Medio Ambiente
Un frailecillo en apuros en Sálvora
Un agente medioambiental recupera un ave aparecida con restos de aceite en su plumaje

El frailecillo al que ayudaron a sobrevivir en la isla de Sálvora. / Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia
Manuel Méndez
Visto con cierta frecuencia en las expediciones pelágicas organizadas a bordo del barco «Chasula», el frailecillo atlántico (Fratercula arctica) es una simpática ave –de andar cómico y aterrizajes poco elegantes– que, a simple vista, parece recordar a los pingüinos.
Se trata de un pájaro más frecuente de lo que se cree en la costa de las Rías Baixas, aunque raramente aparece en la rías y, mucho menos, tierra adentro.
Esta vez el frailecillo es noticia porque apareció un ejemplar en apuros en la isla de Sálvora, finalmente recuperado por uno de los agentes medioambientales y devuelto a la libertad.
Así lo confirman en el Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia, donde aprovechan este episodio para dar a conocer un poco más a esta ave «de aspecto simpático y pico colorado cuyo comportamiento la convierte en un excelente embajador de la biodiversidad marina».

El frailecillo fue alimentado con mimo. / Illas Atlánticas
Aunque ya se explicó en otras ocasiones, precisamente a raíz de su localización desde el «Chasula», no está de más recordar que es un ave marina «de cuerpo compacto, dorso negro, vientre blanco y pico grande y muy colorido durante la época de cría» que puede alcanzar los 26 o 30 centímetros.
De patas anaranjadas y «ojos con forma de lágrima», el frailecillo aprovecha su cuerpo hidrodinámico para bucear con maestría –es capaz de descender hasta 60 metros–, tal y como destacan en Illas Atlánticas.
En su afán divulgador, desde el Parque Nacional también detallan que «cría en colonias del Atlántico Norte», tanto en Islandia como en Noruega, Islas Feroe, Reino Unido, Irlanda y Canadá. Se reproduce entre abril y mayo, formando parejas que pueden durar toda la vida –alcanza los 30 años de edad–, y se deja ver por la costa gallega de forma ocasional, en invierno.
Y es que el frailecillo, que en sus cuarteles de cría se instala en acantilados costeros e islotes, donde excava o aprovecha grietas naturales para anidar –un solo huevo por puesta–, puede pasar varios meses en mar abierto, sin tocar tierra firme.
Se alimenta de pequeños peces, crustáceos y cefalópodos, llegando a transportar una notable cantidad de pescado en su pico al mismo tiempo, siendo esta una de sus habilidades más representativas.
El frailecillo está catalogado como «Vulnerable», siendo sus principales amenazas el cambio climático, que reduce la disponibilidad de peces, la sobrepesca, la contaminación marina. y depredadores como ratas y visones.
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