Rural
La mitad de los cazadores gallegos supera los 64 años
El envejecimiento de la población y la renovación automática de los permisos logran incrementar el número de tarjetas de caza

Cazadores en el inicio de la temporada de caza menor.
C.Villar
Una de las preocupaciones de la Xunta es impulsar el relevo generacional en el rural. La falta de savia nueva afecta a ganaderos y agricultores, pero también al mundo de la caza. Si Galicia está envejecida, con casi un 27% de su población por encima de los 65 años, los cazadores acusan mucho más el fenómeno: más de la mitad de las licencias están en manos de titulares que ya han superado ese umbral.
Así lo permite constatar la estadística de tarjetas de la Consellería de Medio Ambiente relativa a 2025, que refleja que alrededor de 22.400 gallegos poseen licencias del tipo A-2 o B-2, que son las destinadas a mayores de 65 años y menores de edad (cuya cifra es residual). De hecho, y por primera vez, la cantidad de personas que poseen una licencia del tipo A-2, la reservada a mayores de 65 para armas de fuego, iguala, incluso supera ligeramente, a la de los que cuentan con una del tipo A-1, de la misma índole, pero para el grueso de la población: 19.250 titulares frente a 19.066. Asunto diferente es que todos estén en «activo». La propia Administración así lo advierte.
Si el envejecimiento de la población tira hacia arriba de estadística, la medida que impulsó la Consellería de Medio Ambiente, y que entró en vigor en 2024 para renovar automáticamente la licencia a aquellos cazadores a partir de los 65 años, la refuerza. De hecho, después de una caída prácticamente sostenida de los aficionados a la caza durante los últimos treinta años, que redujo a los cazadores a la mitad entre 1997 y 2024, durante ese año se frenó el descalabro e incluso se incorporaron casi cinco mil tarjetas.
Que la Administración autonómica siga ahorrando ese trámite a quienes cumplen 65 o más años ha contribuido a que en 2025 volviese a darse un crecimiento, desde las 40.214 tarjetas a las 42.698, un 6,2% más. Prueba de que ha tenido que ver la renovación automática entre los mayores es que el colectivo titular de licencias A-2 creció el doble que el dato global, un 13,1 por ciento.
Pero el de sumar años no es el único cambio que está impactando sobre el mundo de la caza: han ido a más los permisos de tipo mensual entre quienes han soplado ya las 65 velas. Los relacionados con armas de fuego crecen un 108% en un año, hasta los 1.421 casos, y entre los que optan por perros, cetrería y arco se alcanzaron las 857 tarjetas, un 90% más.
El relevo generacional es una de las preocupaciones de los cazadores. La memoria de la Federación Galega de Caza, que reúne a buena parte del colectivo, reflejaba en 2023 que el número de personas que superan el examen del cazador en Galicia, necesario para obtener la licencia de caza por primera vez, se mantenía en cifras «muy similares» en los últimos años y que las incorporaciones «no» compensaban la «bajada general» de personas que dejan de cazar. Por otro lado, una parte de la sociedad rechaza la actividad cinegética. Vigo acogía estos días una protesta ciudadana «contra la caza y el maltrato animal».
Novedades normativas
Si en 2024 la Xunta les ofrecía a los cazadores mayores la posibilidad de ahorrar tiempo, costes y desplazamientos al hacer indefinida su licencia, un cambio que ha repercutido en la estadística, este año la novedad es que puedan llevarse en el móvil y evitar así el deterioro de la versión en papel. Además, otro cambio en la Lei de medias fiscais e administrativas posibilita que la licencia de caza del tipo A sea de cinco años para que «quien lo desee» pueda hacer coincidir el periodo de la licencia de caza con el del permiso de armas, que tiene esa duración. n
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