Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Treinta metros, humedades y 500 euros A Coruña: así es el alquiler que David (42 años) considera un chollo

La renta por ese piso de 30 metros en un cuarto sin ascensor se come el 45% de su sueldo

Dice sentirse un "privilegiado" ante los precios del actual mercado residencial y reconoce que tendrá que compartir o irse a casa de sus padres si tiene que afrontar un alquiler de más de 600 euros

Viviendas en la calle Orzán. |  Iago López

Viviendas en la calle Orzán. | Iago López

A Coruña

Treinta metros cuadrados. Un cuarto sin ascensor. Amueblado y encajado en una de las calles más densas y ruidosas de A Coruña, Orzán, a dos pasos de la plaza de Pontevedra. Por este apartamento, David —nombre ficticio porque prefiere mantenerse en el anonimato— paga un alquiler de 500 euros al mes. A sus 42 años, lo define como «una ganga». Y, con los precios actuales en A Coruña, dar con un piso por menos de 600 euros es poco menos que ciencia ficción.

En marzo cumplirá tres años de contrato. Durante ese tiempo, la renta se ha llevado, mes tras mes, casi la mitad de su sueldo: un 45%. Lo asume solo, sin posibilidad de repartir gastos. Y aun así, insiste, se siente un «privilegiado».

El piso tiene un pero: las humedades, sin embargo ese defecto —que en otro tiempo sería motivo para reclamar— hoy funciona como salvavidas: gracias a él ha logrado que el casero no le aplique la subida del IPC. «Es un cuarto, y encima hay un piso con terraza. Las filtraciones deben venir de ahí. Lo arreglaron, pero cuando llueve varios días seguidos y abundante vuelve a entrar agua», explica.

La paradoja no se le escapa: pagar 500 euros por un apartamento con humedades y goteras y considerarlo una suerte. Pero está en la ciudad más cara de Galicia para alquilar y... también para comprar. «Si no me voy entrando agua… Es porque no tengo un suelo como para poder asumir un alquiler de 700 euros . Si cuando acabe el contrato me lo suben, o si el propietario decide vender —que ahora mismo lo tiene en venta—, no me quedará otra que compartir piso. Y a mis años no me lo planteo. O volver a casa de mis padres, en Pontevedra», admite.

David resume, sin pretenderlo, el sentir de muchos inquilinos atrapados en un mercado residencial que sube sin freno, donde aspirar a un alquiler asumible se ha convertido en un lujo fuera del alcance de la mayoría.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents