluña, donde operan universidades a distancia con numeroso alumnado.

Pero no solo en los grados los gallegos hacen equilibrismos para compatibilizar estudios y circunstancias vitales. Lo propio ocurre también en los másteres. De hecho, si cabe, más acusado porque es lógico tratándose de alumnado de más edad, con más probabilidades de encontrarse embarcado en un proyecto vital familiar. Entre el alumnado de máster, el porcentaje de los que están a todo supera el 38%, un total de 2.573.

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